Referentes ven con preocupación la escalada de la pobreza y las adicciones, con la creciente falta de trabajo. Cáritas analiza ampliar el servicio.
Entre las causas de esta mayor concurrencia de familias a los comedores, referentes sociales apuntan a un recrudecimiento palpable de la pobreza, con la caída del empleo y el encarecimiento de los productos esenciales.
El sacerdote Alberto Barros, que asumió recientemente como director diocesano de Cáritas, indicó a El Territorio que “la pobreza es creciente, basta recorrer los asentamientos con nuevas viviendas precarias, con la inflación se devaluaron los salarios y esto lo siente mucho la gente que trabaja de manera informal, apenas alcanza para sobrevivir.
La pobreza se está volviendo a instalar, la inflación y la falta de trabajo afectan a la comida, todo esto lleva a repensar el tema de los comedores, con la posibilidad de abrir o reabrir en las comunidades más necesitadas y desprotegidas”, señaló.
En tanto, en los comedores del Oeste, la asistencia creció 25% en los tres últimos meses.
Mercedes Ortega, referente del comedor El Sol de la chacra 146 contó que a partir de febrero empezaron a recepcionar más personas que pedían el alimento, “de 140 comensales, ahora tenemos 175, y la lista de solicitudes sigue creciendo, pero se nos hace difícil poder dar cobertura, a veces no alcanza para ayudar a todos”.
El yugo del barrio con numerosa población de niños es la falta de trabajo para los jefes de familia. “El desempleo es muy grande, muy pocos están con trabajos formales, a los que tienen planes no les alcanza para comer porque todo se encareció, y estamos viendo que hay familias que están con una delicada situación económica”, señaló Ortega.
A este problema se suma el abuso del alcohol, presente entre los jóvenes y mayores. “Ante la imposibilidad de trabajar, algunas personas caen en los vicios y eso nos preocupa mucho, el comedor además de la comida ofrece cursos, capacitaciones, charlas informativas y funciona un aula satélite de la escuela de adultos”.
En tanto, La Fundación San Ramón del barrio San Lorenzo alimenta diariamente a 360 personas y tiene un registro de 40 suplentes que esperan acceder al alimento.
Stella Maris Muñoz, presidenta del Consejo de Administración de la fundación, explicó que este aumento en la demanda de comida tomó fuerza desde final del año pasado.
“Tenemos una capacidad de asistencia de 360 beneficiarios, teníamos 300 asistentes a mediados del año pasado, pero se fueron sumando familias, hoy tenemos pedidos diarios de gente que necesita el servicio de comedor, estamos viendo si nos pueden ampliar el número de raciones”.
La fundación tiene presencia en el sur de la ciudad desde 1999 y contiene a familias de San Lorenzo, San Onofre, San Lucas, San Isidro y A-4 Nueva Esperanza.
“Lo que más falta es trabajo, los jóvenes no encuentran empleo, consideramos que sólo el 30% de los vecinos tienen un empleo formal, la mayoría tiene una cobertura social y hace tareas informales, las madres hacen pan y bollos, que venden para tener unos pesos”.
A pesar de las carencias, las familias se muestran solidarias, la fundación funciona con voluntarios que se encargan de las tareas de cocina, salud, limpieza, entre otras.
“Estamos muy cerca de los vecinos, conocemos a todos lo que vienen al comedor, conocemos sus hogares, y hay madres y padres que colaboran diariamente, agradecemos mucho esta ayuda porque son personas de buen corazón, que están pasando dificultades pero igualmente tienen la vocación de ayudar a sus vecinos”.
Desde 2008 comenzó un proceso de reemplazar el funcionamiento de los comedores por la entrega de bolsones y tickets de alimentos para las familias en riesgo social, una decisión política encaminada a recuperar el hábito de cocinar en la casa y compartir la comida en familia, que se fue ampliando con la implementación de otras líneas de cobertura social. Sin embargo, el doloroso presente de un creciente sector de la población obliga a buscar la asistencia alimentaria.
Opiniones
“Hay que repensar el tema de los comedores, con la posibilidad de abrir o reabrir en las comunidades más necesitadas y desprotegidas”.
Alberto Barros
Director de Cáritas Posadas
“El desempleo es muy grande, muy pocos están con trabajos formales, a los que tienen planes no les alcanza para comer”.
Mercedes Ortega
Referente comedor El Sol
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