Es en una escuela de Colonia Las Rosas, Tunuyán. La iniciativa también servirá para armar recorridos educativos para colegios.
Se trata de una granja y huerta escolar que se han propuesto construir allí los padres, maestros y alumnos de esta primaria. La experiencia, no sólo será abordada como instancia de aprendizaje, sino que la comunidad planea abastecer con estos productos a su propio comedor.
Además, organizarán visitas guiadas en el futuro, donde los anfitriones les expliquen a sus pares de otros colegios cómo funcionan los procesos biológicos.
La iniciativa surgió de un par de mamás que son técnicas agropecuarias, recibió el empujón del equipo directivo y enseguida creció como una bola de nieve. Distintas instituciones de Tunuyán se involucraron con la propuesta y ya están colaborando con materiales, mano de obra y asesoramiento técnico.
“¡Vamos a tener hasta una laguna con patos y peces!”, señaló con entusiasmo Andrea Marina Cortés, de 5to año. Ellos no ven la hora de empezar a trabajar con las plantas y los animales. “Esto es para que aprendamos a cuidar el medio ambiente”, replicó con una sonrisa.
En Matemáticas, analizarán el perímetro de la huerta. En Ciencias Naturales, la importancia del agua y del tomero. En Lengua, armarán los folletos informativos. “La experiencia servirá como contenido transversal a todas las materias”, explicó la seño Silvana Lemos.
Enseguida la directora Norma Martínez muestra orgullosa el croquis de cómo quedará el lugar. Túneles para los cultivos delicados, un ‘aula al aire libre’ con mesitas y sillas de madera, corrales, canteros de flores, sitio para las aromáticas y hasta un espacio para criar lombrices y otro para elaborar compost.
Todo ha sido estudiado por la comunidad, que pretende inaugurar el sitio dentro de tres meses. Un grupo de mamás estuvo preparando la tierra y cerrando el terreno. El 29 de agosto, los estudiantes celebrarán sembrando la línea de forestales que dividirá la granja de la huerta.
El emprendimiento está dando frutos antes de haber plantado siquiera una semilla. Las familias empezaron a acercarse y participar de las “cosas” del colegio. Algunos vecinos se comprometieron a abrir surcos, a sumar gallinas ponedoras, a aportar plantines, a conseguir gansos para la laguna, etc.
“El comedor no alcanza para todos los chicos, pero sí lo hará cuando tengamos nuestra propia verdura, huevos y animales”, expuso Belén Acevedo, quien junto a Betiana Pérez son las mamás y técnicas que guiarán al resto.
Las familias también diseñarán sus propias producciones caseras y quieren que la granja/huerta educativa sea incluida como paseo en los circuitos de Turismo Rural.
“La tarea es permanente. Tiene que haber algún encargado durante las vacaciones y siempre”, advirtió Lidia Quiroga, la persona asignada por el INTA para acompañar el proceso.
La colaboración no surgió sólo del entorno escolar: el INTA brindará asesoramiento y semillas, el municipio 30 mil pesos en materiales y mano de obra, Agricultura de la Provincia dará herramientas y Alco (padrino de la escuela) ya entregó los materiales de construcción. Hasta el intendente Aveiro se comprometió a donar cabras y conejos.
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