“La creación de alternativas culturales para jóvenes es importante para su desarrollo”

Esta población hoy maneja nuevos códigos de comunicación y manifestaciones artísticas fuera de los canales tradicionales de encuentro. La escuela y la familia deben acompañarlos e incentivar su crecimiento
En el 2003 la ciudad de Santa Fe vivió una devastadora inundación que afectó los bienes materiales y alteró la vida de muchas personas. Al año siguiente, con las heridas de la tragedia aún presentes mientras la sociedad volvía a su normalidad, el 20% de los jóvenes de 15 a 29 años no trabajaban ni estudiaban, alcanzando la tasa de exclusión social más alta del país. En base a esta realidad, Romina Bianchini, junto a un grupo de profesionales y amigos, comenzó a trabajar con esta población brindándoles apoyo, contención y acompañamiento desde la libertad cultural, la creatividad y la igualdad.

“El hombre es un animal político y toda actividad que realiza es política, es la acción conjunta de las comunidades porque el hombre es un ente social. Entendiendo a la cultura como motor del desarrollo, se puede encontrar un elemento constitutivo de la acción política humana y de las comunidades y creo que los jóvenes tienen mucho que ver con esas acciones”, explicó Bianchini, politóloga y gestora cultural.

De acuerdo con la profesional, muchas veces se escucha que los jóvenes no participan, que hay una tasa de deserción escolar grave y que encuentran empleo. Estudios a nivel nacional y de Naciones Unidas revelan que en las sociedades en crisis, o con problemas sociales, el sector más vulnerable es la juventud y es a ellos a quienes hay que apuntar a través de programas de inclusión y políticas culturales de Estados. Algunos países y ciudades ya se encuentran trabajando en este sector: Brasil, Colombia (especialmente Bogotá y Medellín), Ecuador y Barcelona han creado leyes, espacios y programas destinados para ellos.

En Santa Fe, Bianchini creó un lugar alternativo para los jóvenes, que se llamó “Espacio Zero”, en lo que ese sector de la población encontró un lugar donde expresarse a través de su propio lenguaje, sentirse acompañados durante esta difícil etapa de crecimiento y poder desarrollar su creatividad, por fuera del ámbito escolar.

Al analizar la función de la escolaridad, Sir Ken Robinson, un reconocido líder en teorías del desarrollo y en recursos humanos, postula que “las escuelas matan la creatividad”, es decir, que en el proceso educativo se unifica, homogeniza, dejándose de lado la individualidad y con ella la capacidad creativa de cada estudiante. “El sistema educativo fue pensado para otro siglo. El que vivimos hoy tiene tiempos muchos más cortos, con realidades más veloces, con mayores posibilidades de comunicación, por lo cual hay que generar nuevos lugares”.

Hoy los jóvenes manejan nuevo códigos de comunicación y formas de relacionarse impulsados por las nuevas tecnologías: el uso del video, del celular, de las redes sociales, entre otras. En consecuencia, la juventud ya no se vale de los canales tradicionales, ya no se observa mucha participación en los partidos políticos, en las pastorales o grupos eclesiásticos, como antaño. De un tiempo a esta parte el dialogo y la unión de la juventud se asocia a la adhesión de un estilo musical, de danza, de una película, por ejemplo. En este sentido, Bianchini sostiene que “si reflexionamos, muchas veces esos grupos de pares empiezan a llenar un vació que la familia o la escuela no pueden sostener. Por lo cual es muy interesante intervenir y acompañar esos grupos para que no se queden solamente en el espacio de encuentro” y resaltó que es importante “acompañar y fomentar a los jóvenes, tratando de detectar cuales son los intereses y ayudar para que eso se convierta en algo productivo, en lo que se llama el ocio creativo o el ocio productivo”. Sin embargo, Bianchini aclara que “la idea no es ir en contra de la educación formal, sino sostener a esas instituciones formales a través de una perspectiva más integral pensada desde y con los chicos”, es decir, generar espacios alternativos de comunicación y difusión de la cultura, entendiendo esta no solamente como los bienes culturales pertenecientes a la alta cultura, sino todas las manifestaciones artísticas y simbólicas que tienen lugar en una comunidad.

Para Luis Porta, director de la carrera de Gestión Cultural de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en la actualidad el hecho de que existan tantos espacios culturales alternativos, sin estar bajo la tutela del Estado, se da por un lado por el mayor interés de la población en las actividades de gestión cultural y por otro porque “la vida en sociedad significa vivir juntos, ser más solidarios, respetuosos y me parece que desde la cultura podemos generar proyectos que estén en esta línea de hacernos vivir un poco mejor juntos, y la democratización de la cultura tiene que ver con buscar formas alternativas de vivir mejor juntos”.

Los nuevos espacios culturales y formas de comunicación y asociación entre los jóvenes, implica que los gestores culturales, como “decidores de políticas públicas tenemos que tener en cuenta qué y cómo están viviendo los jóvenes hoy, aggiornarnos a estos tiempos y empezar junto a los docentes a reaprender el código de lenguaje juvenil y conocer sus intereses”.

De acuerdo con los especialistas, es importante que estos espacios alternativos de comunicación de los jóvenes lleguen a ser institucionalizados, ya que continuamente se generan nuevas vías de comunicación a través del arte y la cultura. Además, resulta fundamental que el poder político, el Estado, asuma un rol activo en la situación actual y se trabaje en políticas a largo plazo para invertir en las diversas manifestaciones culturales desde los lugares donde se originan, es decir, en el seno de las comunidades. “Hoy se mira desde lo alternativo, no desde lo hegemónico del Estado, pero creo que a futuro se generarán diálogos interesantes con las políticas públicas”, finalizó Porta.

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