Córdoba LA-T

Córdoba LA-T
Con 60 mil hinchas y en un marco espectacular en el Kempes, Talleres vivió una fiesta completa que se coronó con el ascenso por el gol de Velasco.

Ahí están los que vieron cómo se les derrumbaba todo aquella tarde en Buenos Aires cuando Quilmes los mandaba al mismísimo infierno. Ahí están los que fueron cagados a palos en Santiago del Estero; los que coparon Sunchales; los que se vieron complicados cada vez que tenían que viajar a Tucumán por los malditos antecedentes; los que fueron mirados de reojo por el resto de la categoría, casi como sufriendo el resentimiento de otros por el solo hecho de ser grandes. Ahí están aquellos que hace unas semanas se comieron las uñas al tener que vivir por radio el choque con los mendocinos… Son los mismos que hace un par de años sufrían ante un ignoto Guillermo Brown de Puerto Madryn que los goleaba en la Boutique con un tal “Cacho” Sialle en el banco; ese grandote que afortunadamente ahora tiene puesto el buzo de la “T” mientras vive los últimos minutos previos a la vuelta olímpica con la impaciencia habitual.

En el palco del Kempes se lo ve también al entrañable “Paco” Cabasés, qué le van a hablar a ese viejo de sentimiento, de amor por un club, por una camiseta, si las vio a todas: desde la época dorada hasta éste, el peor estigma de la historia “albiazul”. Un poco más allá está “el Colorado” Batán ése que no faltó a ningún partido en los últimos 30 años, otro que las vio a todas, desde la Conmebol, la vuelta en la cara a los innombrables o la Libertadores. También está Maribel Oviedo que mira al cielo como sabiendo que desde arriba su hermana Marisol también disfruta de esta vuelta, de este “volver a ser”. ¿Quién dice que no están juntas en esto? Si la pasión por la “T” las va a mantener unidas siempre, hasta la eternidad.

En medio de la enorme emoción con mezcla de euforia que se vive en el mundialista, también se puede ver a Gonzalo Klusener, esa reencarnación de los goles que gritaron en su momento “la Wanora” Romero, “el Tigre” Bravo o “el Cachi” Zelaya, esta vez le tocó verlo de afuera pero no importa, el hecho que no salga en el póster del partido clave no cambia nada. Si el tipo metió goles a montones y fue vital para que la “T” hoy esté así.

Bien cerca de la Willington, ese reducto tan propio -con o sin Autotrol-, hay un nene con el padre y el abuelo, una generación plena con ídolos propios en cada una. Confirmando que ésa es la mejor herencia, la de llegar hasta la cancha envueltos en una bandera azul y blanca.

Minutos atrás, muchos recuerdan que en Tandil, Santamarina estaba cumpliendo al ganarle desde los primeros minutos a Maipú. Pero todos rogaban que la “T” hiciera lo suyo. Encima, con el duro pasado de anticipar la fiesta, algunos hablaban de amistosos internacionales, de un globo aerostático que amagaba con subir y que se quedó esperando una autorización que la Policía finalmente denegó. Igual, todo eso ya está, desde los cuatro costados baja un himno: “Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, porque somos mayoría en el fútbol cordobés”. Todo es fiesta, el fútbol del interior recupera a un grande, un poderoso que no estaba muerto, sólo bajó para tomar envión.

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