Córdoba: se complica la situación del bahiense detenido por un crimen

Córdoba: se complica la situación del bahiense detenido por un crimen
Miguel Ángel Kovacevich tenía 40 años, era ingeniero en sistemas y trabajaba para el Gobierno de Córdoba. Su cadáver fue encontrado el pasado 6 de junio en su departamento del Centro de Córdoba. Vivía solo. Tenía dificultades para oír.
Preocupada porque su hijo no daba señales de vida desde hacía días, la mujer decidió ir a su edificio. Con la llave que ella tenía, entró al departamento y prendió la luz. Las manchas de sangre en el piso la paralizaron de espanto. Había desorden. Desesperada, comenzó a recorrer el lugar hasta que en el baño se topó con el horror mismo: sobre el suelo de baldosas, yacía el cadáver de su hijo. El hombre estaba semidesnudo, asesinado a puñaladas.

El forense determinaría que la causa de la muerte fue un puntazo en el cuello. Además, tenía tres puñaladas en el tórax. Del departamento faltaban varias cosas, por caso, una notebook . Pero no fue eso básicamente lo que llamó la atención de los policías y peritos que fueron horas después al lugar, sino la palabra “violador”. El grafiti estaba escrito con lapicera en una pared del departamento.

Un mes después, por el crimen permanece preso e imputado un joven que tiene la mitad de su edad: 19 años. Un fiscal lo acusa por homicidio criminis causae y robo calificado.

Días atrás, a Jonathan Heredia, oriundo de Bahía Blanca, le dictaron la prisión preventiva. Su situación es más que complicada. En su poder le encontraron la computadora de Kovacevich y la llave de su departamento. En caso de ser condenado y de mantenerse la carátula, la pena es la perpetua.

Jonathan y Miguel eran amigos. Se habían conocido por Facebook hacía algún tiempo y tenían una relación personal. El joven declaró en la causa que efectivamente conocía a Kovacevich y reconoció dos cosas: primero, que estuvo con el ingeniero en sistemas cuando sucedió el drama; segundo, que escribió el grafiti en la pared.

Sin embargo, el muchacho brindó al fiscal Mariano Antuña una versión distinta: dijo que ambos “pelearon”, que medió un cuchillo y que Kovacevich terminó apuñalado. Según el abogado del acusado, Hernán Arce, el muchacho “no mató” a nadie, por lo que va a presentar un recurso de oposición en las próximas horas, cuando se reanude la actividad judicial. “No tenían una relación personal. Jonathan no mató a nadie, él se defendió de una agresión”, puntualizó el abogado, quien añadió que el joven efectivamente escribió la palabra “violador” en una pared. “No fue un mensaje de venganza, sino de repudio”, dijo Arce.

Cayó por la red social

Si bien Kovacevich sufrió el robo de distintos elementos, entre los que sobresalía la computadora portátil, los pesquisas policiales entendieron que no se trataba de un simple robo domiciliario lo que ocurrió en el departamento 7º A del edificio de calle Bolívar 11, pleno Centro.

Las características del episodio, el grafiti y la forma en que se produjo el crimen les hacían presumir que había algo más detrás. Había un dato clave: él o los agresores conocían al ingeniero en sistemas, tanto así que él les había abierto la puerta de su hogar.

Se presume que Kovacevich descansaba en su cama cuando alguien fue a su hogar. En calzoncillos, se levantó y atendió. Al cabo de un rato fue apuñalado. El hombre alcanzó a arrastrarse al baño, donde murió.

Los pesquisas comenzaron a desandar las últimas horas de la víctima, a dialogar con sus familiares e íntimos y a analizar sus relaciones.

En esto, Facebook, según los voceros, dio una pauta importante. Los sabuesos determinaron que Kovacevich tenía muchos amigos y hacia allí se empezó a orientar la búsqueda. El rastreo de llamadas y los testimonios de sus familiares terminaron orientando a los investigadores hacia un muchacho que tenía relación con la víctima. Se profundizó la búsqueda (y el rastreo) y así fue que, poco después de una semana, Jonathan fue capturado en la habitación de un hostel, en calle Alvear.

Cuando los policías de Homicidios allanaron su pieza, le encontraron la notebook robada y las llaves del departamento. La defensa de Arias adujo que esas llaves habían sido “regaladas” por Kovacevich, quien trabajaba para el Ministerio de Educación de la Provincia. El cuchillo no fue hallado. Una versión no confirmada da cuenta de que al acusado le hallaron ropas con sangre.

Heredia fue imputado por homicidio criminis causae y robo calificado. Lo acusan de matar para lograr la impunidad. El muchacho habría dicho que Kovacevich quería que se vieran, que era “insistente” y que se produjo una violenta pelea y el ingeniero terminó apuñalado. Los investigadores quieren saber si no hubo alguien más.

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