Se trata de dos investigaciones paralelas. Habría víctimas de Córdoba y otras provincias.
También fueron detenidos una madre e hijo que serían cómplices del accionar delictivo, en las que no sólo habría víctimas cordobesas sino de provincias limítrofes.
El operativo, coordinado por la Dirección de Delitos Económicos de la Policía, se inició tras una notoria escalada de denuncias, que se repiten en los últimos años aprovechando el descuido y la desesperación de los familiares de las supuestas víctimas.
«Se trata de dos investigaciones paralelas que se había iniciado desde la repartición», indicaron fuentes policiales a este diario.
Los procedimientos se concretaron en el establecimiento carcelario de barrio San Martín y los penales ubicados en las localidades de San Francisco y Cruz del Eje. En dichas unidades del sistema carcelario, los uniformados hallaron teléfonos celulares y una importante cantidad de chips.
De acuerdo a las pesquisas, los convictos de San Francisco y Córdoba actuaban en forma conjunta, con la colaboración de la mujer y el hijo de ésta en el exterior. Estos últimos eran quiénes buscaban el botín cuando se concretaba la tetra delictiva. En una vivienda de barrio Yapeyú fueron incautadas notebooks, cámaras fotográficas y una suma de dinero no precisada.
Con respecto al tercer preso, que actuaba desde el noroeste cordobés, aún no fueron detectados los cómplices pero se aguardaba que en las próximas horas se concretaron nuevos allanamientos.
«Los sujetos vendrían “trabajando” desde principios de año. Primero habrían ofrecido los denominados premios virtuales y luego habrían realizado los secuestros virtuales», agregó un vocero.
Los malvivientes se comunican a teléfonos fijos al azar y allí mediante preguntas a su víctima logran información trascendente. Primero dicen que llaman por un accidente de tránsito y luego sacan a la luz que, en realidad, se trató de un secuestro.
La desesperación lleva a la víctima seguir al pie de la letra al presunto secuestrador y entregar lo exigido como rescate.
Finalmente, el rapto termina siendo sólo un ardid delictivo y un olvidable momento para la víctima.
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