Las máquinas trabajan en la segunda mano de la avenida Costanera, en una platabanda y en una rambla peatonal. Licencia para soñar. Primera etapa
Las máquinas ya comenzaron a trabajar en la creación de un paseo costanero en la orilla oeste del río Salí. La obra, que había sido anunciada y aclamada hace ya varios años, va tomando verdadera forma. Las máquinas realizan el movimiento de suelos para posteriormente demarcar una nueva acera y crear una generosa platabanda de seis metros de ancho. Cuando finalicen los trabajos, la avenida Costanera contará con dos manos (una ya está lista), la platabanda parquizada y un espacio peatonal de nueve metros de ancho que constituirá el paseo y punto de reunión de los vecinos de la zona. Y quién dice, tal vez en un futuro, sea uno de los recorridos obligados de nuestra ciudad. Pero para eso, se ve, todavía falta mucho.
Hoy a la mañana, el intendente capitalino, Domingo Amaya, recorrerá la zona para inaugurar formalmente las obras. Los vecinos de los varios barrios aledaños ya están acostumbrados a las máquinas que trabajan desde hace tiempo en el marco del Programa de Mejoramiento de Barrios (Promeba), que llevó pavimento, infraestructura y módulos habitacionales a numerosas familias. El paseo costanero, por su lado, será financiado con fondos del plan nacional Más Cerca.
Deuda pendiente
Según el comunicado oficial de la Municipalidad, las mejoras que ya están en marcha forman parte de la primera etapa del plan “Recuperación de la Costanera del Salí”. La obra abarca el tramo comprendido entre las calles Guatemala (al norte) y Francia (al sur), completando un total de siete cuadras (unos 700 metros) de paseo costanero.
“Los trabajos corresponden a la primera etapa de intervención de las márgenes del río Salí, entre los puentes Castro Barros y San Cayetano, en el marco de un proyecto integral para la recuperación y desarrollo de la Costanera. Este plan de recuperación busca integrar el río Salí y su costanera a la trama urbana de la ciudad, transformando este patrimonio natural en un río productivo, que sirva para el encuentro y esparcimiento de los vecinos”, describe el comunicado enviado por la Municipalidad.
El plan maestro de intervención en esta zona, anunciado por el municipio a principios de 2011 y del que participó una consultora platense, prevé la recuperación de un total de 14 kilómetros de las márgenes del Salí, según informó oportunamente Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana. En estas futuras refacciones están involucrados San Miguel de Tucumán, Banda del Río Salí, Alderetes y Las Talitas. Tanto los vecinos como los funcionarios sueñan con ver la zona reactivada: esta obra es, según definió el propio Amaya en una reciente entrevista con LA GACETA, la cuenta pendiente de su gestión de cara al Bicentenario de 2016.
“Esperamos que cuando se vayan los yuyos se vayan también los delincuentes”
Ella todavía no cumplía los 20 años cuando decidió apostarle a la familia. Claudia levantó las pocas cosas que tenía en la casa de sus padres, le dio la mano a Sebastián -su actual marido- y juntos comenzaron una nueva vida en la Costanera. “Al terreno me lo prestaban -cuenta Sebastián, ahora con 30 años de edad- a cambio de trabajo. Yo lo fui limpiando, mejorando y comencé a construir una casillita, muy de a poco, Más de una vez nos robaron todo”, lamenta Sebastián, pero está muy lejos de bajar los brazos. Hace menos de un año el Estado lo reubicó dentro de su mismo terreno, y le construyó un módulo habitacional al borde de lo que será la avenida Costanera, en plena construcción. Cruzando montículos de tierra, una acera recientemente pavimentada y montones de yuyos se puede ver el río Salí, dios y demonio de los vecinos de la zona. “Estamos muy conformes con la construcción de la avenida. Ya pusieron gas natural, cloacas y alumbrado público, aunque todavía no están funcionando. Esperamos que desaparezcan todos esos yuyos, porque ahí se esconden los ladrones. Acá hay de todo: delincuentes y gente de trabajo también”, explica Claudia. Ellos están en el segundo grupo: Sebastián arranca todos los días a las 4 de la mañana en el Mercofrut y se desocupa a las 11. El resto del día lo emplea en mejorar su humilde casa, donde espera ver crecer a sus tres hijos.

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