En la traza por donde pasar, desde Villa Urquiza al Puente Turín, hay un asentamiento precario el que viven varias decenas de familias. Ellos temen ser llevados lejos, pero el municipio dice que serán mudados en la zona.
El asentamiento se autodenomina “Villa La Costanera”: es un conglomerado de precarias casitas de madera y chapa ubicado entre el borde de Villa Urquiza y el río, a unos 200 metros de donde hasta ahora termina el asfalto de la Costanera y a unos 900 del Puente Sagrada Familia. Sus habitantes dicen que no pretenden “obstaculizar” el progreso y frenar la Costanera. Lo que reclaman es que “no se los lleven puestos”: esto es, no ser blanco de una erradicación unilateral que los deje en algún lugar marginal de la ciudad, a kilómetros de ese sitio donde hoy encuentran su medio de supervivencia. Aunque reconocen que el acceso a un techo propio y de material es el gran anhelo compartido –y que estas situaciones suelen ser el único modo para ellos de conseguirlo–, insisten en que si éste llega con la condición de irse lejos, sobre los bordes de la ciudad, equivale a “morirse de hambre”. Y aseguran tener mucho incertidumbre ante la falta de respuesta oficial a sus consultas y reclamos.
Por su parte, el municipio asegura que en 2012 realizó un relevamiento en el lugar asentando la situación de las familias que allí vivían, que cuantificó muchas menos de 190 personas y que trabaja junto con las áreas sociales de la Provincia para planear el traslado de esa gente a un sitio donde puedan construir viviendas de material, dentro de la misma Seccional 11. “Nuestra voluntad es hacer una buena relocalización, porque esa gente está sobre terrenos de dominio público donde no pueden permanecer: una calle y un espacio verde”; aseguró Mariano De Juan, secretario de Desarrollo Urbano.
Respecto de las quejas por falta de información e incertidumbre de los vecinos, el funcionario insistió en que se los relevó y la intención es darles una solución, aunque señaló que en el último mes “aparecieron algunos vivos que por motivos políticos están azuzando a la gente”.
En el barrio. “Acá, la mayoría somos carreros que trabajamos por Urca. También hay mujeres que hacen servicio doméstico en esos barrios y otras changas por la zona de Colón”, explica Teresa, una mujer de 58 años que vive en el borde de Villa Urquiza desde siempre y que, por fortaleza y carácter, se ganó el rol de líder comunitaria. Ella misma casi nació subida a un carro, como muchos de los que la rodean esa mañana en la villa. En el grupo abundan los testimonios que grafican la dinámica de esa zona: un caserío humilde que sobrevive de lo que “derraman” los barrios de alto poder adquisitivo ubicados río de por medio, como Urca y alrededores. “Cuando no tenemos qué comer, sabemos que al menos salimos al Cerro y un pedazo de pan para darle a los chicos conseguimos”, explica con crudeza Analía, mamá y habitante de la villa.
“Nuestro miedo es que vengan de golpe, nos volteen los ranchitos y nos lleven lejos; porque nadie nos dice nada sobre qué va a pasar con nosotros”, agrega Teresa.
Los vecinos aseguran haber experimentado los efectos del destierro: entre ellos abundan las historias de “erradicados” a barrios que regresaron a la villa, luego de que ocho años atrás la Provincia trasladara a muchas familias a los barrios Zepa, El Chingolo y Ciudad de los Cuartetos. “Yo vivía acá y me llevaron a Zepa por el 2004, pero allá todo nos quedaba lejos: el hospital, el trabajo, todo. Cuando estuve internada en el San Roque me robaron todo lo que tenía en mi casa, y entonces con mi nieta nos volvimos a esta villa”, recuerda Laura. El municipio insiste en que las relocalizaciones que se analizan serán a no más de 20 ó 30 cuadras de ese sector.
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Víctor
Vecino de Villa La Costanera
Trabajo hace años en una carnicería que queda cerca, y así mantengo a mi familia. Necesitamos una casa propia, pero si me llevan lejos me quedo desempleado, porque no puedo viajar todos los días a laburar.
Teresa
Referente comunitaria
No queremos frenar el progreso, pero si nos van a sacar queremos ser reinsertados en este contexto. Muchos tienen malas experiencias porque los llevaron a barrios lejos y se volvió, se moría de hambre allá.
Analía
Vecina de Villa La Costanera
Mi hermana Mariana se fue a vivir a barrio Zepa pero volvió a la villa. Pasa que el esposo había conseguido trabajo en los boliches del Chateau, cobraba poco y estaba en negro; y se le iba todo el sueldo en colectivo.
María
Vecina de Villa La Costanera
En la época de Mestre (padre) pusieron una empresa para limpiar la ciudad, me sacaron el carro y estuve 15 días para recuperar mi caballo. Crié a mis hijos con ese carro, trabajo en la zona y necesito vivir cerca.
Mariano De Juan
Secretario de Desarrollo Urbano
Esa gente vive sobre terrenos de dominio público, no tiene luz, agua y está en zona inundable; tiene que salir de ahí. Las personas relevadas que residen allí desde hace tiempo no tienen de qué preocuparse.
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Relevados se relocalizarán en la zona
El secretario de Desarrollo Urbano del municipio, Mariano de Juan, confirmó que todo el asentamiento ubicado en la zona por donde debe pasar la continuación de la Costanera deberá mudarse; pero dijo que se trabaja con la Provincia en diseñar un traslado que permita a los afectados acceder a una casa en la misma seccional.
“Esa gente vive sobre terrenos de dominio público, no tiene luz, agua y está en zona inundable; tiene que salir de ahí”, aseguró anta la consulta de Día a Día. “La voluntad no es ir un día y sacarlos, nuestra área de Hábitat está trabajando con la Provincia en reubicarlos. El plan es ayudarlos con terrenos en la zona, a no más de 20 ó 30 cuadras, en la misma seccional 11. Y que la Provincia les provea kit de materiales para construir sus casas”, señaló.
Respecto del reclamo vecinal sobre la “falta de respuesta” oficial, De Juan insistió en que se los relevó en abril de 2012 y defendió la rigurosidad de ese empadronamiento. “Las personas relevadas que residen allí desde hace tiempo no tienen de qué preocuparse”, dijo, advirtiendo que quienes se hayan sumado al sitio en los últimos meses podrían no ser considerados. Los vecinos critican el citado censo por “falta de rigurosidad” y reclaman una solución a todo el conjunto, pero el municipio insiste en que hay gente que “especuló” mudándose ya conocido el plan de obra.
El funcionario reveló que ya se viene planeando el traslado de unas ocho familias asentadas sobre lotes ocupados en calle 9 de Julio, en la zona cercana; donde también avanza un emprendimiento privado. En el tramo de la futura Costanera que pasa por San Ignacio, debieron expropiar lotes para abrir paso a la calle.
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La obra
Lo hecho. En 2012, la gestión Mestre inauguró una extensión de 600 metros de la Costanera, desde el puente Sagrada Familia hasta conectar con calle Guillermo Irós (sale al Carrefour de Colón).
Lo que viene. En el arranque de este año, quiere continuar ese tramo otros 930 metros para llegar al puente Turín. Desde 140 metros antes de ese puente se requerirá la construcción de un muro de dos metros del lado izquierdo, por el desnivel existente. Casi al medio de este nuevo tramo se encuentra el asentamiento Villa La Costanera.
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