El costado “difuso” de las cámaras

El costado “difuso” de las cámaras

 El ojo tecnológico, valioso para la prevención, también evidencia algunas falencias que deben corregirse.

Son siete y caminan como si nada, dispersos, enfundados en sus camperas y gorros. En medio de una noche espantosa de julio, con viento y lluvia, de esa finita e insistente.

No hay nadie más que ellos por la calle principal del barrio de Prensa. Pirovano, la que desemboca en la capilla. Sólo que ellos van a contramano de cualquier religión. Quieren robar.

Y así lo hacen, como lo vienen haciendo últimamente en varias unidades de este complejo urbano, en la vivienda ubicada al 2277 de aquella arteria.

Entre dos, liberan el último escollo para abrir el portón de rejas, miran de reojo a un Toyota Corolla que no van a tocar, y la emprenden de lleno con lo que fueron a buscar: un Ford K.

Uno logra abrir la puerta, y despacio, muy despacio, sigilosamente, logra con la ayuda de otros dos sacar el auto de la propiedad, cuya ventana del dormitorio principal, con sus moradores durmiendo, da justo en esa especie de garage techado, pero abierto.

Claro que están filmados. Pero por una cámara de un particular.

Posteriormente serán registrados por otra. Que tres días antes, según la palabra policial y la confirmación municipal, se acababa de ubicar en las calles Gambartes y Godoy Cruz. A solo 130 metros del lugar en el que los malvivientes intentaron, sin éxito, encender el vehículo. No sin antes romper todo el tablero y hacer un verdadero desbarajuste de cables. Una impunidad total.

Tan grande que, mientras eran filmados, trabajaron a gusto. Sin apenas inquietarse.

Siete horas después y luego de que los damnificados realizaran el llamado pertinente al 911, la policía se hizo presente en el lugar, constatándose a los pocos minutos que el Ford K había “viajado” dos cuadras sin sus dueños.

La pregunta: ¿para qué está la cámara de seguridad, si no se actúa en el mismo momento del hecho o inmediatamente después?

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En poco más de un año se iniciaron casi 40 causas penales por el uso de las cámaras urbanas y se enviaron 150 imágenes de interés a la Justicia y más de 300 a la policía. Su aporte es valioso para las investigaciones.

Está claro que colaboraron de manera vital para esclarecer hechos casi de manera instantánea, como el incidente que envolvió al futbolista Diego Trotta o los recientes asaltos a las estaciones de servicio de Falucho y Parchappe y de Maipú y Necochea, que concluyeron con una persecución y la captura de sospechosos. Son apenas dos ejemplos positivos del sistema.

Sin embargo, el programa presenta falencias que demandan una corrección para tratar de optimizarlo. Ya no desde la faz técnica, sino desde el recurso humano.

Pasó el último fin de semana, en el barrio de Prensa, donde los robos de vehículos parecen haberse convertido en un hobby de los delincuentes que frecuentan -con llamativa asiduidad- el complejo residencial ubicado al 1900 de la calle Pilmayquén.

Tarde, pero seguro

La cámara de Gambartes y Godoy Cruz efectivamente captó escenas del robo del Ford K, según confirmó el viernes Andrés Castillo, subsecretario de Gobierno.

Sin embargo, ninguna autoridad policial preguntó sobre el particular y la inquietud de "La Nueva." motivó la averiguación. Al establecerse que había imágenes del robo, el Siprevi las mandó a la DDI, aunque esto fue recién cinco días después del delito.

“El robo está registrado. Se ve al menos a una persona empujando el auto. Puede que en ese momento el operador no lo haya visto, porque la cámara graba a 360 grados”, explicó Castillo, cuando se lo consultó sobre por qué la policía no recibió de inmediato el alerta para intervenir y poder capturar a los sospechosos.

Negó el funcionario que haya faltante de personal. Por el contrario, informó que el máximo estipulado es de un operador cada 16 cámaras y que en Bahía Blanca existe 1 cada 8. “También puede ser que la policía no las haya reclamado hasta tanto recibir el visto bueno de la Fiscalía”, afirmó Castillo.

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