En medio de la crisis del dólar, Juan Manuel ya lanzó su doble candidatura, a gobernador y a presidente de la Nación. Si fracasa en las dos, tratará de ser el vice de Scioli o presidente de los Gauchos de Gemes.
Tras iluminar el horizonte con tan sesudo análisis, confesó: “Yo no soy una persona que haga seguidismo bobo”. Claro, Juan Manuel hace un seguidismo muy banana. Tanto, que lo dejó al pobre José Hernández con las ganas de preguntarle cómo piensa ordenar la economía, morigerar la inflación, aumentar el empleo y lograr competitividad en el país. Terminada la entrevista telefoneó a Clarín: “¿Cuándo van a publicar la nota que me hicieron en Mar del Plata?!”, preguntó, desesperado. “Disculpanos; se nos había traspapelado”, le contestaron - se ve que les parecía importantísima-. El candidato ecuestre, mezquino, escatimó precisiones acerca de cómo va a hacer en el país lo contrario de lo que hizo en Salta, con récord de desempleo y de anemia productiva. Cuando le preguntaron si piensa aliarse con Scioli -ya se sabe quién iría primero-, confesó: “...antes, me gustaría saber qué vamos a hacer”.
En cambio, relató el origen de su vocación presidencial: “Es que en Salta levantás una piedra y sale un artista. Entonces, como desafino cuando canto, para tener alguna gracia me dediqué a la política”. Está claro: la política tiene gracia porque uno puede desafinar tranquilo.
Lejos de tus pagos, difícil que te repregunten. A Clarín le dijo: “Yo me preparé toda mi vida para ser gobernador y para ser presidente”.
Claro, como habla sin filtro se olvidó de lo que había dicho dos meses atrás, cuando justificó la designación de ministros inexpertos después de las legislativas provinciales: “Cuando llegué al gobierno, no sabía nada, así que tuve que aprender”, dijo entonces. Es verdad, en 2007 no estaba bien preparado, pero ahora está convencido de que en estos seis años aprendió a gobernar. Sí, sí. En serio.
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