Un grupo importante de familias se instaló en un predio que está a sólo 500 metros del vertedero de basura de la ciudad de Córdoba. Dicen que se quedarán sí o sí en esas tierras.
El poco viento que hay levanta un polvo tan suave como insoportable. Frente a la ocupación, una loma arcillosa se eleva: es el predio provisorio de enterramiento de residuos. Pero ni el paisaje ni los olores que se perciben, amedrentan a quienes, asentados en el lote, ya piensan en “plantar” cimientos.
Esta ocupación es diferente a otras de la ciudad. El dato preocupante es que está frente al vertedero de basura. Lo que llama la atención es que hay muchos inmigrantes (la mayoría), y lo que termina por caracterizar al grupo y por poner sobre el tapete la precariedad con la que viven y trabajan muchos vecinos, es que todos son ladrilleros.
El terreno está en el borde de Córdoba, ahí justito donde si se avanza unos metros más ya se está en Bouwer. La Provincia no quiere que las familias se instalen en el lugar porque el uso de suelo municipal no lo permite. En chozas precarias de postes y lonas, sobre la tierra dispersa, duermen estas familias. Ellos dicen que son 150, pero el Gobierno de la Provincia censó sólo 40.
Los cortaderos. “Nosotros vivimos en incertidumbre todos los días. Estamos en los cortaderos en casitas que no son muy diferentes en donde nos asentamos ahora y no son nuestras. Si nos quedamos sin trabajo, nos quedamos sin vivienda. Si cambiamos de cortadero, cambiamos de hogar. Es muy difícil estar así, por eso queremos una casa nueva”, cuenta Miguel, que tiene su parcela demarcada.
En los cortaderos, los ladrilleros cobran por producción o por jornada de trabajo, pero aseguran que apenas superan los 100 pesos de ganancia por día. Los vecinos aseguran que quieren esas tierras y no otras porque todos tienen sus vidas armadas en el sector: el trabajo en los cortaderos y la escolaridad de los chicos, que van al cole de Bouwer que está cerca del viejo enterramiento sanitario.
“Nosotros somos de afuera pero nos sentimos argentinos, tenemos la nacionalidad y nuestros hijos nacieron acá. Tal vez estar en estas condiciones no era lo que esperábamos cuando llegamos, pero sabemos que nuestros hijos tiene mayores posibilidades en la Argentina que en nuestros países”, asegura Mario, inmigrante paraguayo que también trabaja en los cortaderos y está en la toma.
Todos los que trabajan en los cortaderos aseguran que lo hacen “en negro” porque no les conviene ni a ellos ni “a los patrones” estar registrados, “porque después vienen muchos descuentos y se termina ganando menos plata”.
La policía vive adentro. Entre las personas hay muchos niños que juegan entre las casitas precarias. Una de esas construcciones de postes y lonas es “La Comisaría” de la Guardia de Infantería de la Policía, que desde hace una semana se instaló en el terreno para que no entren más vecinos. Allí, los uniformados se refugian del sol. Según los ocupantes y la misma Policía, por ahora la convivencia es buena, pero tuvo sus momentos de tensión durante la semana.
Damián, otro de los ocupantes, contó que entre lunes y martes ni agua les dejaban entrar al terreno. Los vecinos todos los días compran los bidones en Nuestro Hogar III y de ahí los llevan al lote. “Fueron días difíciles, porque el agua la necesitás para todo y acá no había una gota”.
Se quieren quedar. A fuerza de ollas populares estos vecinos resisten. Dicen que no aceptarán otra propuesta que no sea la de quedarse para construir sus casas. Mientras, ya hay una denuncia penal por usurpación de una persona que dice ser propietaria del lote.
La proximidad del enterramiento de residuos es lo que termina de conformar en crítica la situación de estos vecinos, ya que desde la Municipalidad remarcan que no puede haber viviendas a menos de dos kilómetros del lugar.
Para Raúl, la dificultad es parte de su vida. “Estamos acostumbrados a vivir en la tierra, en tenerla difícil. El basural no nos molesta, tampoco pasar frío o dormir en el piso. En Nuestro Hogar III viven sobre la basura... ¿Por qué nosotros no podemos estar al frente?”, desafía.
Respaldo. El Sindicato de Trabajadores Ladrilleros y el Encuentro de Organizaciones respaldan la ocupación de estos vecinos.
Cinco meses. Los que participan de la toma contaron que hace 5 meses están en el lugar. Hoy, tienen prohibido el ingreso de materiales para construir.
Comentá la nota