“Me cortó la cara porque no quiero venderle mi casa”

“Me cortó la cara porque no quiero venderle mi casa”
Esta es la historia de Sofía Juan, una gitana de 34 años, que pide justicia por su vida destrozada, como su cara, hace un año.
“Mi cara es una prisión para mí. Vivo encerrada en el miedo, custodiada las 24 horas mientras el violento que me cortó el rostro está libre, eximido de prisión sin explicación. Sólo una palabra cabe: injusticia”.

Así quiso Sofía Juan, una gitana salteña de 34 años, romper el silencio sobre su historia de orfandad y tragedia. Desde el 4 de abril de 2012 su vida dio un salto al abismo. “Cada día es horrible porque estoy presa yo y el agresor, Diego Alejandro Escobar, de 24 años, está libre. Sin consigna policial no puedo salir ni al almacén y es él quien debería estar preso. ¿Por qué el juez lo eximió de prisión si me desfiguró el rostro?. Para colmo vive a la vuelta de mi casa, nos conocemos desde la infancia. Toda esa familia, que no es gitana, ha convertido mi vida en un infierno sólo porque no quiero venderles mi casa”.

Sofía no consigue liberarse del impacto que sufrió aquel día. No comprende que su agresor respire la libertad que le pertenece a ella. Una libertad usurpada por una caprichosa ambición. No quiere andar de a pedazos por la vida, pero tiene miedo. Entonces revive la historia como intentando entenderla. “El 4 de abril del año pasado yo fui a buscar a mi hijo a la esquina a eso de las 23 horas, había parido por cesárea hacía dos meses a mi hija. No lo encontré y volví a mi casa. Cuando estaba entrando me agarró de atrás este hombre y me cortó la cara con una navaja. Lo miré, lo vi bien y empecé a pedir ayuda mientras él me pegaba a puño cerrado. Yo pensé que me había roto la nariz pero de pronto me vi bañada en sangre. Mi primo acudió a ayudarme y lo vio a Escobar que volvía desde su camioneta con un puñal para matarme. Me lo decía: “te voy a matar hija de p...”.

Y ahí comenzó el después de una historia que antes hubiera resultado increíble. “Me llevó mi primo a la salita y cuando la enfermera me vio, me mandó al hospital. Cuando el médico me atendió me dijo que tenía desfigurado el rostro y que me tenía que reconstruir la cara. Me hizo 51 puntos, 15 por dentro y 36 por fuera. Me sacó fotos el doctor, así que hay evidencia de todo”.

Un año y unos días pasaron. Sofía sigue esperando que la Justicia le cuente cómo seguir su vida. “Yo estoy encerrada en mi casa con consigna policial y él está libre amenazandome constantemente”.

Lo tremendo de esta historia es el motivo por el que hace un año la gitana vive un calvario. “El me hizo todo este daño porque mi hermano le vendió el 50% de nuestra casa, que heredamos de mi madre, y pretende que yo le venda la otra mitad. Yo no quiero porque es lo único que tengo para el futuro de mis hijos. Mi hermano se puso muy mal con lo que pasó y fue a reclamarle a esta familia lo que me hicieron, pero es gente con la que no se puede hablar. Lo que mi hermano vendió es un garaje con fondo en ele y adelante está mi casa. Ni muerta voy a venderles”.

Es bonita. Desde sus ojos saltan relámpagos de una alegría adormecida. Es que la zíngara quiere vivir. Extraña bambolear sus polleras por las calles, leer la suerte en las cartas, vender ropa y reir a carcajadas. No puede. Tiene el alma acorralada.

De su vida cuenta: “Yo rompí las reglas gitanas. Soy madre soltera de dos hijos de padres criollos. Cuando me embaracé yo vivía con mi mamá, mi hermano ya se había casado con una criolla. En ese momento sólo me importaba la aprobación de mi madre y de mi tío que es el hombre que me representa. Soy una mujer independiente así que salí adelante con mi hijo de 11 años y mi niña que hoy tiene 1 año y 2 meses”.

También dice: “Yo nací en Salta y me siento salteña pero por ser gitana sufro la discriminación, especialmente desde que me arruinaron la vida y no veo justicia”.

Vuelve sobre su desgracia una y otra vez. “El caso por la desfiguración de rostro estuvo en manos del dr. Pastrana. El expediente, por impugnación, está en manos del dr. Fleming ahora, y la causa por desobediencia judicial la tiene el fiscal Marcelo Rubio que, para decir verdad, no hace caminar el asunto. Sólo me dice que no salga ni a la puerta”.

“Lloré mucho. Todavía lloro. Me miro al espejo y veo un antes y un después. Mi debilidad y mi fuerza están en la cicatriz de mi cara”.

La orfandad debilita

a las mujeres gitanas

Orgullosa de su signo gitano cuenta que “todos los Juan somos parientes. Los gitanos nos casamos entre nosotros, podemos casarnos con primos lejanos, no con primos hermanos. No podemos estar de novios con criollos, salvo los que no tenemos padre y madre, que somos independientes. Antes nos obligaban a casarnos con un gitano, ahora ya no. Los gitanos nos compran a las mujeres para casarse, pagan una dote al padre. Yo no tengo papá, lo perdí cuando tenía 18 años. Mi mamá murió hace 4 años y la lloro cada día. Nada de esto me hubiera pasado con ella. La orfandad es horrible en mi cultura porque los padres protegen mucho y nosotros les rendimos respeto. Los varones si pueden casarse con chicas criollas que se convierten en gitanas, pero los hombres criollos no entran a la comunidad. Es por el machismo enorme que tiene nuestra cultura y también porque no quieren que se mezcle la sangre. Tenemos un origen húngaro y es muy fuerte la tradición”.

Agrega: “Hablamos el montelegrino yugoslavo. Mi hija tiene un año y ya lo balbucea”. Para subsistir, Sofía vende ropa, lee las cartas y hace masas dulces. “Vendo de todo, pero no puedo moverme sin consigna policial. Es lo que me toca vivir aunque no entiendo por qué”.

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