Productores consultados admitieron que prefieren no correr riesgos. La cantidad de sanciones disminuyó, lo que lleva al gobierno local a señalar que esta actividad irregular disminuyó en la provincia.
"Llegamos al galpón y les digo ?hola, vengo a ver si tienen trabajo' y me dice ?pero sos menor'. Yo soy picudo, no me puedo quedar callado? entonces le digo: ?mirá flaco yo necesito trabajo, mi vieja y mis hermanas están trabajando y no nos alcanza la plata'... le insistimos y ganamos por cansancio creo...", continuó.
Su testimonio -que formó parte de una serie de entrevistas sobre el trabajo infantil en Tupungato realizado por la OIT y la Dirección de Empleo de la Subsecretaría de Trabajo de Mendoza- muestra una realidad que viven diariamente miles de chicos en diferentes sectores rurales de la provincia.
Sin embargo, el temor de los productores ante el recrudecimiento de las sanciones -que hoy van desde suculentas multas hasta la quita de la libertad- y la presión que ejerce sobre los empleados el riesgo de perder el trabajo o los planes sociales aparecen como posibles causas de una disminución -al menos así lo dicen los números oficiales- de la presencia de niños y adolescentes en las faenas de campo.
"Aunque me faltaba gente para levantar la cosecha, dejé afuera a los que me podrían traer problema", aseguró Pedro C, productor de viñedos y nogales en Tupungato.
Para el hombre, hay dos realidades del trabajo infantil: los papás que llevan a sus niños (de 2 a 5 años) a la finca porque no tienen dónde dejarlos y los adolescentes que quieren trabajar para disponer de su dinero. "Suplican para que los contrates. ?Si vienen inspectores, yo me escondo', me rogaba uno", comentó.
Desde la Dirección de Empleo de la Provincia reconocen que no se ha erradicado totalmente este flagelo. "Pero, por la concientización de la sociedad, las leyes y los controles hay mucha más gente que se sumó al ?Pibes no'", recalcó Dora Balada, responsable del organismo.
La funcionaria destacó una merma progresiva en la cantidad de infracciones detectadas en base a 6.000 operativos sobre cumplimiento de las leyes laborales realizados en todo el territorio provincial: fueron 57 multas en 2008, bajó a 48 en 2009 hasta llegar a 13 sanciones el año pasado.
Una ronda de consulta a docentes de zonas rurales en Tupungato da cuenta de que se percibe una disminución en la cantidad de niños que realiza labores agrícolas. Sin embargo, las realidades varían de un lugar a otro y según el grupo etario.
"No sabemos a ciencia cierta si es que ya no trabajan o que ahora no lo cuentan. Hay mucho miedo a perder los subsidios del Estado. Lo bueno es que cada vez son menos los que tienen las manos manchadas por el ajo o la nuez", acotó Mónica, una maestra.
De todas maneras, el panorama aún dista de generar optimismo. Sucede que las restricciones al trabajo infantil derivan en otras situaciones encubiertas. Muchas mujeres no tienen dónde dejar a sus hijos y terminan cargando esta responsabilidad a sus hermanitos mayores.
En Tupungato, también se da el caso de familias enteras que parten nueces a destajo en sus casas y nadie controla la labor que realizan estos chicos en la intimidad del hogar.
"Si se estudia las inasistencias al año, saltan claramente las temporadas de cosecha de la uva, la nuez, el ajo y la cereza", sostiene C.G, una maestra de 7mo grado que contempla al alumno que trabaja a la hora de exigir rendimiento. "Ellos no lo vivencian como irregular, la prueba es que lo cuentan abiertamente. Son actividades habituales para ayudar a la economía familiar", agrega.
"Lamentablemente, el trabajo infantil agrario está muy naturalizado y está vinculado con prácticas informales y económicas, y mientras exista la economía informal o al tanto o al destajo, y familias en condiciones de precariedad con pequeñas parcelas productivas donde todos los integrantes deban colaborar, va a seguir existiendo", explicó Balada.
Una propuesta de mejora
Una de las acciones que ha ayudado a combatir este problema es la implementación, desde hace dos años, del programa 'Buena Cosecha', que promueve la creación de centros de actividades infantiles para contener a los niños y evitar que acompañen a sus papás al campo.
"Proveemos el lugar, la infraestructura, el personal especializado y el traslado hasta estos centros", destacó el subsecretario de Trabajo, Ariel Pringles.
Actualmente, funcionan 70 establecimientos en 16 departamentos (albergan a 3.200 niños) y planean sumar 30 más. También, existen proyectos de este estilo llevados a cabo con gestión mixta, entre grandes empresas y gobiernos locales, como el ?Educar en Vendimia' del Valle de Uco.
Sin embargo, hoy muchas familias quedan fuera de este beneficio, sobre todo las que se desempeñan en emprendimientos chicos.
"Hay que reforzar esta red. Estamos reuniéndonos con las cámaras empresariales para comprometerlos a establecer lugares para el cuidado de los niños", apuntó Ariel Herrera, delegado provincial de Renatea (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores agrarios)
Sucede que la reciente reglamentación de la ley Nacional 26.727 del trabajo agrario, establece que "cualquiera sea la modalidad de contratación, el empleador deberá habilitar espacios de cuidado y contención adecuados a fin de atender a los niños y niñas a cargo del trabajador, durante todo el tiempo que dure la jornada laboral", obligación que hoy no se cumple y es de difícil implementación en el contexto actual.
Herrera remarcó que el sector rural ha sido postergado en muchos sentidos por años. "Ahora las leyes están ofreciendo las herramientas para cambiar esta realidad", dijo y señaló la registración de los empleados como un paso clave en la lucha contra el trabajo infantil. "No es sólo por la recaudación, es la posibilidad de que los padres tengan la documentación al día, que puedan acceder a vivienda, salud, a un salario digno. El abordaje debe ser integral", expresó.
Renatea está llevando a cabo la campaña nacional ?Trabajar en el campo no es un juego'. La idea es desnaturalizar este tipo de flagelo, que por pertenecer al campo, parece tener más aceptación. "Jamás pensaríamos en un niño atendiendo un quiosco o una farmacia en la ciudad, por qué permitirlo en el campo", graficó Herrera.
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