En la política nada es casual; todo es posible. Y en este razonamiento es donde muchos actos legislativos suelen encontrar justificación. La aprobación otorgada ayer por el Concejo capitalino para que los vendedores ambulantes sigan ocupando un importante espacio en el Parque San Martín es, directamente, un atropello a los intereses de los vecinos y un acto tan descabellado como contradictorio por parte de aquellos que deben garantizar la calidad de vida de la gente.
Anteponer el interés de un sector en particular ante los derechos de la sociedad en su conjunto es, sin dudas, darle crédito a aquel pensamiento impune que postula que en la política todo es posible y justificable, incluso el fraude a la confianza del vecino. Si la Organización Mundial de la Salud recomienda como mínimo en las ciudades, un espacio verde de 10 metros cuadrados por habitante y se sabe que en Salta esa superficie no llega ni a los 2 metros, ¿dónde está la actitud de defensiva de los ediles capitalinos?. ¿La Municipalidad o el Concejo, le deben algo a los feriantes?. Al parecer la respuesta es afirmativa. De todas maneras, los compromisos incumplidos para la reubicación de los feriantes es responsabilidad absoluta de funcionarios y legisladores; los vecinos no tienen por qué pagar los platos rotos de esas promesas.
Lo de ayer en el Concejo no se justifica en el voto “políticamente correcto” de la mayoría oficialista y menos aún en la inconducta del converso Aroldo Tonini, quien votó contrariamente a sus compañeros opositores. Esa actitud también deberá ser analizada a futuro dentro de las “causalidades” de la política.

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