“Se observa un incremento en chicas de entre 14 y 18 años”, dijo la médica María Isabel Somma.
Existe una multiplicidad de factores individuales, familiares, sociales y culturales que favorecen la concepción de un bebé en la adolescencia, dentro de los cuales los socio-económicos tienen un protagonismo especial, como por ejemplo, el estrato social de pertenencia y el nivel de educación e información que presentan los adolescentes.
La realidad que se vive en Junín no difiere de lo que acontece en la geografía nacional. Es cierto que falta la precisión de la estadística para reflejar de manera concreta el crecimiento de ese tipo de casos, pero ante esa ausencia, la voz de los profesionales que viven el día a día de un consultorio resulta un aporte de consideración.
María Isabel Somma, jefa del área de Tocoginecología del Hospital Interzonal de Agudos “Abraham Piñeyro”, destacó que por día son atendidas alrededor de setenta mujeres de todas las edades, de las cuales la mitad lo hacen porque están esperando un hijo. Y puntualizó que entre las que conforman este último grupo, se observa un incremento de chicas de entre 14 y 18 años.
“La consulta por embarazo adolescente sigue siendo una de las consultas más frecuentes”, le dijo Somma a DEMOCRACIA.
Pero lo más preocupante es que la gestación se empieza a relacionar cada vez más con el universo infantil. “Este año tuvimos el caso de una chiquita de 12 años, con domicilio en Vedia”, comentó la médica con preocupación y sin querer abundar en detalles para “resguardar la intimidad de la menor”.
Mejorar la salud reproductiva
Ante el horizonte que se presenta, para Somma no queda otra salida que enfatizar la importancia de la atención de las mujeres en edad reproductiva. “A eso nos estamos abocando desde que asumimos al frente del servicio de Tocoginecología, hace seis meses, acompañados por dos médicos residentes, Yesica Ferrero y Ramiro Villarreal, que están poniendo mucho ímpetu en su actividad”, destacó.
Somma resaltó que el HIGA está recibiendo derivaciones de toda la Provincia, lo que “nos pone en un lugar de privilegio en lo que hace a la atención de alta complejidad en el área materno neonatal”.
Bajar la tasa de prematurez
La doctora Somma señaló que al contemplar los factores de riesgo de Junín y las localidades vecinas de influencia, una de las metas es disminuir las tasas de cesáreas y la prematurez.
“En los consultorios externos se intensificó la consulta por embarazos de alto riesgo, embarazos adolescentes, preconcepción y salud reproductiva, recibiendo hasta 60 visitas por día. Asimismo, en la guardia subieron notablemente las consultas espontáneas y las derivaciones de las unidades sanitarias”, reveló.
La fase de preconcepción
Pero al margen de aquellas historias protagonizadas por jóvenes que se ven ante el desafío de afrontar la maternidad de manera precoz, en el hospital también existe un espacio de información, asesoramiento y tratamiento para las parejas o pacientes que todavía no tienen hijos y que buscan llegar al embarazo en perfecto estado de salud.
Sus inquietudes son evacuadas en el consultorio de preconcepción del área tocoginecológica.
“Aquí contemplamos la desnutrición, la obesidad, el intervalo intergenésico - el tiempo que transcurre entre un embarazo y otro; lo ideal para mejorar la salud materno neonatal es que entre un embarazo y otro transcurran como mínimo dos años-, la diabetes, la hipertensión y otras patologías que no son detectadas pueden llegar a complicar el normal curso de la gestación”, explicó Isabel Somma, al tiempo que remarcó la labor que lleva adelante la doctora Luján Zoco.
Por otro lado, resaltó que con las ecografías doppler y de alta resolución también se detectó un importante aumento en el diagnóstico de enfermedades que pueden tratarse durante el embarazo, herramienta que está contribuyendo a garantizar una adecuada evolución durante los meses previos al parto. Esa tarea está a cargo de Laura Barboni, especialista en medicina fetal.
En resumen, la atención de la preconcepción tiene como finalidad reconocer y modificar el estilo de vida, las conductas, los riesgos médicos y sociales para mejorar la salud de la mujer o los resultados del embarazo, y finalmente, reducir la morbilidad y la mortalidad materna y perinatal.
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