Por desentendimientos entre el gobierno provincial y la Nación, se edificaron dos sedes para el CPEM 83 de Taquimilán, un colegio con 120 alumnos. Ahora debaten qué hacer con el inmueble sobrante.
Las obras se aprobaron casi en simultáneo y se erigieron sobre un mismo terreno, a unos metros de distancia. A fines de 2009, se estrenó el edificio que construyó la provincia, de 400 metros cuadrados. El proyecto de Nación, tres veces más grande, tardó mucho más en ejecutarse y recién se terminó hace una semana. Todavía no tiene fecha oficial de inauguración, aunque en la comunidad educativa prevén mudarse en junio.
El traslado será sencillo, dado que los pupitres, pizarrones y equipamiento del segundo colegio están listos desde hace dos años. Sólo tendrán que caminar unos pasos, con las mochilas al hombro o, como dicen en el colegio, “salir de una puerta e ir a la otra”. Los 120 alumnos no pueden creer lo que lograron. Sus profesores, tampoco.
“Esto fue una sorpresa porque, con todo lo que habíamos peleado, creo que nadie se lo esperaba, sobre todo los más viejos de la escuela”, explicó el director del CPEM 83, Miguel Ángel Núñez, que trabaja en el colegio desde el primer día.
La inusual situación del secundario llamó la atención de docentes de toda la región, al punto de convertirse en una broma habitual en las reuniones de directivos del distrito escolar V. Núñez contó que, cada vez que se junta con sus pares, “surge el chiste de que no nos quejemos porque tenemos dos escuelas… y eso que muchos no conocen las dimensiones de la obra nueva, sino serían más duros, porque en la zona Norte hay muchos problemas de falta de edificios”.
Un grabador y un portero
El CPEM 83 se creó el 4 de abril de 2005, aprovechando dos aulas de la primaria Nº 112 que quedaban libres después de las seis de la tarde. Comenzaron las clases con 47 alumnos de primer y segundo año. Ese día, no hubo autoridades ni corte de cintas, sólo un portero que aceptó asistir a contraturno y les llevó un grabador prestado, para que no tuvieran que cantar los himnos a capela.
“Teníamos muchos problemas, porque no había un médico permanente en Taquimilán para cubrir la noche y, cuando teníamos cortes de luz por tormentas, no sabíamos qué hacer con los chicos, ya que no podíamos mandarlos a la casa”, rememoró el director.
La situación se complicaba por el virtual aislamiento que provocaba la falta de teléfono. El Consejo de Educación le asignaba un crédito diario al establecimiento para la línea fija que se agotaba antes de las seis y no tenían señal para un celular. Según recuerda Núñez, “era una situación bastante fea, porque uno nunca sabe lo que puede llegar a pasar en una escuela y estaba claro que los chicos querían su edificio”.
Comenzó así la etapa de las notas y reuniones. En diciembre de 2005, les llegó la noticia de que ampliarían el edificio de la primaria. Incluso se empezaron a cortar algunos árboles, pero la obra no llegó. En 2006, el Municipio cedió un terreno para construir un colegio nuevo y se gestionó que el dinero previsto para las aulas se destinara al proyecto del edificio, por más pequeño que fuera. “Pasamos por muchas situaciones de idas y vueltas, desengaños y todo quedó en promesa”, contó el director.
Con cuatro años de espera y un espacio que ya no alcanzaba para los cinco cursos, al comenzar las clases de 2008, alumnos y docentes decidieron hacer una protesta pública. Para lograr repercusión, aprovecharon los festejos por el aniversario de Taquimilán.
El discurso decisivo
“El CPEM 83 fue incluido en un programa de Nación, que es Más Escuelas, y ese programa está avanzando, pero puede llegar a demorar más tiempo que las expectativas que todos nosotros tenemos; entonces, hemos tomado la decisión de, en este mismo mes de julio, hacer los planos y el proyecto para otro edificio”. Con esas palabras, el 2 de junio de 2008, el gobernador Jorge Sapag respondió al reclamo de los estudiantes, que se acercaron al palco con sus pancartas.
La “solución de transición”, como la llamó, consistía en un edificio de menores dimensiones para cubrir la urgencia, mientras se esperaba una obra nacional mucho más ambiciosa, que podía tardar años. Sin embargo, tres meses después y contra todo pronóstico, cuando la Provincia empezaba a levantar las paredes del colegio provisorio, Nación llamó a licitación y adjudicó su obra.
Así, en un informe de 2010 de la ex Secretaría de Educación, Cultura y Deporte, el CPEM 83 figura dos veces: como obra terminada con fondos provinciales, con un costo de 1,4 millones de pesos, y como obra en ejecución del plan nacional Más Escuelas, presupuestada por un valor cuatro veces más alto.
“El nuevo edificio es gigante para nosotros, que somos una escuela chica y recién nos estamos acostumbrando al espacio que tenemos en el colegio que nos dieron”, explicó Vanesa, una de las preceptoras. Contó que el edificio actual, que ocupan desde hace dos años, les exigió un tiempo de adaptación y, si bien veían avanzar la obra de Nación al lado, “no esperábamos que se terminara tan pronto, porque estuvo un tiempo parada”.
“El otro día mirábamos la escuela nueva con los profesores, con todos esos vidrios a un lado y otro de las aulas, en todo el salón enorme que tiene, y decíamos que vamos a tener que ponernos en campaña para conseguir cortinas”, comentó con una mezcla de orgullo y preocupación. Afuera, como anticipo de los desafíos que vendrán, la interminable hilera de ventanas de la mole vecina reflejó el sol brillante del mediodía y la amenazante silueta de un arco de fútbol.
Un gran edificio en un pueblo pequeño
La construcción que realizó la Provincia tiene una superficie de 1.600 metros cuadrados.
Neuquén > El segundo edificio del CPEM 83 es una de las construcciones más grandes de Taquimilán. Junto con el inmueble que hizo la provincia, totalizan 1600 metros cuadrados de aulas y salones, que se distinguen a varias cuadras de distancia y contrastan con las casas del pueblo, de apenas 800 habitantes.
La obra nacional tiene 1200 metros cuadrados, distribuidos en cinco aulas, biblioteca, sala de informática y laboratorio. Cuenta con espacio suficiente para varios proyectos escolares que llevan años postergados, como el taller de artesanías mapuches o el tutor intercultural.
El inmueble, adjudicado a la constructora Copeco, costó en total 4.130.352 pesos. Sin embargo, al diseñar la moderna estructura, las autoridades nacionales no contemplaron la inclusión de un gimnasio que proteja a los estudiantes neuquinos del frío patio escolar.
Si bien el edificio tiene un salón de usos múltiples amplio, no sirve para las clases de educación física por los ventanales que cubren las cuatro caras. “Y es un poco increíble, porque tenemos dos escuelas y vamos a tener que seguir pidiendo que nos presten el gimnasio municipal en el invierno, pero no sé si podemos reclamar más con todo lo que conseguimos”, observó Vanesa, preceptora del tercer ciclo.
Quieren ampliar el albergue
El edificio que construyó la Provincia podría readaptarse para recibir a alumnos de varias localidades vecinas.
Neuquén > El “viejo edificio” que construyó la Provincia, de apenas tres años de uso, todavía no tiene un destino definido. Al menos, por parte de las autoridades. Por eso, fieles a la tradición del colegio, los profesores y alumnos del CPEM 83 se anticiparon al anuncio oficial y ya planean trasladar allí el albergue estudiantil.
El hospedaje ya es una parte fundamental del colegio, porque permite que asistan regularmente a clases los alumnos de las comunidades Huayquillán, de Colipilli, y Quilapi, de Chorriaca, ubicadas a varios kilómetros de distancia. Uno de cada cuatro estudiantes del secundario es de origen mapuche.
“Sabemos que el albergue en este momento tiene problemas en cuanto a su infraestructura y manejo, porque funciona en un inmueble alquilado por el Municipio, y están pidiendo que el Consejo Provincial de Educación se haga cargo de ellos; entonces, estamos de acuerdo en que pasen al edificio que hoy estamos ocupando, con alguna adecuación obviamente”, explicó Miguel Núñez.
También las comunidades de la zona están preocupadas por asegurar la continuidad del albergue. Es que, en pocos años, asumieron al colegio como un espacio propio. Eso llevó a que el CPEM 83 se convirtiera en la primera escuela del país en izar una bandera mapuche. Fue en el inicio de clases de 2011, en un acto que contó con la participación de los loncos e incluyó una ceremonia de bendición.

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