El arquitecto Fernando Cacopardo, mentor de la iniciativa, aclaró que la edificación “es para familias en emergencia habitacional”. De la ejecución participa Edea, el Municipio y los estudiantes de escuelas técnicas
Sin embargo, desde este fin de semana, los Pérez Colacci vivirán bajo un nuevo techo. No será “gracias a Dios”, como reza la muletilla popular y como el propio Carlos expresó. Será, a contramano de todo milagro, por el trabajo conjunto que desarrollaron arquitectos, secundarios técnicos, empresarios eléctricos y autoridades municipales para construir, en 48 horas y por 12.000 pesos, un nuevo “módulo habitacional de rescate social”.
El proyecto, ideado por el arquitecto e investigador Fernando Cacopardo, supone la ejecución de una estructura de ocho por cuatro metros con pilares de hierro, piso de hormigón y techo de chapa con aislante térmico.
Pero aunque su descripción obligue a las mentes a reproducir la típica imagen de la casa del Plan Federal, el mentor de este soporte básico de hábitat aclaró que “no se trata de una vivienda tradicional, sino de una estructura de emergencia ante una severa crisis habitacional”. “Es una puerta de rescate”, definió, y dijo que la estructura reúne “los elementos básicos de un vivir digno”.
A diferencia de otros procesos de construcción, en el que el beneficiario queda exento de toda instancia de cooperación, en la iniciativa creada Cacopardo se prioriza y es fundamental la participación de la familia “rescatada”.
“Es central su presencia en el proceso, porque ellos forman parte del mecanismo de gestión de ahorro de materiales. Nosotros no les hacemos las casas. Las viviendas son un proceso de restitución de derechos humanos y ciudadanos, en donde la base de este trabajo está en las alianzas sociotécnicas y en la participación de la familia”, comentó el arquitecto.
En este sentido, mencionó el compromiso de Edea, para con las conexiones eléctricas y las medidas de seguridad y la predisposición de la Escuela Técnica Alfonsina Storni, que instala el tendido eléctrico y que además de “brindar un servicio solidario habilita a los chicos a hacer una experiencia de capacitación en terreno”.
“Lo básico de esta experiencia es apuntar a los últimos, a los que están en estado de indefensión. Y nosotros no llegamos acá casualmente. En realidad, tenemos una red muy bien armada con los centros de protección de niños, con los centros locales, con las salitas y con el Hospital Materno Infantil, que un poco nos delega los casos urgentes”, apuntó Cacopardo, sobre los modos de detección de las familias en emergencia habitacional.
Lo sorprendente del proyecto, por fuera de lo significativo de la articulación y coordinación de los esfuerzos estatales y privados, reside en el bajo nivel de costos y ejecución de la edificación. Es que con 12.000 pesos, y algunas pocas donaciones, en menos de 48 horas se puede sacar a una familia de una extrema situación de vulnerabilidad.
“Por eso decimos que lo primero que tiene que cambiar es la mentalidad de lo que es una vivienda. De lo que es el estándar básico de una vivienda, porque esta familia vive en una cueva, en el barro, con niveles de derechos humanos lesionados. Para alcanzar ese estándar no se necesita una vivienda del Plan Federal. Estamos hablando de costos de 12.000 pesos, es decir, menos de 300 pesos el metro cuadrado”, razonó el arquitecto, que remató la idea al asegurar que el cambio “tiene que venir desde las instituciones”.
La iniciativa “Hábitat y Ciudadanía”, que encabeza Cacopardo, ya tiene siete años de vida y surge a través de los proyectos desarrollados por la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Mientras los jóvenes estudiantes de la escuela técnica 4 colocaban cables y tendidos plásticos, profesionales de la empresa distribuidora de energía contribuían a que la conexión fuese segura.
En este marco, hasta el terreno de Quebracho al 4800 se acercó el gerente comercial de la firma, Claudio Ledesma. “A nosotros nos parece muy importante participar junto a otras entidades en estos emprendimientos que tienen a dar y garantizar calidad de vida. Tenemos como premisa fundamental que la instalación eléctrica tenga condiciones de seguridad que son indispensables para un buen vivir. Y por eso Edea aporta los materiales y los equipos para poder realizar la instalación con seguridad”, ponderó el empresario, al afirmar que el medido de esta vivienda se regirá bajo los valores de la tarifa social.
LA TRABA, LAS TIERRAS
Alejandra Urdampilleta, subsecretaria de Políticas Sociales, también se hizo presente en la construcción del módulo habitacional de rescate para la familia Pérez Colacci.
En este contexto, y luego de escuchar sus elogios al proyecto, El Atlántico le consultó a la funcionaria sobre la posibilidad de que el Municipio, dado los bajos costos de inversión, impulse un proceso de edificación de soportes básicos para los miles de casos de familias marplatenses en crisis habitacional.
La respuesta de Urdampilleta fue la siguiente: “Son cuestiones que se están estudiando en este momento. Hay un tema que es central en esto y que es la tierra. Mar del Plata no tiene una disponibilidad muy grande de terrenos y hay muchas familias en situación de crisis habitacional que no tienen tierra y están ocupando algunos lotes. Cuando la ocupación no es legal dificulta para el Estado la provisión de recursos. Con lo cual, el primer tema que tenemos que saldar es el de los terrenos”.
“Eso se está estudiando porque es un inconveniente que tenemos. Pero como solución habitacional, como respuesta a una crisis habitacional que tenemos en muchos sectores de nuestra población, esta forma es válida, es económica y apunta fundamentalmente a la organización”, completó la subsecretaria de Políticas Sociales.

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