Todavía el río no está en su altura normal. Y de hecho, hay jornadas en las que se marcan crecidas aunque no significativas; pero pasó que sabíamos que iba a ocurrir: la gente volvería de donde fue retirada porque “no hay a dónde ir”.
Así, hace pocos días El Comercial pudo comprobar que en la zona del barrio El Pucú, en cercanías al centro de salud un par de vecinos comenzaron a levantar casas de material en el lugar que ya fue señalado por el municipio como de alto riesgo inundable ya que se encuentran por fuera de la zona de contención de las barreras.
Esto si bien habla de la irresponsabilidad de la gente, también desnuda una cuestión que sigue haciendo mella en la sociedad formoseña: el déficit habitacional es una realidad que no se puede disimular y bastante lejos está de aquella promesa del Gobernador de “déficit cero” cuando entregó un centenar de viviendas en la Nueva Formosa. Es una actitud de irresponsabilidad pero que fue forzada por el abandono, que siente esta gente, de parte del Estado, a quien acusan de dejarlos al margen de un plan urbanístico.
Recordemos que el río Paraguay tuvo un pico de crecida que llegó a superar los 9 metros y desde el Paraguay advirtieron que posiblemente se vuelva a dar un ciclo de crecida debido al fenómeno climatológico de El Niño que suele llegar en las primeras semanas de noviembre; aunque no será claramente lo que aconteció en los meses anteriores, la gente debe estar prevenida.
Hace pocas semanas desde el Gobierno tanto Municipal como Provincial se procedió a la entrega de viviendas para las familias que estaban reubicadas en el barrio 7 de Mayo y para otras tantas que estaban en la zona de El Porvenir en el Circuito Cinco.
Pero evidentemente no son suficientes y más allá de que a muchos se les dijo que iban a darles módulos habitacionales; la condición era que se destruirían las construcciones precarias que había en las zonas inundables para así evitar que la gente regresara. Evidentemente la desconfianza de la gente y la celeridad con que pasa todo, que no se adapta a la necesidad de las personas, hizo que se volcaran a la construcción por su cuenta en los mismos terrenos que, nunca por dicho, por “naturaleza” no están disponibles para la construcción.
Ante la consulta de porqué han vuelto al mismo lugar del que meses antes les tocó salir forzados por las inclemencias del agua, muchos responden con total sinceridad “¿y a dónde vamos a ir si no tenemos lugar?”, otros, quizás más ingenuos confían en que “seguro ya no va a crecer como pasó ahora, yo confío que no va a crecer más como esta vez (sic)”.
Lo cierto es que hay que hacer algo porque no se puede esperar a que vuelva a crecer el río para evacuar a esta gente y darles un lugar digno.
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