Referentes del sector dicen que se debe a la altas tasas de interés de financiamiento y al bajo nivel de ventas. Apuntan contra la poca previsibilidad de los costos por la inflación y la devaluación del peso.
Piscina con churrasqueras, solarium, gimnasio, sala de reuniones, las promesas de las amenities, una palabra que significa grato, placentero y deleitable, pero no encuentra su lugar en tierras mendocinas.
Obligadas por el bajo nivel de ventas, las empresas constructoras de la provincia han dejado de lado las obras con amenities, para enfocarse en otro tipo de edificaciones.
Más allá de su evolución evidente para los constructores, los servicios que ofrecen las nuevas edificaciones más lujosas sigue siendo el lado más flaco de la construcción privada. “Hace dos años que casi no se construye este tipo de edificios en la provincia”, afirma Fernando Porreta, de la Cámara Argentina de la Construcción filial Mendoza.
“En parte tiene que ver con el bajo nivel de ventas, pero también se relaciona con las pobres condiciones de financiamiento con altas tasas de interés que encuentran las empresas inversionistas”, explicó el experto.
También Jorge Panella, dueño de una empresa constructora, reconoció que los amenities hoy no forman parte de la construcción mendocina, “salvo algunas excepciones”.
“Sólo se están construyendo por fideicomisos que forman grupos de profesionales. Hacen trabajos en negro y consiguen concluir la obra con un costo 40% menor al que debemos enfrentar las constructoras”, denunció.
En tanto, Hugo Gamboa, otro referente del sector de la construcción, coincidió con la lectura de sus colegas y aseguró que “desde hace dos años no hay grandes emprendimientos con amenities”.
Para el experto, el principal problema es la falta de buenas condiciones de financiación, pero no solo para la constructora, sino también para los posibles compradores.
Siendo las construcciones de lujo las más costosas del mercado, se entiende que la falta de financiación haya puesto un freno al desarrollo de ese tipo de obras. Sin embargo, no hay que dejar de lado todos los inconvenientes que implican la inflación, la devaluación y la falta de previsibilidad.
Para los expertos, la imposibilidad de establecer el precio de venta de una construcción con anticipación, elimina casi cualquier posiblidad de venta previa. “Un proyecto grande tarda dos años en construirse. Con la economía argentina es imposible fijar un valor con tanta anticipación. De ahí que se opta por no construir”, indicó Gamboa.
“Ni el vendedor ni el comprador saben cómo comercializar este tipo de propiedades cuando la inflación de materiales ha sido un 42% en un año y es difícil fijar el costo de la mano de obra”, coincidió Porreta.
Por su parte, Ezequiel Buzanti, de Gea Construcción, reconoció la prácticamente nula construcción de edificaciones con amenities y compartió su propia experiencia en la cancelación de una obra.
“Ibamos a construir un edificio con servicios extras con más de 20 departamentos en Luján y tuvimos que pararlo. No lo construimos porque no se consiguieron inversores. Hay incertidumbre para el que vende pero también para el que compra”, comentó.
Repasando la palabra de los expertos, se entiende que el bajo ritmo de construcción de amenities se debe a la ausencia de financiamiento con tasas de interés convenientes para los inversores, a los costos crecientes e impredecibles y a las pocas posibilidades de venta dentro del contexto macroeconómico desfavorable.
Para Oscar de Hoyos, de OHA construcciones, los amenities despiertan la venta si el proyecto es grande y justifique todos los servicios anexos. “En grandes edificios es un extra y logra aumentar las ventas”, subrayó el empresario. Pero hoy ya se sabe, los grandes emprendimientos de edificios con servicios de mayor lujo están parados.
Costos fijo y mantenimiento
No sólo construir y vender es complicado, también el mantenimiento de las amenities lleva a los posibles interesados a reconsiderar la inversión.
Las expensas son altas cuando hay que mantener el gimnasio, la piscina y el salón de uso multimedia. A eso se le debe sumar el costo fijo que implica construir un edificio de esta categoría, cuyo valor varía según la cantidad de departamentos que posee.
“Si es un edificio con 10 pisos, uno de ellos debe ser destinado a piscina, gimnasio y otros servicios lo cual representa en esos casos un 10% del valor del edificio aproximadamente”, apuntó Porreta.
Mercado en retracción
El mercado inmobiliario sigue mostrando signos de retracción y no sale de la crisis a la que entró con el comienzo de los controles cambiarios, a fines de 2011 y que tampoco logró hacer repuntar el fallido intento del Gobierno Nacional cuando instrumentó el Cedin.
El Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires dio a conocer las estadísticas correspondientes a noviembre, que dan cuenta que la cantidad total de las escrituras de compraventa de inmuebles disminuyó 18,1% respecto de igual mes de 2013, aunque, por efecto de la depreciación del tipo de cambio, hubo un aumento de 24,9% en pesos, equivalente a un total de U$S 282,9 millones de dólares al tipo de cambio oficial que informa el Banco Central.
Si se compara la cantidad de ventas contra el mes anterior, la baja fue de 3,1%. En concreto, hubo 409 actos menos que en octubre, con un resultado de 2.717 registros, mientras que el monto total de las transacciones realizadas se contrajo 25,8%, a $ 2.407,8 millones.
El colegio de Escribanos informó que, en noviembre de 2014, se contrajo la cantidad de actos escriturales respecto del año anterior en los segmentos inferiores a los $ 500.000: 44,3% hasta $ 150.000; 44,4% en el siguiente, hasta $ 250.000 y 32,8% en el rango de $ 250.000 a $ 500.000.
Por el contrario, en las franjas superiores subieron 7,5% en el segmento hasta $ 900.000 y 38,8% en la de más de 900.000 pesos.
La franja de más de $ 500.000 representó el 49,7% del total, según datos del Colegio de Escribanos de Buenos Aires publicados por El Cronista.
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