Consignas político-electorales en forma de denuncias

Los gobernantes, políticos y administradores tienen especial obligación de comportarse de un modo íntegro. La confianza, sin embargo, no se compra, ni se fabrica; la confianza se inspira.

Y para que un político nos resulte fiable, de nada vale que haga muchas promesas y buenos discursos o que se mejore artificiosamente su imagen, lo único válido es que resulte convincente y predique con el ejemplo.

Esta sociedad desmoralizada, desalentada y desconfiada necesita grandes dosis de ejemplaridad pública.

Todos tenemos el deber ciudadano de dar ejemplo, pero mucho más los que ejercemos funciones públicas, porque con nuestras decisiones influimos sobre los derechos y los bienes de los ciudadanos.

Actualmente algunos actores, con escasa responsabilidad ciudadana e institucional, promueven en nuestra sociedad la idea de la gestión pública sospechosa. Sin embargo, la cultura vigente y la opinión pública mayoritaria no consideran real expresar que en nuestra provincia se violan sistemáticamente la libertad individual y los derechos de los ciudadanos.

Está claro que éstos no son elementos destacables de esta gestión de gobierno del Dr. Saiz, ni en el ideario y cotidianeidad de nuestra sociedad rionegrina.

Ahora bien, la ampliación de las libertades no garantiza un buen uso esa libertad ampliada. En algunas ocasiones en uso de libertades y de escenarios públicos se utilizan en función de objetivos personales-personalistas y electoralistas no expresados en la superficie.

Basta abrir los ojos para contemplar el espectáculo periodístico de la expresión libre de las consignas político-electorales en forma de denuncias, que ha redundado últimamente en la vulgaridad.

Esta “cultura de la denuncia” se expresa como una manifestación protagónica personalista, sin ajustarse a la necesaria responsabilidad funcional e institucional del cargo desempeñado.

Es necesario que cada uno que tome su rol. Desde el Poder Ejecutivo, los actores políticos ejercemos la función encomendada en forma de política de gestión, con responsabilidad funcional, pero también desde cada uno de los distintos estamentos institucionales se debe ser responsable con la consigna de ejercer la función con moralidad.

Por eso, expresamos con claridad nuestros objetivos, sin ocultamientos de intereses, como parece ser el caso de quienes sistemáticamente atacan la institucionalidad provincial con denuncias carentes de sustento, que sólo quedan en lo mediático y nunca encuentran asidero jurídico, como ya ha quedado demostrado.

Sinceremos posiciones ante la sociedad, para que los rionegrinos no sean partícipes involuntarios de esta interesada prédica de denuncias permanentes por parte de algunos sectores institucionales.

En el escenario actual, muchas de nuestras energías deben estar puestas a disposición de responder el sin numero de requerimientos y pedidos de informe, muchas veces carentes de sentido concreto, que lejos de corresponder a un interés ciudadano, en pos del cual ejercemos nuestra función, solo atienden a intencionalidades efectistas no develadas públicamente, que pretenden corroer la funcionalidad del estado y alarmar e inquietar al ciudadano. Lejos del escenario de la crispación permanente debemos conducirnos en el camino de la ejemplaridad y las conductas edificantes.

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