Por: Leopoldo MoreauEX SENADOR NACIONAL
El llamado de la presidenta Fernández de Kirchner al diálogo político ha suscitado reacciones e interpretaciones de diverso tipo. Si realmente queremos que esta iniciativa no se transforme en una nueva frustración, hay que darle un orden a las cosas. En primer lugar, si se trata de establecer consensos perdurables y no simplemente sacarnos de encima problemas coyunturales, sería absurdo que los partidos fueran convocados sólo para discutir un nuevo régimen electoral mientras los sectores y las corporaciones debaten cómo distribuir la renta nacional, llevar adelante un modelo de acumulación y ejecutar un programa de desarrollo.
Para estos últimos está el debate en el Congreso nacional. Hay que constituir un Consejo Económico Social con participación de los partidos políticos, para asegurar en el tiempo los acuerdos que allí se alcancen.
Respecto a la reforma política, si se sigue sosteniendo un hiperpresidencialismo agotado, las crisis políticas seguirán siendo recurrentes. Es hora de aprovechar este nuevo escenario para avanzar hacia el parlamentarismo y hay que ponerse de acuerdo en promover la inclusión, mediante un régimen de ingreso universal, que se traduzca en un programa de alimentación, salud y educación. El Gobierno debe evitar la tentación de resolver, manipular o condicionar la interna del Partido Justicialista como único objetivo de las reformas electorales que propone. Y la oposición debe eludir el riesgo de ponerse una soga al cuello ejercitando la vocería de demandas sectoriales o corporativas que no tienen fin ni límites. Existe la oportunidad de mirar más lejos y no hay que desaprovecharla.
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