Por el costo fiscal, en Argentina se paga $3 por litro de nafta súper, mientras que en los EE.UU. se paga el equivalente a dos pesos. Juan José Aranguren.
Sin embargo, al comparar las estructuras de precios de los combustibles en ambos mercados, se deben analizar las causas que llevan a consumidores de un país en desarrollo y casi autoabastecido a pagar por un mismo producto más que los ciudadanos
de un país desarrollado que importa la mitad de lo que consume.
En la estructura del precio de la nafta súper se identifican tres factores económicos: las petroleras, el fisco y los operadores de estaciones de servicio.
En la Argentina, el precio que pagan los clientes por litro de nafta súper se distribuye de la siguiente manera: petroleras (46,2%), fisco (45,4%) y estacioneros (8,4 por ciento).
En Estados Unidos, la estructura del precio de la nafta súper muestra una distribución completamente distinta: petroleras (86%), fisco (11%) y estacioneros (3 por ciento).
Tanto es así que, si en la Argentina se paga hoy un promedio país de tres pesos por litro de nafta súper, en Estados Unidos sus habitantes apenas pagan el equivalente a dos pesos por litro del mismo producto, es decir, un 33% menos.
Sin embargo, una petrolera en el país del Norte recibe $1,73 por litro y la local, $1,41 por la misma cantidad, un 23% menos. Asimismo, el fisco del país del Norte obtiene $0,21 por cada litro de nafta y el fisco local embolsa $1,34 por litro, la friolera de 538% más. Ideologías de lado, yendo a las efectividades conducentes, es más que evidente el porque la nafta criollita cuesta más que la del deficitario país del Norte.
Adicionalmente, para responder por qué la nafta local no desciende al bajar el precio internacional, es bueno aclarar que la refinería que la produce debe hacer frente al costo de su principal insumo, el petróleo crudo.
Cuyo precio, en la Argentina del vivir con lo nuestro, está fijo en valores que oscilan ente 42 y 47 dólares por barril para sus variedades pesado y liviano respectivamente, precios que le permiten al productor local recibir un ingreso neto de gastos entre un 55% y un 33%, respectivamente, superior al que recibe cuando exporta.
Más aún, si volviéramos el reloj atrás y nos situáramos en la relación que regía libremente los acuerdos entre refinadores y productores de petróleo crudo previo
a la funesta resolución 394 –antecesora filosófica de la más famosa y no por ello
menos dañina resolución 125 agraria– hoy se estaría pagando 44% menos en pesos por el petróleo crudo pesado local, lo cual permite explicar en parte por qué el precio de los combustibles ha aumentado aproximadamente un 30% en el transcurso del año.
Sin duda, ha llegado el momento de revisar si la política de aislarnos del mundo permitirá un desarrollo armónico y sustentable de nuestra economía.
*Presidente de Shell Argentina

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