En un confuso episodio, el subjefe de esa repartición atacó a tiros a su superior por causas que son motivo de investigación. La agresión se inició en el interior de la dependencia policial y la víctima, quien recibió siete disparos, dos de ellos en la cabeza, fue ejecutada en la vereda de una casa vecina.
En tanto, otro huía del lugar con dificultad, pues un proyectil había alcanzado una de sus piernas.
El infierno de balas y sangre se desató alrededor de las once de la mañana de ayer en calle Hermanos Wagner casi Melvin Jones.
En una reacción intempestiva, el subcomisario Marcelo Cascio habría tomado su arma reglamentaria y comenzado a disparar contra su superior, comisario inspector Lic. Héctor Eduardo Bravo.
El instinto de preservación lo llevó a salir del edificio, pero su subalterno lo siguió, según las primeras versiones del hecho.
En la vereda de una casa contigua a Criminalística, el herido cayó al piso. Quien lo perseguía, efectuó algunos disparos más, casi a quemarropa.
Pero no iba a ser el único blanco de la demencial balacera, pues Cascio también habría herido de un disparo en la ingle al oficial inspector Lic. Juan Conci y en la pierna al cabo Diego Ledesma.
Éste último consiguió escapar hacia la calle y por Hermanos Wagner llegó hasta inmediaciones del jardín de infantes Nº 72 “Bambi”.
Los docentes, alarmados por los estampidos, salieron a la puerta. El suboficial les pidió que regresaban al edificio y que protegieran a los niños, pues un policía estaba haciendo disparos.
En el vecindario, la noticia corrió como reguero de pólvora, en particular cuando numerosos móviles de la fuerza arribaban al lugar con sus sirenas encendidas.
Se bloquearon las calles adyacentes y el nerviosismo se contagiaba a civiles y uniformados, ante la incertidumbre de no saber con precisión que estaba sucediendo.
Cuando arribó el jefe de la Departamento Centro, comisario mayor Mario Jiménez, encontró agonizando en el piso a Bravo. De inmediato, en una ambulancia lo trasladaron hacia el Hospital Regional.
Los profesionales lograron sacarlo de un primer paro cardíaco, pero poco después expiró.
Minutos más tarde, arribó al centro asistencial Conci, mientras que en un patrullero trasladaron a Ledesma.
El primero de ellos fue intervenido quirúrgicamente en horas de la siesta, mientras que a su colega le hicieron las primeras curaciones y se comprobó que no era de gravedad su lesión.
Diálogo telefónico
Después de consumar la agresión, Cascio ingresó en la vivienda donde funciona Criminalística y se encerró en una oficina de la planta alta.
Allí comenzaría una tensa negociación para intentar convencerlo de que se entregara.
Sobre esa instancia, el juez penal de turno, Ramón Tarchini Saavedra, reveló: “Por vía telefónica yo intenté persuadirlo; inclusive se llegaron al lugar su esposa, una hermana y un hermano. A medida de que los efectivos policiales que estaban adentro del edificio trataban de acercarse se iba negociando, pero fue una situación de mucho riesgo, tanto para los que estaban adentro como afuera, teniendo en cuenta que estaba armado”.
Cuando ya no le quedaron balas en el cargador (ver aparte), personal del Getoar irrumpió en la habitación y redujo al subcomisario.
Lo subieron a una camilla y raudamente lo trasladaron por medio de la calle hacia una ambulancia del Sease.
En un primer momento, se pensaba que Cascio se había intentado suicidar, pues se escuchó un tiro y a los pocos minutos lo sacaron en camilla.
Sin embargo, el propio magistrado se encargó de aclarar que el presunto agresor no fue lesionado y que se lo trasladó al Hospital Regional para que se lo sedara y controlara por los médicos.
A las 12.30 terminó la tensa situación, luego de lo cual comenzaron a trabajar los peritos de Criminalística de la Departamental Banda.l
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