Hoy se conmemoran los 164 años de la muerte de Pedro Ignacio de Castro Barros, el riojano más representativo que tuvo La Rioja hasta después de 1816. Se diagramaron actividades para la fecha, mientras que se anunciará la publicación de un libro por parte del Congreso de la Nación Argentina.
Castro Barros además de ser un hombre de la fe, puesto que era presbítero, también era un hombre que sabía interpretar lo que pasaba en esos albores de una nueva y futura nación. Fue un hombre muy comprometido, pero que hasta la fecha, todavía no se lo puede catalogar o encuadrar en los dos proyectos de país que se debatío durante buena parte del Siglo XIX: Unitarios o Federales.
Este año se lo enmarca a su aniversario de fallecimiento dentro de todos los acontecimientos que se celebran del Bicentenario de la Asamblea del Año XIII, puesto que Castro Barros fue un congresal dentro de ese Congreso que puso fin a los instrumentos de tormento, a la esclavitud y que dio al Himno Nacional el título de canción patriótica.
Al respecto, Aurelio “Alilo” Ortíz, quien es el actual director del Museo de Castro Barros en la localidad de Chuquis informó acerca de las actividades que se desarrollarán hoy con motivo del aniversario del fallecimiento del procer riojano. También destacó el libro que será publicado por el Congreso de la Nación, de su autoria, que recaba minuciosamente toda la vida, obra y legado de Castro Barros, mientras que impulsa que la Legislatura Provincial le publique el sermón que Castro Barros dio el 25 de mayo de 1813, apenas tres años después del primer grito de libertad de los argentinos (Ver página 12).
Hoy a las 10.00 funcionarios del departamento Castro Barros y de la Secretaría de Cultura participarán de un acto conmemorando un aniversario más de la desaparición física del clérigo riojano, en el atrio de la Iglesia Catedral.
Con la presencia del Intendente del departamento costeño, Marcelo del Moral acompañado por parte de su gabinete, el diputado Oscar Martinelli, el Secretario de Cultura de la Provincia, Pedro Agost, directores y coordinadores del área se llevará a cabo un acto recordando la figura del prócer riojano.
De la mano del director del Museo de Castro Barros en la localidad de Chuquis, Aurelio “Alilo” Ortiz, se concretará en las escalinatas de la Catedral, donde reposan los restos de Pedro Ignacio de Castro Barros, una conmemoración con entrega de ofrendas florales a 164 años de la muerte del sacerdote acaecido en Santiago de Chile en 1849.
De qué lado ubicarlo
Aurelio Ortiz es un investigador de la vida de Castro Barros. Es un defensor de lo que hizo Castro Barros, aunque siempre destaca que hay que investigar más sobre la vida del procer riojano. De hecho obtuvo la venia para que el Congreso de la Nación le publique un libro del cual viene trabajando desde hace más de cuatro años, sobre la vida y legado del presbítero Castro Barros. En tanto que se lamentó que solamente se publicaran 100 ejemplares de una recopilación de los manuscritos de la Asamblea del Año XIII, acción que según Ortiz se omitió citar la fuente, que el Congreso para el Centenario de esta Asamblea publicó.
“Esto fue hecho en 1913, y había más manuscritos. Pero lo interesante de esta publicación es que se hagan más, para que se la difunda en las escuelas, en los profesorados. Todavía no hay mucha difusión de lo que pasó en esa Asamblea del Año XIII. En La Rioja, muchos creen que Castro Barros fue solamente un congresal, y muchos lo ubican en el Congreso de Tucumán para declarar la independencia. En realidad, Castro Barros fue congresal de la Asamblea, pero entró en 1814. Antes era otro el congresal por La Rioja. Tampoco se le da la difusión porque no se le da importancia sobre lo que pasó en ese 1813”, aclaró Ortiz. Para él, muchos de los temas que se tratan en la actualidad, ya fueron vistos en esa Asamblea. “El primer indicio que la Argentina se preocupaba de los derechos humanos es en esa Asamblea. Hay que acordarse que fue aquí que se abolió los instrumentos de tormento y la esclavitud, entre otras medidas. Lo mismo pasa con la moneda, se indicó que se acuñara una moneda argentina”, agregó.
Para “Alilo”, Castro Barros fue una persona comprometida con su tiempo, “siempre se dejó guiar por sus principios”. En tanto que recordó que luego de la Asamblea del Año XIII estaba previsto un congreso para determinar una constitución. “Rivadavia era el presidente en ese entonces y cuando vio que la constitución tenía olorcito a federal, decidió disolverla, porque no había mayoría. Ahí es donde reflexiona Castro Barros sobre la mayoría. ‘Simplemente es la razón para que sigan los despótas y las acciones de la barbarie’, así decía Castro Barros, un concepto que se lo podría trasladar a la fecha”, aclaró.
También reconoció las serias diferencias que siempre tuvo con Bernardino Rivadavia y con Sarmiento, por su acercamiento con Facundo Quiroga. En su vida también hizo algunas alianzas momentáneas con el unitario José Maria Paz. Esas amistades es las que le valió esa ambivalencia, que hasta hoy no se lo puede encuadrar. Por un lado, Ortiz aclaró que en el caso puntual con Paz fue por el momento en que se vivía en Córdoba, donde la gente perecía de hambre. Por el otro lado, hay historiadores como Víctor Robledo que desde un principio indicó que Castro Barros defendió el modelo unitario y el poder centralista en la Argentina.
Aurelio Ortiz indicó que pese a su enorme distanciamiento con Domingo Faustino Sarmiento, por su amistad con “El Tigre de los Llanos”, fue el “padre del aula”, quien despidió los restos de Castro Barros en Chile, cuando falleció ese 17 de abril de 1849.
“Sarmiento lo despidió diciendo que no compartía sus ideales, pero no podía negar que era un argentino con todas las de la ley”, informó Ortiz.
“En una carta de Castro Barros al Arzobispo de Santiago de Chile le pone: ‘Atento a su consulta’, es decir que era una personalidad respetada en otro país. Lo mismo que en Mendoza, alguien le manda una sugerencia al Nuncio sobre quién podría ocupar el cargo de Obispo. Les dice que hay varios curas que pueden ocupar el lugar, pero lo nombra puntualmente a Castro Barros. Eso marca a las claras la figura que trascendía los límites de la Provincia”, opinó.
En una entrevista publicada por NUEVA RIOJA, Victor Robledo definió a Castro Barros como “hombre de un alto nivel intelectual, fue un apasionado por la política y por la religión. No dudó en defender su condición de católico. En política siempre fue un liberal, se inclinó al centralismo. Se definió como un hombre que defendía el centralismo, el régimen unitario para ser más claro. La verticalidad fue una cuestión que defendía a ultranza. Por eso apelaba al régimen monárquico en lugar al régimen horizontal”.
“Su presencia en la Asamblea del Año XIII fue importante. Hay un hecho que es para destacar que es que José Gervasio de Artigas instruye a los representantes de la Banda Oriental en poner una constitución federal, representativa y republicana, pero son expulsados de la Asamblea. En el año ‘16 la idea se inclinaba por el régimen monárquico. Y allí se inclina por esa idea Castro Barros. Pero antes de estar en el Congreso es mandado a mediar con Güemes en Salta”, aseveró Robledo.
La historia cuenta que Güemes estaba molesto porque se decía que un enemigo de él en Salta iba a ser elegido Director Supremo, y la posición de Güemes era más que estratégica en defensa de la revolución de mayo de 1810.
“Le garantiza que no iba a ser Director Supremo y que Rondeau iba a ser removida por Belgrano en el Ejército del Norte. No fue al vicio a Tucumán, tuvo un rol importante”, añadió.
“Le tocó presidir en dos oportunidades la presidencia del Congreso. No a todos los congresales le tocó esa misión e inclusive dio la misa de celebración cuando se celebró la Independencia, pese a que había muchos sacerdotes como congresales, el caso más claro es que estaba presente Fray Justo Santa María de Oros de San Juan”, aseveró.
“Luego se va a Buenos Aires como representante de La Rioja y sanciona la constitución del ‘19 que fue muy discutida, la más centralista de las dos, en comparación con la del ‘26. Luego empieza su relación con Facundo Quiroga. Los une el espanto contra Rivadavia. El tema de la reforma de la Iglesia en el País, para conquistar la amistad de gran Bretaña no es vista con buenos ojos por Pedro Ignacio de Castro Barros y de allí sale la famosa bandera: ‘Religión o Muerte’. En realidad era de la bandera de Los Infernales de Güemes, pero la frase le corresponde a lo que pregonaba Castro Barros”, siguió contando el historiador, quien definió a Castro Barros como un hombre centralista.
“Su amistad con Quiroga va a terminar cuando es designado en el Obispado de Córdoba. En la Batalla de La Tablada, y cuando Paz es tomado prisionero por López, Castro Barros también es tomado prisionero. Luego pasa a Buenos Aires y de allí al exilio. Pasa a Santiago de Chile y escribe mucho, hizo varios escritos, ensayos, hasta cumple la función de periodista”, aseveró.
Sobre los últimos años comentó que murió en el año ‘49 y muy enfermo.
Según un libro de “Alilo” Ortiz
Su vida entre la fe y el tiempo político
Juan Aurelio Ortiz publicó en el 2008 el libro “¿Quién fue Castro Barros?”, y la publicación cuenta con el apoyo del Gobierno de la Provincia por parte de la ley Nº 6539.
En sus primeras páginas, Ortiz escribió que siempre se sostuvo que el día del nacimiento de Castro Barros fue el 31 de julio de 1777.
“Algunos historiadores se aventuran a decir otras fechas. Si su primer nombre es Pedro, es por la costumbre de que un hijo lleve el nombre de su padre. Mientras que el seginmdo. Ignacio, obedece a la costumbre de ponerle el nombre del santo que marca el almanaque. En este caso, el 31 de julio, día de San Ignacio de Loyola, del que después será un gran devoto. Curiosamente, nació y murió un años antes que San Martín”, puntualiza.
“Su padre fue el salteño Pedro Nolasco de Castro y Paz y su padre la riojana francisc Jerónima Barros Aguilar. En 1926 se confeccionó su árbol genealógico ehasta la tercera generación, que coincide con un documento escrito por él. Allí se menciona que sus hermanos fueron Francisca Justa, Juan Basilio, José Domingo, Francisco Solano y Juan Vicente”, escribió en torno a sus hermanos y parientes.
“Cuanto tendría unos diez años, abandonó la casa paterna y se trasladó a Santiago del Estero. Allí completó los primeros elementos del saber con don Inocencio Arias, amigo de la familia. En el museo se conserva la gramática en la que estudio latin. En 1791 se trasladó a Córdoba para hacer humanidades, retórica y filosofía en la universidad, siendo favorecido con una beca de estudio que le otorgó el gobernador, a solicitud del director padre Súlivan, que le posibilitó vivir en el colegio Monserrat, que en ese tiempo era “convictorio” o pensionado y no tanto un colegio como lo es hoy. Entre los títulos que fue obteniendo durante su carrera se mencionan el maestro en filosofía y artes, doctor en teología y posteriormente bachiller en derecho civil. A todo esto, ya había sentido el llamado de Dios al Sacerdocio”, puntualiza en torno a su pasión por la fe católica. El 31 de diciembre de 1800, monseñor Ange Mariano Moscoso lo ordenó sacerdote.
“En La Rioja que dependía de la diócesis de Córdoba del Tucumán, fue cura y cario foraneo. Entre sus obras se cuenta la de la construcción de una nueva iglesia matriz en el terreno que hoy ocupa la Iglesia Catedral”, cita este libro que tiene paso por paso, los principales hechos en la vida de Castro Barros.
“Llega la Asamblea del Año XIII. Dado que los dirigentes riojanos no se ponían de acuerdo para designar su diputado, ocupa ese cargo Ugarteche, un paraguayo radicado en Buenos Aires. Al renunciar éste porque la Asamblea le encarga otra misión, los riojanos envían a Castro Barros, quien llegará a ocupar la vicepresidencia hacia fines de 1814”, asevera.
“Otra cosa digna de ser rescatada para este trabajo es que ese 9 de juilio después de jurar la independencia y firmar el Acta, los congresales lo eligen para predicar en la ceremonia de acción de gracias. ¡Y eran 21 sacerdotes diputados! Por esa razón se lo suele llamar “el predicador de la Independencia”, en contraposición con fray Mamerto Esquiú, “el predicador de la Constitución”.
En este libro, apunta a la persecución que sufrió Castro Barros y directamente apunta al sector del federalismo. “Particularmente del santafesino Estanislao López, quien cree ver una connivencia con el unitarismo del general Paz. Pero él apuntaba a los grandes principios doctrinales y no a los problemas coyunturales”, dice el libro.
Sobre su muerte directamente fundamenta en una litiasis o “enfermedad de la piedra”. “Para usar un término más nuestro diríamos cálculos, aunque no sabemos a qué. Posiblemente al hígado, teniendo en cuenta su notable actividad intelectual y el ineludible nerviosismo que le provocarían los problemas y conflictos que vivió”, agrega el libro, donde expone todos los que hablaron en su sepelio.
“Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de La Recoleta en Santiago. En 1862 fue retirado y trasladado al monasterio de Santa Rosa, donde era capellán su sobrino nieto José Vitaliano Molina, quien redactó la siguiente lápida que hoy se encuentra junto al mausoleo”, cita el libro.
“El regreso de Castro Barros a su Riojana amada se concretó el 25 de mayo de 1926, luego de haber recibido a su paso homenajes en Mendoza, Río Cuarto y Córdoba. La historia y los trámites fueron recopilados por el sacerdote riojano Juan Carlos Vera Vallejos en el libro A través de los Andes. Durante muchos años sus restos estuvieron en una urna de mármol a los pies del crucifijo en el interior de la Iglesia Catedral”, dice el libro, mientras que luego de varios intentos, finalmente en octubre de 1877, se erigió el monumentro “congresado a la memoria del gran Castro Barros”, finaliza el libro “¿Quién fue Castro Barros?” de Juan Aurelio Ortiz.
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