El prolongado conflicto docente sigue -se votó la continuidad del paro en el gremio ATEN- cada vez más cerca del filo de la cornisa, porque el gobierno no tiene más salida que negociar salarios en junio, y no ahora; y porque el gremio sigue derecho hacia las medidas más extremas, que ya ha practicado parcialmente, como el corte de rutas.
Esto se traduce en los vaivenes dirigenciales de los sindicatos, y en la fragmentación inevitable, incluso en lo que hace a representaciones políticas.
También es una situación incómoda para el gobierno, pues no ha podido asegurar el servicio educativo con la normalidad necesaria, y los resultados siguen siendo muy malos, y nada indica que este año vayan a mejorar. Además, se ve empujado hacia la posibilidad de algún desborde represivo en tanto y cuando el gremio coquetea con esa posibilidad al bloquear rutas.
Una de las principales preocupaciones de Jorge Sapag es caminar por ese delgado hilo que tiene a un lado el fracaso de la autoridad institucional, y del otro una cara represiva que no quiere mostrar. “Este gobierno no reprimirá”, dijo este mismo miércoles 10 de abril el gobernador; pero al mismo tiempo sostuvo que “no permitiremos que grupos minúsculos de 10 ó 20 personas corten la ruta”.
En este contexto, el conflicto docente puede salirse de cauce y desbarrancar, para algunos de los dos bandos en pugna, o para los dos, si no tienen la prudencia o la habilidad suficiente.
Es una situación desgraciada, si se tiene en cuenta que el conflicto ha permanecido con bajo acatamiento, y es cada vez más evidente una puja acotada a la corporación estatal, que deja afuera a la absoluta mayoría de la población civil.

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