Acordaron con la Fiscalía en un juicio abreviado cumplir las penas de ocho años y 10 meses, y siete años por los delitos de Robo calificado y Portación de arma de guerra.
Las pruebas eran suficientes como para que en un debate los acusados reciban una condena más dura aún. Por ello, asistidos por la defensora oficial Lucrecia Sabella, eligieron negociar con el fiscal de cámara Rafael Cotorruelo, evitar el juicio, reconocer la autoría de los delitos y acordar dichas penas.
En la causa tanto las testimoniales de la víctimas, como de los policías que detuvieron a los ladrones, los elementos secuestrados y pericias como huellas dactilares levantadas en el lugar del hecho, eran pruebas contundentes que demostraban el raid delictivo protagonizado por Basualdo y Bustos la tarde del 29 de marzo de 2012.
Alrededor de las 19 de aquel día, ambos ingresaron al local de venta de celulares y accesorios de calle Almafuerte 808. Uno cerró la puerta y el otro con una pistola 9 milímetros amenazó a dos empleadas, al dueño del local y a su hijo. Los metieron en el fondo del local, mientras cargaron en un bolso el botín: unos 11 celulares y numerosos accesorios. “Al que se levante le pego un chumbazo”, dijo uno de los asaltantes a las víctimas, y se dieron a la fuga.
Los vieron por las cámaras del local que se iban y doblaban por calle Artigas. El dueño del negocio y su hijo los corrieron hasta calle Maciá, donde Basualdo y Bustos quisieron abordar dos autos, quienes lograron huir a tiempo, luego intentaron robar una moto a una mujer y en el intento la hicieron caer al asfalto. Hasta que asaltaron a un hombre que estaba en su auto esperando detenido esperando para cruzar. Lo hicieron bajar apuntando con el arma, se subieron y escaparon a toda velocidad en el Fiat Duna.
El dueño del local llamó al Comando Radioeléctrico, y contaba lo que veían mientras perseguía a los ladrones. El personal de la Dirección Investigaciones halló abandonado el vehículo en calle Vera Peñaloza, casi El Paracao, por lo que se sospechó que los asaltantes estaban refugiados en la Villa 351. Un grupo de policías de la división Robos y Hurtos se introdujeron en este barrio, y vieron a Basualdo con el arma de fuego en su poder, corrió y se metió en una precaria vivienda. Allí los uniformados lo encontraron con Bustos y el botín robado: la mochila con celulares, cargadores y auriculares sustraídos, que aún tenían los envoltorios con el nombre del local comercial asaltado.
El 1º de marzo de este año, Basualdo cometió otro asalto, pero esta vez en complicidad de Carlos Pérez Arapi, uruguayo de 29 años, y María Eugenia Larrosa. La mujer se subió a un remís de la empresa Ciudad Paisaje, que la condujo hasta Oro Verde. Frente al polideportivo hizo detener la marcha al chofer, cuando repentinamente lo abordaron los dos hombres, quienes con un chuchillo en el cuello lo hicieron bajar y luego intentaron meterlo en el baúl. Pero el remisero forcejeó y logró escapar. Tras llamar a la Policía, comenzó la búsqueda y los encontró en la garita de parada de colectivos sobre la ruta 11, en Colonia Ensayo, con elementos que estaban en el interior del auto. Luego, hallaron el Fiat Uno abandonado en un camino vecinal.
Basualdo aceptó la pena de ocho años y 10 meses de prisión; Bustos a siete años; el uruguayo Pérez Arapi acordó cinco años, en tanto que Larrosa la misma pena, pero de cumplimiento domiciliario.
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