Los afectados fueron dos hijos biológicos y uno de su pareja. Se trata de un hombre de 52 años que también amenazaba a las víctimas, dos varones y una nena, con matarlas y las sometía a castigos.
La historia de los abusos sexuales que padecieron los tres menores es conmovedora. El ahora condenado nació el 7 de marzo de 1961. Si bien se reserva su identidad para no revelar las de las víctimas, que llevan su apellido, trascendió que conoció a una mujer a principios de la década pasada y estuvo en pareja con ella siete años. Siempre vivieron en fincas de Fray Luis Beltrán, en Maipú. La mujer tenía un hijo, pero esto no fue obstáculo alguno para formalizar. Es más, después de un corto tiempo, nacieron dos niños fruto de esa relación.
Pero, en el 2008, todo cambió: se conoció que había un Chacal en Fray Luis Beltrán. El hijo de su pareja lo denunció por abuso sexual. Y relató la violencia física y verbal a la que fue sometido durante cinco años, iniciándose en diciembre del 2003. Describió ante las autoridades judiciales y policiales que su madre sabía lo que estaba padeciendo y aseguró que sus hermanitos también eran vejados.
La Justicia de Familia retiró a los tres menores de la casa que compartían con el sospechoso mientras se desarrollaba la investigación penal y los derivó a un hogar de contención, la Quinta Betel. Mientras esto sucedía, comenzaron a realizarle pericias psicológicas y psiquiátricas.
La fiscal anexó en la instrucción un informe del Grupo de Alto Riesgo del Hospital Metraux con respecto al joven mayor que denunció los abusos, que comprometía al acusado: “Presenta pthirus pubis –ladilla– en las pestañas, infección que se da cuando el contacto es íntimo o por fómites, por lo que se comienza a sospechar un posible abuso sexual”.
La esposa del condenado también declaró en el expediente y contó que el hombre era violento con ella. Dijo que la castigaba con golpes de puño, con un cinturón y un palo de escoba. Y agregó que, una noche, prendió la luz del dormitorio donde dormían todos, el único de la casa, y lo vio desnudo, encima de su hijo (el más grande), quien tenía los calzoncillos bajos. El hombre, explicó la mujer, siempre le decía que fuera a dormir con él, “a lo que el niño accedía llorando, después de recibir golpes”.
La niña de 10 años también accedió a hablar. Lo hizo en un primer momento con la directora del hogar donde había sido derivada cuando relató que su padre “se subía a su cama y le hacía cosas, señalando como que le introducía algo en la vagina”. Algo que llamó la atención a los psicólogos es que la pequeña le tenía terror a los ponis que había en una de las fincas donde vivía. Esto, relacionado a que, cuando su progenitor la castigaba, la llevaba a un establo donde un caballo petiso asomaba la cabeza, “lo que le provocaba el miedo”.
Por último, el varón más chico, el de 8, también presentaba signos de abuso sexual. Para los profesionales de la salud mental, quizá, es el que más consecuencias padece después de los abusos sexuales.
La elevación a juicio de la fiscal Moya, sostiene: “No se expresa bien, no sabía comer, andaba como un perro por el suelo y comía como un perro. Padece un retraso mental (producto de los abusos) que le impide ser evaluado psíquicamente. La titular del hogar donde estuvieron alojados los niños, contó en la causa que la niña le dijo que su padre, después de los abusos, los juntaba a los niños y los amenazaba de muerte si lo denunciaban. La pequeña agregó que, en una oportunidad, el hombre le cortó la cabeza a un perro ante ellos y les dijo que si hablaban sobre los abusos, les iba a pasar lo mismo.
Por estas y otras pruebas, el tribunal compuesto por Gabriel Urciuolo, Belén Salido y Agustín Chacón, decidieron condenar al Chacal de Fray Luis Beltrán a la pena de 20 años de cárcel, por lo que continuará alojado en el pabellón de abusadores sexuales de Almafuerte.
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