Lo condenan por matar a su amigo de una puñalada cuando dormía

Lo condenan por matar a su amigo de una puñalada cuando dormía
Los dos hombres se habían peleado en una fiesta. El asesino volvió con un cuchillo y se lo clavó en el pecho. Los jueces le dieron 8 años de cárcel.

Carlos Aigo fue condenado ayer a ocho años de prisión por el asesinato de su amigo Rafael Martínez. El hecho ocurrió el año pasado, luego de que ambos discutieran en una fiesta. Aigo volvió y apuñaló a Martínez mientras dormía. Los jueces entendieron que se trató de una venganza premeditada. Y la defensa no pudo imponer la idea de que fue un caso de emoción violenta.

El crimen ocurrió en la madrugada del 5 de abril de 2012, luego de una fiesta en la que ambos hombres discutieron. Allí, la víctima había utilizado una botella rota para herir a Aigo en la cara.

Los jueces que integran la Cámara Criminal Segunda, consideraron probado que el agresor apuñaló en el pecho a Martínez mientras éste dormía en la planta alta de la casa de un amigo, en la que se había realizado la fiesta, una vivienda de la manzana M. lote 35 del barrio Villa Ceferino.

Los testigos que declararon en el juicio contaron que Aigo llegó a la casa a los gritos y señalándose la cintura con vehemencia. Luego de patear la puerta y forcejear con algunos de los presentes, Aigó buscó a Martínez. Lo encontró acostado en la planta alta.

En pleno forcejeo, el agresor sacó un cuchillo de cocina que sostenía con un cinturón y se lo clavó en el pecho.

Los peritos confirmaron que durante la fiesta Aigo había consumido drogas y alcohol en abundancia.

En su estrategia, la defensa sostuvo que Aigo reaccionó violentamente porque antes había sido agredido por Martínez. Con ese argumento, intentó sostener la idea de que se trató de un crimen cometido bajo estado de emoción violenta.

Por el contrario, los jueces sostuvieron que Aigo tenía planeado asesinar a su amigo, ya que al forecejar con él y sacar el cuchillo tenía "plena conciencia, aunque en un estado de ira”.

“No es un dato menor el aportado por los testigos sobre el modo en que Aigo ingresó a la vivienda. Intentó entrar por la puerta de adelante, pero al serle vedado el paso, se dirigió a la puerta de atrás, que sabía que siempre estaba abierta. Por ella iban al baño durante la fiesta. Esto habla de una actividad no sólo consciente -cuestión que aquí no se discute- sino con una importante mediación de la conciencia y voluntad sobre las emociones”, agregaron los jueces durante la lectura de la condena.

Luego de matar a Martínez -siempre según el relato de los testigos- Aigo abrazó a su amigo y se puso a llorar. Poco después intentó escapar. Para los jueces, esto último fue una prueba más de que el asesino comprendía perfectamente lo que había hecho.

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