El hombre de 85 años, en silla de ruedas, le pegó tres balazos a la mujer. Su primera esposa murió de manera misteriosa.
Un femicidio con características inusuales: eso es lo que se juzgó ayer en la ciudad cordobesa de Villa María. En un juicio abreviado fue sentenciado a prisión perpetua un anciano de 85 años que asesinó de tres balazos a su esposa, de 76, porque se negó a darle los 300 pesos diarios que le exigía para ir al casino.
Lo inusual, además de la edad del homicida, es que éste fue llevado ante los jueces en silla de ruedas y reconoció con frialdad que ejecutó a su mujer. A la hora de recibir la pena a perpetua, Juan Atilio Pagliarone no se inmutó. Estas características son las que llevaron al fiscal Francisco Márquez, horas antes, a describirlo como un hombre “frío, calculador, agresivo y manipulador”.
Pagliarone adujo problemas de salud e intentó evitar estar presente en la sentencia, pero los médicos judiciales constataron que estaba en buen estado y debió escuchar la pena.
Luego fue llevado a la cárcel, aunque en los siguientes días su abogado pedirá la prisión domiciliaria aduciendo la edad de su cliente y que la cárcel no tiene las instalaciones necesarias para un hombre en silla de ruedas.
El Tribunal, acompañado por 12 jurados populares, dictaminó la pena en forma unánime. De este modo se cerró judicialmente el crimen de Rosa Ramona Santopolo, cometido el 5 de febrero de 2013 en una casa de calle 9 de Julio al 300 de Villa María.
De tres balazos. Pagliarone y Santopolo eran viudos. La primera esposa del anciano murió luego de supuestamente suicidarse arrojándose en un aljibe. Pagliarone llegó a Villa María en 1988 y entonces conoció a Santopolo, una mujer de buen pasar económico, de acuerdo con El Diario de Villa María.
Durante el juicio quedó esclarecido que Pagliarone, señalado por sus propios vecinos como un hombre “irascible”, tenía problemas con el juego y que permanentemente discutía con su esposa por esta adicción.
Su compulsión llegó a tal punto que le exigía a la mujer 300 pesos diarios para jugar a las cartas o apostar. Por esto es que Santopolo habría iniciado a fines de 2012 los trámites para divorciarse por segunda vez en su vida. Algo que finalmente no pudo ser, ya que en la siesta del 5 de febrero de 2013 se negó a darle dinero y sufrió tres balazos calibre 22.
La mujer intentó huir despavorida del ataque, pero las balas dieron en el blanco y quedó tendida junto a la escalera que da a la planta alta de la vivienda.
La Policía llegó alertada por vecinos y se dio con que el acusado estaba encerrado en el baño. “Ya va, me estoy lavando las manos”, respondió Pagliarone cuando los uniformados golpearon la puerta. A la hora de describir el crimen, el fiscal Márquez graficó que el anciano asesinó a su esposa “sin piedad, a la carrera, como si fuera una liebre que va por el campo”.
Al ser un juicio abreviado, todo el proceso duró dos horas y media.
Encuentran el auto, pero no al femicida
La División Homicidios de la Policía no había encontrado (al cierre de esta edición) a Carlos Alberto Molina (41), imputado por el asesinato de su pareja, Silvana Córdoba (42), hallada en la noche del domingo en su casa de barrio Parque Norte.
El “avance” de ayer fue el hallazgo del Chevrolet Corsa –propiedad de la víctima– en el que habría escapado el acusado luego de presuntamente matar a Córdoba de varios golpes en la cabeza.
Molina había estado preso por un caso similar, cometido el 17 de julio de 2007 en barrio El Quemadero, en las afueras de la ciudad. La víctima fue Elsa Susana Cano (35), ama de casa, madre de cuatro hijos, que llevaba 12 años en pareja con Molina. En el juicio, el hombre fue condenado por la Cámara Sexta del Crimen a sólo tres años de prisión condicional.
Ahora es blanco de búsqueda por otro femicidio. La investigación se lleva con cautela y habría novedades en las próximas horas.
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