Se presentaron 37 trabajadores de fincas y bodegas mendocinas. Gerardo Morón se quedó con la moto del primer premio. La jornada primaveral terminó con asado y buen vino a los pies del Cordón del Plata.
El Cordón de Plata en el horizonte cercano y 37 podadores mendocinos haciendo lo que mejor hacen para luego ser distinguidos con un suculento asado en el que no faltó el vino, el folclore y la fraternidad. Y, en el medio, concentración y sudor que luego se transformarían en risas y anécdotas.
En la finca Gran Espíritu (Tupungato), podadores de bodegas y fincas mendocinas vivieron una jornada de esas que no se olvidarán más luego de participar en el primer Concurso de Poda de Mendoza.
La jornada estuvo dividida en dos partes. Mientras que en la primera los trabajadores dieron rienda suelta a su habilidad luciéndose con las tijeras en mano frente a los viñedos, la segunda parte del sábado sirvió para agasajarlos y premiarlos por su esfuerzo.
"Me parece buenísimo este concurso. Sirve para aprender, más allá del premio, y de una forma divertida, conociendo a gente que trabaja en lo mismo que uno, pero que nunca nos habíamos visto entre nosotros. Y a todo a eso se le suma que el día está hermoso", resumió Orlando Astudillo, de 38 años y más de 20 podando.
El concurso estuvo organizado por la firma Bahco y un jurado compuesto por tres especialistas eligió a Gerardo Morón y su trabajo como el más destacado de todos, teniendo en cuenta la cantidad de plantas podadas y la calidad del corte (ver aparte).
Sólo una excusa
Como sostuvo Ignacio Galarraga, ingeniero agrónomo y uno de los miembros del jurado, "hubo 37 ganadores" considerando el nivel de los competidores y, por sobre todas las cosas, que fue el primer encuentro local.
Pasadas las 9.30 empezaron a llegar los podadores con el mismo compromiso y concentración de cada día, aunque sin poder abstraerse del pensamiento de que su trabajo iba a ser evaluado por quienes más saben después de que los ojos especializados se posen sobre él.
Tal vez, toda esa concentración y el agregado de ser reconocidos a nivel provincial como los mejores fue lo que determinó que a las 10.38 -hora exacta a la que empezó a correr el tiempo de trabajo- todo fuese silencio en ese paraje del Valle de Uco digno de una postal turística. A excepción del monótono ruido de las tijeras al cerrarse una y otra vez y del alambre de cada hilera moviéndose frenéticamente cuando cada trabajador se encargaba de limpiarlo, nada parecía ser meritorio para interrumpir ese trance.
Por ahí, alguna que otra leve brisa primaveral (estación que ayer se adelantó 20 días en Tupungato) cortaba tan fino silencio. Todo con el cordón montañoso que siempre está nevado como testigo privilegiado y sin ningún obstáculo panorámico entre él y los trabajadores.
A las 11.08, el repetido sonido de una bocina marcó el final de la "competencia" y con las manos en alto -no por estar sospechados de alguna maniobra espuria, sino simplemente para garantizar que no seguirían cortando con el tiempo ya cumplido- los participantes salieron de las hileras y se reunieron alrededor de las mesas.
En ese momento entraron en acción los ingenieros Galarraga (profesor de la facultad de Agronomía) y sus pares Gustavo Aliquo y Aníbal Catania, ambos del INTA. Ellos fueron quienes repasaron la tarea de todos los trabajadores para dar a conocer su veredicto, momento que se hizo rogar hasta después del almuerzo.
Entusiasmo
"El secreto de la poda depende mucho de las variedades. Por ejemplo, no son lo mismo los cortes duros (cabernet, sauvignon blanco) que los blandos (malbec, syrah o merlot). Lo importante, creo yo, es tener la tijera siempre filosa y llevar aceite por si se traba. Si sabés podar bien, podés tener un buen rendimiento entre cantidad de plantas trabajadas y calidad del corte. Además, hay que tener en cuenta que la poda es clave para la renovación de los frutos", destacó Mario Alfaro, podador de la bodega Salentein y con 12 años en la actividad.
Según señaló Fernando Montenegro, director de Bahco, la idea no es quedarse con este primer concurso, sino repetir este evento todos los años.
"Hay un concurso internacional que se hace cada cuatro años. La idea es que Argentina se sume a ese calendario", destacó el responsable de la firma de herramientas que organizó el evento.
Cada participante estuvo patrocinado por una finca o una bodega mendocina y la idea a futuro es que éstas también puedan tener participación en la competencia internacional.
"La bodega o finca que tenga al o los podadores que ganen tres veces el certamen van a acceder automáticamente a la posibilidad de tener presencia en el evento internacional", agregó Montenegro.
"Hoy hemos aprendido muchísimo, además de intercambiar puntos de vista y compartir momentos entre nosotros. Es una iniciativa muy buena", agregó a su tiempo Alfredo Segovia, podador de La Consulta.
Qué se evaluó
Mientras los participantes disfrutaban de algunas copas de vino y aguardaban por el tan esperado asado para cerrar una mañana distinta, los miembros del jurado aprovecharon para dejarse llevar por los cortes entre las hileras.
"Lo que se evalúa es el nivel de la gente adiestrada en la tarea de la poda y la verdad que estamos muy contentos, porque -más allá de que haya que elegir a uno- hoy tenemos 37 ganadores. El nivel se mide según el equilibrio entre cantidad de plantas podadas y la calidad de los cortes. Porque si el podador es rápido, pero poda mal no sirve. Y si es muy perfecto en la poda, pero lento; tampoco sirve", explicó Galarraga.
Los aspectos que se tuvieron en cuenta al momento de elegir el mejor trabajo fueron la limpieza del tronco, el largo y la forma del corte y la limpieza del alambre.
"La poda es el punto de partida de todo el proceso y la vida de los viñedos. El desenlace de esto se desprende inicialmente de la poda", agregó el ingeniero.
La época de corte en Mendoza, especialmente en el Valle de Uco, se extiende de junio a agosto, y si bien no hay un tiempo ideal en lo que se refiere a la duración, si hay un promedio de diez jornales (de ocho horas cada uno) por cada hectárea podada.
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