En dos años el Concejo Deliberante de Yerba Buena sumó casi tantos escándalos como sesiones

En dos años el Concejo Deliberante de Yerba Buena sumó casi tantos escándalos como sesiones
En unos días, cuando la concejala opositora Dora Bianco obtenga una licencia del Concejo Deliberante de Yerba Buena para convertirse en funcionaria del intendente Daniel Toledo, será la séptima vez que un episodio escandaloso estremezca ese cuerpo. Siete veces, en dos años y medio.
De los 10 ediles que asumieron en octubre de 2011, dos se han ido (serán tres, con Bianco) y otros dos han cambiado de partido. Eso, sin contar otros alborotos. ¿Pero acaso no tiene cualquiera el derecho de cambiar de idea política, de religión o de lo que sea? Sí, obvio. Lo curioso es que esos cambios sean tantos, especialmente si se trata de personas que han llegado a una banca porque otras las han votado. En cierto modo, la mitad del Concejo yerbabuenense se ha renovado antes de que termine su mandato.

La lista de notas curiosas empieza con el capítulo de Pablo Berarducci, el opositor que fue expulsado en mayo de 2012 por haber incurrido en una incompatibilidad de cargos. En su defensa, dijo que fue víctima de una campaña por haber cuestionado al toledismo. La ingeniera Bianco se sentó en el puesto vacante.

El segundo episodio se escribió en agosto siguiente, cuando el concejal que usa un piercing en su oreja izquierda, Pedro Albornoz Piossek, presentó su renuncia al Acuerdo Cívico y Social. Al cabo, se afilió al macrismo.

Luego, en septiembre, el maestro de albañilería Antonio Pisano protagonizó el tercer capítulo: se pasó de Accionar Regional, un acople a la lista de Toledo, al Partido de los Trabajadores. Ahí comparte banca con el contador Marcelo Albaca, y dice que se siente cómodo porque le dan lo que necesita “para ayudar a la gente”.

En seguida llegó la cuarta entrega. En octubre, el rugbier peronista Mauricio Marcoccia pidió una licencia por seis meses, luego de que le balearan su casa. Extraoficialmente, las versiones sobre los autores y las razones de los tiros son varias y hasta novelescas. En abril de este año volvieron a extenderle el beneficio. Se comenta que no quiere volver. Lo reemplaza Enrique Casanova.

El quinto altercado se produjo en noviembre. El más joven del órgano, Mariano Campero, fue denunciado por un ex asesor suyo, quien decía que el radical lo obligaba a entregarle parte de su sueldo. La acusación fue archivada, sin pruebas.

El novio de Marianela

En lo que va de 2014 no se hizo ninguna sesión ordinaria. En cuatro meses, los concejales no se han reunido ni una vez. Salvo, para oír el discurso de Toledo en la apertura del período y para extenderle la licencia a Marcoccia. Ni la inseguridad. Ni las calles rotas. Ni la falta de agua. Ni el aumento en la tarifa de los taxis. Ninguno de esos temas han sido conversados, si quiera, en el recinto. Sí hubo dos grescas.

Hace unos días, el ex novio de Marianela Mirra, Luciano Villegas, se transformó en el hombre más buscado. Hasta el periodista Jorge Rial estaba tras su sombra. Eso, porque dijo que la madre y el hermano de la ganadora de Gran Hermano fueron contratados por él en ese municipio.

Villegas hizo esa confesión después de un mensaje que Rial había colgado en Twitter. “En Yerba Buena hay dos ñoquis conocidos. Hermano y madre. Atento Toledo”, había escrito el conductor.

Según el peronista, cuando asumieron los ediles tenían siete contratos cada uno. Con el argumento de la austeridad, les eliminaron cinco. Después, los oficialistas acordaron con el intendente nueve cargos más, sin que el resto lo supiera, al parecer. En la tanda entraron Angelina del Valle Vicinguerra y Mario Mirra.

Esa declaración le costó a Villegas (entre otras cosas) que los opositores le exigieran a Antonio Caferro, el presidente del Concejo, el listado completo del personal municipal, permanente y contratado.

La solicitud promete escándalo. Debería tratarse en la próxima sesión ordinaria. El reglamento establece que estas reuniones deben hacerse dos jueves de cada mes. No obstante, no es obligación. De hecho, en 2013 no debe haber habido más de siete cónclaves. A tal punto que Campero, Pisano, Albaca, Albornoz Piossek y Javier Jantus, de Por Yerba Buena, le mandaron otra nota a Caferro, quejándose por la poca actividad.

En el oficialismo, la estrategia para zafar del “Malegate” sería quedarse quietos. Y esperar a que pase la tormenta. No están dispuestos a pronunciar una sola palabra más, ante la prensa. Incluso, dentro de las filas habrían dado la orden de no hablar, y a algunos opositores están intentando amedrentarlos.

Un ajedrez de intereses

El séptimo capítulo de “Avenida Concejo” tiene por protagonista a una mujer: Bianco. Ella va a vestir la camiseta de Toledo, aunque eso le esté costando reproches. En la Municipalidad seguramente tendrá un escritorio más bonito que el que ocupa ahora.

En el edificio de dos pisos de la avenida Solano Vera los despachos no son grandes. Cuatro por cuatro, apenas. Y unas puertas que dejan pasar las voces de los otros lados. Los techos son bajos y las paredes, blancas. Sin mucho esmero. Ahí nadie tiene ni internet ni teléfono fijo. Les cortaron las líneas por falta de pago. Parece que el presupuesto de unos $ 8 millones de pesos anuales, que maneja ese cuerpo, no alcanza.

Seis de los 10 ediles sostienen que la intendencia está ejecutando un plan de exterminio. Dicen que los tratan como enemigos. Que les reducen los colaboradores. Que les mezquinan los gastos de bloque. Y que les prohíben pedir informes, a menos que Caferro les dé permiso.

Desde el oficialismo replican que con los opositores no se puede trabajar. Que lo único que hacen es objetar cada proyecto. Que inventan cosas. Que interponen denuncias falsas. Y que no les interesa que la ciudad mejore.

Dos ejércitos enfrentados. Ojalá pudieran pacificar sus discursos, sus gestos y sus intenciones

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