Un complejo de edificios para 3 mil personas que es una bomba de tiempo

Un complejo de edificios para 3 mil personas que es una bomba de tiempo
Debajo de las seis torres de San Juan y Siria todo parece a punto de colapsar: columnas y vigas jaqueadas por la humedad y las redes de agua, cloacas y gas emparchadas y con filtraciones. Temen que ocurra lo de Rosario.
Una bomba de tiempo. Palabras más, palabras menos, así definen algunos vecinos de las torres ubicadas en las calles San Juan y República de Siria la situación que se vive en todo el consorcio a raíz de las condiciones de la infraestructura, y no dudan en aventurar que “si no ha pasado algo como lo que pasó en Rosario (donde la explosión en un edificio dejó 21 muertos, ver página 12), ha sido de milagro o pura casualidad”.

En el lugar viven más de 3.000 personas distribuidas en seis torres y en los cimientos del complejo hay obras que están próximas a cumplir 40 años y jamás han sido revisadas o mantenidas; hay columnas y vigas que están cediendo ante la humedad (y el agua que a diario circula por el lugar); y, lo que es más grave, las redes de gas, cloacas y agua potable coexisten en un mismo lugar con parches y filtraciones.

En el medio, demoras administrativas y judiciales impiden que los dos administradores de todo el consorcio (designados por la Justicia) unifiquen las seis torres bajo una misma gestión y que sea posible, de una vez por todas, encarar los trabajos de reparación y mantenimiento necesarios.

“La Justicia sigue discutiendo la competencia y en el medio pueden pasar seis meses más en los que todo puede explotar”, indicaron preocupados Aldo Porcario y Rodolfo Luna, actuales administradores del estacionamiento y de la torre A2 y designados judicialmente para todo el consorcio.

Un recorrido por las cocheras y la parte subterránea del megacomplejo alcanza para verificar que las filtraciones en las cañerías de cloacas y fluviales son incontables, así como también las paredes que están siendo consumidas por el agua y la humedad. “Cada administrador entra y encarga las obras que tienen que ver con los edificios de su complejo, no importa si se rompen otros caños. Lo mismo ocurre con los parches improvisados con nylon y cámaras de ruedas”, indicó Luna durante un recorrido por el lugar.

De “milagro”

Luego de ocurrida la explosión trágica en la ciudad de Rosario, las autoridades del Ministerio de Infraestructura recordaron que en el complejo de la esquina de San Juan y República de Siria pudo haber ocurrido algo similar luego de la importante fuga de gas que se registró durante el invierno del año pasado.

Además, indicaron que la rápida intervención de Ecogas (que cortó el suministro de inmediato y durante varios días) y del Estado como mediador para que el conflicto no pasara a mayores fue muy importante para evitar una potencial tragedia.

El gas fue restablecido luego de unos trabajos de mantenimiento, pero el peligro inminente nunca se esfumó.

“Las cañerías de gas siguen estando en el mismo ducto donde están las de las cloacas y las de agua. Y están oxidadas en muchos sectores, por lo que las filtraciones son un peligro. Hace más de 20 años que nadie hace un arreglo como se tiene que hacer, ni una inspección ni nada. El subsuelo es lo primero que se inunda cuando colapsan las cloacas”, indicó Porcario, quien destacó que los arreglos que se efectúan son “muy provisorios” y que ni siquiera está garantizada la red para prevenir un incendio grande.

De hecho, en varios sectores de los edificios el gabinete donde debería reposar la manguera para combatir incendios se exhibe roto, abollado y vacío. Lo mismo ocurre con los paneles de los matafuegos, con la diferencia de que algunos están exhibidos, aunque con la carga vencida desde 2005. Es decir, hace ocho años.

En el gran patio interno del complejo también se ven las consecuencias de tantos años de desidia. En el medio se ve cómo una extensa fila de baldosones se ha levantado y superpuesto encima de otra.

“Eso se debe a que hay un edificio que está a distinto nivel que el otro. Y como el piso no está bien impermeabilizado, el agua ha llevado a esto. Y a que se filtre agua a la parte subterránea. Toda el agua viene a parar acá porque hay un desnivel y hemos logrado desviarla para que llegue a un pozo, pero permanentemente tenemos que estar sacándola con dos bombas para que no se estanque ahí. Ni hablar en días de lluvia como hoy (por ayer). Así no hay bomba que aguante”, destacó por su parte Luna.

Según los administradores designados por la Justicia, las cloacas están trabajando apenas al 30% y jamás se hizo un mantenimiento integral del sistema.

“Como la gente no ve lo que pasa abajo, al ver que en su casa las cosas están bien lo primero que dicen es: ‘Yo no tengo problemas’. Pero es un problema general, la red de base está destruida. Cada uno arregla su parte y listo. Se está haciendo mucho daño acá y la gente no se da una idea, porque si seguimos así un día va a ser necesario cortar las cloacas y no van a poder usarlas más. O cuando haya un incendio en serio, no vamos a tener cómo combatirlo. Hemos tenido suerte de que los que han habido han sido menores”, advirtió Luna quien, al igual que Porcario, reiteró una y otra vez que han solicitado inspecciones a la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza en varias oportunidades y que áreas fundamentales -como Obras Privadas del municipio- no se han constituido en el lugar.

“Acá tenés un Rosario más. Si no ha pasado nada grave en los 40 años que llevan las torres en pie ha sido, en parte por lo bien que están construidas y en parte de milagro. Si se llega a mezclar el gas de una pérdida con las máquinas de abajo, termina siendo una tragedia. Hay familias que están cocinando y calefaccionándose con garrafas, cuando es algo que está prohibido en este tipo de propiedades. Pero como cada edificio hace lo que quiere, nadie lo advierte. Si explota una garrafa esto puede ser terrible”, indicó por su parte Gustavo Lafargue, vecino de este complejo de edificios en peligro constante.

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