Comparten una exitosa experiencia para contener el delito y la violencia juvenil

Comparten una exitosa experiencia para contener el delito y la violencia juvenil
Un juez de la Corte Suprema de Nueva York estuvo en la UNLP para explicar cómo transformaron uno de sus barrios más violentos gracias a un tribunal experimental

En la ciudad de Nueva York, el nombre “Red Hook” inspira diversas sensaciones según la época en que le ha tocado visitarlo a cada quien. Mientras que algunos lo asociación a un conjunto de monoblocks que a fines de los ochenta llegaron a tener el índice de criminalidad más alto del país, otros lo reconocen como uno de los barrios emergentes en los que conviene invertir. Entre una y otra realidad, el cambio no provino sin embargo del mercado inmobiliario sino del propio sistema judicial: las familias que a fines de los ochenta vivían en Red Hook son las mismas que hoy viven allí. Acaso una de las experiencias judiciales más innovadoras que se hayan puesto en práctica para contener la violencia dentro de una comunidad, el Tribunal Comunitario de Red Hook propone una forma de impartir justicia que en los últimos años se ha replicado no sólo dentro de Estados Unidos sino a nivel mundial: su modelo se aplica hoy en comunidades de Canadá, Australia, Sudáfrica y Singapur; y va camino a ser adoptado también por Irlanda, Polonia e Israel. El Tribunal Comunitario de Red Hook propone una forma de impartir justicia que en los últimos años se ha replicado no sólo dentro de Estados Unidos sino también a nivel mundial En plan de difundir la experiencia, dos de sus protagonistas visitaron la semana pasada La Plata por invitación de la UNLP. Se trata del juez Alex Calabrese, magistrado interino de la Corte Suprema de Nueva York, y Julius Lang, el director del Centro para la Innovación de Tribunales, una ONG neoyorquina que funciona como el brazo de investigación y desarrollo de su sistema judicial. Aunque en el marco de una visita oficial a Argentina, su paso por La Plata no fue casual. Desde hace siete años, una unidad de extensión de la facultad de Derecho viene desarrollando entre nosotros una experiencia voluntaria con características similares a la Red Hook. Ambas apelan a lo mismo para contener la violencia juvenil: la práctica de una Justicia restaurativa con una mínima aplicación del Derecho Penal. RED HOOK Al sur de Brooklyn sobre el Río Hudson, la historia del Centro Comunitario de Justicia de Red Hook comienza el 17 de diciembre de 1992 con el asesinato del director de la escuela, Patrick Daly. En un barrio donde cada año había 20 asesinatos, 10 violaciones, 126 robos y 264 ataques, su muerte no podía considerarse un episodio aislado, publicó al día siguiente el New York Times. El problema venia en realidad de larga data. Ya en 1988 la revista Life había identificado a Red Hook como “una las comunidades más afectadas por el consumo de crack de todo el país”, “una zona de guerra en manos de la droga”. La gente vivía asustada. Los vecinos que tenían sus departamentos en las plantas bajas les enseñaban a sus hijos a que se tiraran al piso a escuchar un ruido fuerte; y las noches más agitadas los acostaban dentro de las bañaderas por considerarlas el lugar más seguro contra las balas perdidas. Los tiroteos entre bandas eran cosa de todos los días. En 1997, tres meses antes de abriera el Centro Comunitario de Justicia, el 88% de los habitantes de Red Hook tenía una opinión negativa de su sistema judicial. En respuesta a esa encuesta, la Suprema Corte de Justicia de Nueva York dispuso inaugurar allí un tribunal experimental de un solo juez con competencia en temas de vivienda, familia y materia penal. Su jurisdicción: todo Red Hook y alrededores, una área que abarca tres comisarías y unas 230 mil almas. Para hacerse una idea del trabajo que recae sobre ese tribunal basta tener en cuenta que el año pasado atendió unos 3.800 delitos menores (violencia doméstica y posesión de drogas), cerca de 1.000 casos de violencia juvenil y 800 cuestiones de vivienda, propias de un complejo habitacional que abarca casi un centenar de edificios. Frente a esta problemática, su respuesta es un abordaje que prioriza la justicia procesal pero que al mismo tiempo ofrece alterativas efectivas al encarcelamiento e involucra para ello la participación de la comunidad. UN ABORDAJE NO CONVENCIONAL “Cuando hablamos de Justicia Procesal a lo que nos referimos es que tratamos a los acusados con respeto durante todo el proceso. Contra el abordaje típico de nuestro sistema judicial, que ve a la persona que delinque y a su entorno como individuos que necesitamos excluir, nosotros los vemos como miembros de nuestra comunidad. Por eso nos preocupamos especialmente de que entiendan que nuestro objetivo es ayudarlos para que salgan adelante, no buscar artilugios legales para que terminen en la cárcel. Y eso solo ya crea una atmósfera distinta”, explica el juez Alex Calabrese, responsable del Tribunal de Red Hook. “Y es que el encarcelamiento -agrega- no es de hecho la única opción a considerar. Frente a la alternativa tradicional que tiene cualquier tribunal de encarcelar o no a quienes delinquen, nosotros les ofrecemos la posibilidad de no ir a la cárcel siempre y cuando cumplan con determinadas condiciones que se definen a partir del informe de un asistente social y que están sujetas a un programa de riguroso seguimiento”, cuenta el juez. “Para eso utilizamos un contrato porque hemos visto que los jóvenes necesitan tener por escrito lo que se espera que hagan. Dependiendo la falta o el delito que hayan cometido, eso que se espera que hagan a cambio de no ser encarcelados puede ser terminar la escuela, hacer un tratamiento de rehabilitación por drogas, asistir a una determinada cantidad de sesiones de terapia, no ser arrestados... Hemos determinado que cuatro meses es un período razonable para ver si se logran enderezar”. “A su vez, nuestros fiscales trabajan con las víctimas durante todo el proceso y de hecho discuten con ellas tanto el avance de los casos como las posibles soluciones que se están barajando para cada persona en particular. “Pero ante todo somos un tribunal De manera que el derecho al debido proceso esta primero y la resolución de conflictos viene después”, aclara Calabrese, quien no obstante dice que todo su tribunal trabaja para salvar la brecha entre la policía y la comunidad”. LA TRANSFORMACION Como resultado de ese abordaje no convencional del delito y la violencia, la “zona de guerra” del sur de Brooklyn redujo en pocos años en forma notable sus índices de encarcelamiento, reincidencia y criminalidad. Hoy un acusado tiene quince veces más chances de que se lo mande a la cárcel en cualquier tribunal de Estados Unidos que en el de Red Hook, y aun así el delito bajó. Mientras que en el resto de los distritos el índice de criminalidad ha continuado creciendo a lo largo de los últimos años, en Red Hook se mantiene estable, según muestra un estudio realizado por la Suprema Corte de Nueva York. El mismo trabajo revela también el gracias al Centro Comunitario de Justicia se ha logrado un ahorro cercano a los 8 millones de dólares en costos por reincidencia. Pero acaso lo más notable sea la transformación que viene experimentando ese sector de Nueva York. Donde antes había un depósito vacío, hoy funciona un hipermercado; donde antes había un basural, se levanta una sucursal de IKEA que le da trabajo a 660 vecinos de Red Hook; y en los muelles abandonados donde solían enfrentarse las bandas juveniles hoy atracan los cruceros Princess y Queen Mary 2. Una ceremonia frecuente en el Tribunal de Red Hook resume en cierto modo el espíritu con que se logró esa transformación. Cada vez que un joven procesado por un delito cumple la condena completando el colegio secundario en las aulas del segundo piso, todos los empleados del edificio interrumpen lo que sea que estén haciendo para subir a celebrarlo con él.

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