Pozos dirigidos que extienden cañerías por Laprida, ocupaciones en el Fontana sobre pozos petroleros. Esas son las imágenes que dejan más de 100 años de explotación de hidrocarburos. Vecinalistas exigen que se cumpla la Ley de Hidrocarburos.
Son más de 2.500 los pozos que están diseminados por diferentes barrios. De los abandonados, algunos datan de las décadas del ‘20 en adelante y ni siquiera el municipio tiene registros de su ubicación. Además, los pozos dirigidos hacen que instalaciones de varios metros atraviesen zonas hoy urbanizadas.
El crecimiento poblacional de la ciudad -de acuerdo al censo hay 182.000 personas en suelo comodorense- no estuvo acompañado de una política de urbanización, más allá de la solicitud reducción de radios de seguridad para algunos pozos.
En la oficina de Catastro reciben todos los días los informes de las operadoras que les reportan donde están los pozos o porqué no los pueden localizar. A veces, se trata de perforaciones ubicadas dentro de viviendas (en alguno de los ambientes o en el patio) o en asentamientos.
POZOS EN LAPRIDA
Los pozos inactivos no pueden estar sin sellar si no está en funciones por más de cinco años. “Tiene que estar dentro del costo petrolero el saneamiento. Y yo creo que está porque el petróleo deja enormes ganancias, si no no vendrían a sacarlo”, dijo Roberto Romero, vecinalista de Laprida, a Diario Patagónico.
“Nos dio un caso donde a dos pozos se les redujo el radio de seguridad, no se sellaron porque en el año ‘56 le sacaron 300 metros de cañerías. Entonces, iba a costar más caro hacer la excavación para buscar el pozo que el sellado”, contó. Eso fue porque en la década de 1950 hubo escasez de hierro a nivel mundial, y se reciclaron las instalaciones petroleras.
Los terrenos vacíos porque hay pozos desaprovechan las posibilidades de loteo en Laprida. El pedido de Romero es que el municipio y la Provincia les exijan a las operadoras el cumplimiento de la Ley de Hidrocabruros.
OCUPACIONES EN FONTANA
Cristóbal Gallegos, secretario de la asociación vecinal del barrio Fontana, apunta que los pozos inactivos “afectan en forma directa sobre la vida humana”. Las ocupaciones de tierras preocupan en Km 8, y más cuando los dirigentes vecinales saben que esos asentamientos están sobre perforaciones de la industria de los hidrocarburos.
“En nuestro barrio, los nuevos asentamientos periféricos se han construido viviendas sobre el lugar donde estuvo un pozo petrolero, ductos de gas o petróleo, redes de alta tensión. Donde hace tiempo ya no anidaban ni las liebres, hoy se crían nuestros niños”, le dijo a Diario Patagónico el referente vecinal.
“Es imprescindible la exigencia a las operadoras y a toda concesionaria de áreas, la inversión obligatoria que seguramente será mínima en relación a los millones de dólares diarios de ganancias con nuestros recursos para la reparación urgente de estos problemas”, pidió Gallegos.
DE A UNO POR DIA
En el año 2002 se denunció la existencia de 3.000 pozos abandonados, algunos de ellos se encuentran debajo de la Universidad Nacional de la Patagonia, otro en la CAI (Comisión de Actividades Infantiles) y otro más en la alcaidía policial.
A raíz del desalojo de la Escuela 169 en ese año (ver aparte), se alertó sobre el abandono de una perforación de hidrocarburos por día. La complejidad de la Cuenca del Golfo San Jorge hace que se encuentren pozos de 600 metros de profundidad hasta 28.000, en especial en la zona norte.
Un mapa inconcluso
El gobierno del Chubut y la Secretaría de Hidrocarburos iniciaron en 2008 la confección de un mapa digital con la localización y estado de los pozos y otras instalaciones petroleras en la Cuenca, ubicando cuáles estaban en el ejido urbano de Comodoro Rivadavia. Sin embargo, el proyecto continúa en proceso.
La problemática de los pozos petroleros en la ciudad se destapó con el caso de la Escuela 169. Algunos de los lugares curiosos donde se encontraron perforaciones en Km 4, donde está la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Y en el Estadio Municipal y la sede de la CAI (Comisión de Actividades Infantiles), dos instituciones deportivas construidas sobre pozos que alguna vez produjeron el recurso más abundante de la provincia. También hay otro en la alcaidía policial.
En 2009, los alumnos de la Escuela 722 cortaron la ruta exigiendo que se selle un pozo ubicado en un predio destinado a la construcción de un SUM, que llevaba 23 años de espera.
En Laprida, ese mismo año, un puñado de vecinos reclamó que no les entregaban sus viviendas porque habían sido construidas sobre pozos, situación que se detectó después de que la obra había sido terminada.
El último caso difundido fue en el barrio Las Orquídeas, en abril pasado, donde una perforación mal sellada venteaba gas. Después de solucionado el problema comenzó a tirar agua.
El caso de la Escuela 169
El olor a gas en las aulas y galerías de la Escuela 169, del barrio Stella Maris, provocó la preocupación de sus directivos y padres. Mareos y dolores de cabeza eran los síntomas de toda la comunidad educativa y también el Jardín de Infantes 438. El caso salió a la luz por una nota de Diario Patagónico, que expuso la problemática.
Cuando Camuzzi Gas del Sur se informó del caso, revisaron las cañerías y se detectaron las emanaciones de gas natural. Los pozos mal sellados provocan emanaciones de gas natural que salen a la superficie originando intoxicaciones en el organismo o explosiones en el caso de acumulación en un espacio semiabierto.
De acuerdo a la Ley de Hidrocarburos, para dejar una locación se debe informar con antelación a la Secretaría de Energía de la Nación para que esa oficina realice la señalización de los pozos que ya no están en producción. Las exigencias estándar plantean que un pozo sellado lleva tres tapones de cemento y arriba un dado de un metro cúbico de hormigón.
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