Comienza una campaña que será “sucia”

Abundarán, de hecho ya se perciben, las agresiones. El tono surge de una competencia que más que poner ideas en competencia, pondrá más que nada el afán de recolectar votos a cómo de lugar. Pesan, para todos, 50 años de historia con errores y aciertos.
Una catarata de adjetivos calificativos lindantes con el insulto, tuvo la cualidad de sorprender, desde el discurso de lanzamiento de campaña del candidato Martín Farizano. Dejando de lado los “estúpidos” o “imbéciles” a los que quizá estemos más acostumbrados, sobresalió el apelativo de “tránsfugas”.

No fue el más feliz, porque seguramente lo quiso usar en otro sentido, no el que en realidad tiene, si se tiene en cuenta que indica a quien pasa de una ideología, o colectividad, a otra. Es en la propia coalición donde están esos “tránsfugas”, que han dejado el MPN para sumarse, en su mayoría, a UNE, uno de los principales socios del radicalismo que lidera Farizano.

La campaña política en Neuquén amenaza con ser subida de tono, a juzgar por el comienzo. Son 50 años de acumulación de frustraciones para los partidos políticos que han intentado en vano derrotar al MPN. Al mismo tiempo, el partido provincial siente en sus propios huesos la convicción de que debe decidir: o inventa un nuevo elixir de la juventud, o corre el riesgo de sucumbir a su propia senectud inexorable.

En estos años de hegemonía del MPN, los partidos políticos que lo han enfrentado, y especialmente la UCR y el PJ, adversarios desde su mismo nacimiento, han buscado en la corrupción estatal, en el manejo de los dineros públicos, en el favoritismo a “amigos y clientes”, las razones para infligir una derrota.

Que nunca hasta ahora lo hayan conseguido en las muchas peleas electorales por la gobernación que se han sucedido en medio siglo (pese a las interrupciones dictatoriales) no prueba que el MPN sea impoluto y virgen de aconteceres detestables para la República, sino apenas que para ganar elecciones no solo basta tener razones, sino sumar la cantidad de votos necesaria.

En este sentido va la real jugada de la actual coalición con fecha de vencimiento el 12 de junio. Todas las estrategias, aun las impensadas, confluyen en un afán principal: juntar, de una vez por todas, una cantidad de votos suficientes. Ese es el objetivo superior, al que todos se subordinan.

No está mal, sería necio negar su importancia. El tema es si esto habilita a ponerse en el papel de juzgador de maldades ajenas, sin asumir aunque más no sea un poco de las propias. Considerando que el PJ y la UCR han gobernado, no ya la provincia, sino el país, en estos últimos 50 años de historia puesta en revisión, se puede concluir sin acidez ni sarcasmo alguno, que todos representan a todos, o por lo menos, a la mayoría, de los aciertos y errores políticos de los argentinos.

Se está, por lo tanto, en los albores de una campaña que será inevitablemente de vuelo rasante, con trampas, artimañas, y uso con abuso de toda herramienta que pueda hacer daño al adversario.

No hay que preocuparse mucho. Generalmente, las campañas políticas en Argentina son así. No habrá mucha diferencia con otras. Aunque tendrá esta características especiales por la magnitud de lo que está en juego. No debe olvidarse que esta provincia paga sueldos que insumen 52 por ciento de un presupuesto de gastos de casi 8 mil millones de pesos. Una provincia que según el último censo (el año pasado) tiene 550.000 habitantes. El dispendio estatal es, pues, tan grande, que pone a Neuquén en un sitial único. De dudosa virtud, pero singular al fin.

El MPN enfrenta esta situación desde la estrategia del zorro. Este animal, hábil para cacerías que no exigen gran valentía, sino la cualidad de hacer valer la ventaja, solo se arriesga cuando tiene las de ganar.

Sapag, amparado en encuestas que le dan bien cuando se mide gestión de gobierno, y también cuando se indica intención de voto, comenzará esta semana su campaña, ya con licencia al igual que la vicegobernadora Ana Pechen, convencido de que cuando más mal hablen del MPN sus opositores, mejor será.

“La nuestra es una campaña proactiva. No vamos por la negatividad de negar al adversario, sino por destacar lo bueno que se ha hecho, y lo que se hará”, se dice en el gobierno.

Es una obviedad, es cierto. Cualquier gobierno que se presente a una reelección lo haría. Y cualquier oposición que lo enfrentara, haría más o menos lo mismo que está haciendo Farizano, prescindiendo de calificativos más o menos afortunados.

Esta obviedad refuerza el carácter de sucio de la campaña que se inicia. Porque tiñe de incomprensión a los ciudadanos. Tal como están las cosas, ni Sapag ni Farizano tocarán en profundidad las líneas básicas del gran dilema neuquino, que es el enorme gasto público cuando los ingresos están prendidos con alfileres y dependen en buena medida de la discrecionalidad centralista del gobierno nacional de turno.

A ese costado de fondo, que elude con elegancia tanto el oficialismo provincial como la oposición “oficialista”, apostarán los que sacaron los pies del plato hace rato. Por ejemplo, la Coalición Cívica, y Proyecto Sur, y el resto de lo que queda de la izquierda política.

De este sector que oficiará de tercero en discordia, se espera un efecto que romperá equilibrios. Sobre todo de la opción Coalición Cívica, que ha integrado fórmula en sociedad con el quiroguismo, lo que es lo mismo decir que con un sector del propio radicalismo.

Esos votos le serán escamoteados o al MPN ó a la coalición.

En un contexto general donde la desesperación principal es sumar votos, en una visión casi aritmética de la política, puede pasar a ser la principal preocupación en las semanas que vienen.

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