Estaba en la guardia con un tiro en la pierna y un hombre herido llegó en una camilla "Ese es el que me robó", le dijo a un policía. El señalado huyó y lo atraparon. La víctima falleció.
El lunes último un barrio de la capital provincial se vistió de luto. Los vecinos de General Paz al 6300 cubrieron con telas negras los árboles y columnas de alumbrado en los alrededores del Bazar Lavalle para despedir los restos de su dueño cuando el cortejo fúnebre pasó por allí. Abatidos por un silencio de duelo, centenares de vecinos dieron un último adios a Alfredo Omar Segado. A "Nenucho" como lo conocían todos desde hacía más de 40 años, uno de los cinco balazos que un ladrón disparara dentro de su negocio en la mañana del día anterior para robarlo, le impactó en una pierna. Fue durante un forcejeo antes de que el asaltante huyera con menos de 100 pesos a modo de botín.
El comerciante, de 71 años, no resistió la operación porque el disparo alcanzó la arteria femoral, lo que le provocó la muerte. Pero los Segado vivirían ese domingo una historia de comedia: recostado en la guardia del hospital Cullen, el comerciante baleado reconocería en la camilla de al lado al mismísimo ladrón que un rato antes, tras reducir y amenazar a su esposa, le disparara una bala de calibre 9 milímetros en su pierna izquierda.
El hombre —José Sarandón de 37 años— acababa de ingresar herido en un accidente de tránsito. Al sentirse descubierto emprendió una fuga a la carrera abandonando el nosocomio. Fue alcanzado por la policía a las pocas cuadras y trasladado de nuevo para ser curado en el hospital pero con las manos esposadas.
Horas desesperadas. Para testimoniar "el alto riesgo con que se vive", por el que los vecinos ayer hicieron una marcha, Claudia, Alejandra y Alfredo Sebastían, los hijos del comerciante muerto, contaron su historia a LaCapital. "Nuestro deseo es mantener el caso latente hasta que el acusado sea juzgado y condenado como corresponde", dijeron.
La voz cantante la llevará Alejandra quien fue testigo directo de los hechos en el hospital Cullen. Alfredo y Claudia debieron viajar desde Reconquista y Mendoza donde residen, respectivamente, cuando les avisaron del robo al negocio familiar.
"Me llama por teléfono una vecina que vive al lado de mi mamá alrededor de las 9.30. Yo estaba por irme de viaje y suspendo todo y me voy a casa de mis padres. Llego y me encuentro con un cuadro de película, lleno de gente, patrulleros por todos lados, calle cortada. Me agarraba la cabeza y decía: «¡Dios mío, qué desastre!, ¡¿qué es esto?!» Justo la ambulancia se estaba yendo llevando a mi padre herido, la paro y me subo a acompañarlo. Le digo: quedate tranquilo que ya llegamos. El estaba un poco dolorido", comienza Alejandra.
—¿Qué le cuenta su papá durante el viaje en ambulancia?
—Nada. Yo empecé a hacerle preguntas pero el camillero me dice que fuera adelante porque estaba todo controlado.
—¿Qué es lo que pasa en la guardia del hospital?
—El estuvo allí cuatro horas. Ingresó a quirófano a las 14.30 y lo vieron varios médicos. En esas horas lo llevaron también a hacerle una radiografía. La guardia es un lugar restringido y aunque yo me metía cada vez que podía me hacían salir. Pero en la puerta de la Sala de Rayos X esperando que carguen las máquinas me quedé todo el tiempo a su lado.Ahí mi papá me dice: "Alejandra, el ladrón es el tipo que tenía al lado". Yo no salía de mi sorpresa. Le pregunté si estaba seguro. "Si. Lo reconocí por las heridas que tiene en la cara. Además lo veía y me esquivaba la mirada", me respondió.
—¿Qué pasó entonces?
—En eso llegó una agente de policía y preguntó acerca de la declaración que mi padre acababa de hacer. Ahí me di cuenta de que no me lo había dicho a mi sola sino que lo había contado antes a la policía. El firmó una declaración.
—¿En esa declaración señala a Sarandón?
—No leímos la declaración (ahora está bajo secreto de sumario) sólo la vimos con su firma grande y bien legible, pero como la agente le refirió en Rayos que él dijo eso deduzco que fue así. Ella le preguntó por la altura y el color de la ropa de este sujeto. El respondió que era alto. Más o menos describió su fisonomía y dijo que vestía un pullover rojo. Yo hasta ese momento no había visto a esa persona.
—Cuándo esa oficial interroga a su padre en la puerta de la sala de Rayos, ¿Sarandón ya había sido detenido?
— Al volver a la guardia nos cruzamos con una persona que llevaban en silla de ruedas. Los policías iban y venían y veo que lo esposan por lo que los sigo. Iban a Rayos. Cuando los vi entrar yo llamé a mi madre para que me describiera a la persona que los había robado. Ella lo hace y me dice que me fije si tenía la ropa rota porque ella entendía que en el forcejeo ella se la había roto. La descripción física coincide y advierto que tiene el pullover roto en un hombro.
—¿Ya había intentado huir?
—Si. Mi papá me comentó que cuando lo llevaron a la guardia las cabeceras de las camillas quedaron en sentido opuesto con la de otro paciente. Es decir sus pies enfrentados con los pies del otro por lo que él acostado no lo podía ver. En eso llegó un policía a tomarle declaración y mi papá contó los detalles del robo que había sufrido. Ahí el joven de enfrente se sentó de golpe y papá lo reconoce. Era Sarandón, quien salió corriendo con la policía detrás. Lo apresaron a las pocas cuadras en avenida Freyre. Lo llevaron a otra sala y un oficial le sacó una foto con un celular. Este policía se arrimó y se la mostró a papá quien insistió que esa era la persona que lo había asaltado
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