A un comerciante de Argüello Norte sus clientes lo daban por muerto, salió a desmentirlo

A un comerciante de Argüello Norte sus clientes lo daban por muerto, salió a desmentirlo
El hombre fue víctima de los saqueos de diciembre. Por Facebook y graffitis fue la desmentida.

-Flaco, ¿Estás bien?

-Sí, ¿por?

-Porque están hablando giladas. Que te había dado un ACV.

-¿Qué ACV? Un fernet es todo lo que me dieron.

Fue el viernes por la noche, en medio de un festejo, cuando Rubén Andrés López (50) se enteró que había "muerto". Su amigo Walter Dalmasso le dio la noticia, por teléfono.

Así fue cómo se enteró que a raíz de los saqueos del 3 y 4 de diciembre había tenido un ataque de nervios. Que vendió arbolitos de Navidad para recuperar sus finanzas. Que había tratado infructuosamente de cerrar un acuerdo con el seguro. Que había tenido un accidente cerebro vascular. Y que lo velaban el sábado. Aunque todos eran trascendidos, claro.

Pero los llamados se multiplicaron. Amigos, vecinos, ex compañeros del servicio militar, colegas. Algunos se llegaban hasta el local para preguntar por sus huesos. Si estaba vivo. Entre ellos, un amigo que se había empastillado para poder dormir. No soportaba la terrible noticia.

Y fueron tantos los avisos fúnebres, que Rubén tuvo que salir a desmentir su muerte. Primero con un mensaje en Facebook: "Para todos los que hablan giladas, estoy vivo". Y luego con un graffiti escrito en la persiana de su local, que fue saqueado primero e incinerado después: "Estoy vivo! Y volveremos!!!". Rubén no estaba muerto. Tampoco estaba de parranda. Se encontraba resurgiendo de entre las cenizas.

Las cinco plagas. "Casa D'Todo" fue el nombre que Rubén y su papá eligieron hace 22 años para bautizar el comercio de avenida Donato Álvarez al 8340, en Argüello Norte, de la ciudad de Córdoba. Fue en honor al abuelo que había puesto un almacén de ramos generales en Capital Federal. "Acá la gente tiene que conseguir todo", le dijo su padre, inmigrante venido a los 17 años desde Galicia, España.

Rubén nació con sangre de comerciante. Su papá había comenzado con un local de artículos de limpieza en barrio General Paz. Él había abierto una sucursal en Los Bulevares y luego otra en Donato Álvarez. Pero la hiperinflación de los ochenta los obligó a cerrar dos negocios y a quedarse con uno. El actual. Ahí iban a poner "toda la carne al asador".

Así fue cómo comenzó a invertir todos sus ingresos, excepto los destinados a la alimentación de sus hijos Pablo, Fernando, Macarena y Julieta. Y junto a su esposa, Soledad Malbos, dejó la vida para llenar el local de mercadería.

"El negocio nos comió la casa. Había mercadería por todos lados, excepto en el baño y en el dormitorio. Nos tuvimos que mudar a una vivienda de enfrente", contó su mujer.

Con los pollitos en otra casa, el comercio comenzó a marchar. Casi sobre ruedas, excepto por la crisis de 2001, cuando tuvieron que reducir el stock al 70 por ciento. Y por las dos inundaciones (2000 y 2009) en las que perdieron gran parte de la mercadería. Pero nada hacía sospechar que los saqueos de diciembre serían la quinta y peor plaga para ellos.

A remarla. Fueron los peores saqueos de la historia cordobesa, que más tarde se extenderían como una mecha encendida por todo el país. Los policías se habían acuartelado en pedido de mejoras salariales y la ciudad fue tierra de nadie. El martes por la noche comenzaron los saqueos en la Donato Álvarez, incluido el comercio de Rubén.

"No me preocupaba lo material. Ya estaba curtido con las dos inundaciones. Estaba afligido por mis hijos. Me armé hasta los dientes. Pistola, escopeta. Al primero que saltara por la verja, lo volaba".

Pero al día siguiente, los mismos saqueadores incendiaron el local que a Rubén le costó toda una vida. Las llamas ardieron por causa del plástico de las pinturas. Recién se extinguieron el sábado por la mañana.

Tras las cenizas, la noticia sobre lo que le iba a costar arrancar le ardió más que el mismo fuego. Más de tres millones para edificar el local incendiado. Y ocho millones incluyendo la mercadería.

"Voy a volver ni bien me recupere. El Gobierno me ofrece un crédito de 200 mil pesos. Es una burla. Voy a presentar una demanda porque ellos fueron los responsables de que la ciudad se les haya ido de las manos", agregó.

"Vi caras conocidas entre los saqueadores. Clientes míos. Algunos vecinos. Pero no tengo sed de venganza. Si vuelven al local voy a mirarlos a los ojos. No tengo nada que ocultar. Duermo poco, pero descanso en paz", asegura.

Volver a empezar. Que Rubén no estaba muerto, claro está. Fueron tantos los mensajes de pésame que tuvo que planear una campaña de desmentida. Una movilera de Cadena 3 lo ayudó contando su caso. Y eran tantos los rumores que comenzó a preocuparse. Se hizo un chequeo médico por primera vez en su vida. "Flaco, seguí como estás", le dijeron.

Hoy, el comerciante pasa sus días removiendo escombros y planeando recuperar su comercio. Por supuesto que muchas veces piensa en cerrar todo y mandarse a mudar. Pero se queda por sus hijos: "Ellos son todo lo que tengo. Merecen un buen ejemplo".

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