En una extensa jornada y ante el emotivo silencio de los familiares de las víctimas, a los procesados se les leyó la acusación. En tanto, los condenados en San Rafael fueron trasladados a la cárcel de Cacheuta.
Otros tres, Juan Oyarzábal, Armando Fernández y Mario Lépori, siguieron las alternativas de la audiencia desde una sala del Casino de Oficiales por prescripción médica. Mientras, el décimo, Dardo Migno, se encontraba en una sede federal de Santa Fe. Los cuatro estuvieron comunicados con el Tribunal por un sistema de video conferencia.
Con la presidencia de Juan Antonio González Macías, el Tribunal lo completaron Alejandro Piña y Héctor Cortez, mientras que el puntano Raúl Rodríguez (que fuera presidente en el primer juicio realizado en San Luis) lo hizo como suplente.
Fuera de la parte judicial, el debate en su apertura se complicó con la puesta a punto del sonido y la imagen con los distintos puntos de contacto. Después, superado en parte el problema, se comenzó con la identificación de cada uno de los procesados, respondiendo cada uno de ellos a preguntas directas como nombre y apellido, dirección, número de documento y domicilio. Todos los acusados negaron tener causas judiciales con condena.
Requerimiento
Después de un "acuerdo de partes" concretado el pasado viernes, ayer sólo se leyó el requerimiento fiscal (obviando la extensa elevación a juicio) de cada una de las 18 causas (sobre un total de 200 que se encuentran en trámite) y que llegaron a esta instancia de debate, pero al final de la cuarta lectura, la defensa pidió que se hiciera referencia directa a las acusaciones, toda vez que inicialmente sólo se mencionaban los artículos violentados.
La querella respondió pidiendo respetar lo acordado, por lo que el presidente tuvo que intervenir para ordenar el debate y así continuar con su desarrollo. Tras lo cual y con un Código Penal "a mano" se leyó cada una de las acusaciones.
Con el aporte de la secretaria y otras relatoras, se fueron leyendo cada una de las causas. Así aparecieron los nombres de Julio César Santuccione o José Naman García, máximo responsable policial uno y director del penal el segundo pero, en general, el relato, aunque escueto, puso de relieve una forma de actuar "sistemática": la mayoría de los procedimientos se concretaron en horas de la madrugada, pero hubo dos excepciones: Gerónimo Morgante y Francisco Reinaldo Urondo.
El secretario de Agricultura de esos años fue detenido por personal policial en su despacho de la Casa de Gobierno a media mañana. Urondo, cuando la tarde del 17 de junio de 1976 fue perseguido por un vehículo policial (sin identificación), persecución que terminó en Dorrego con su mujer, Alicia Cora Raboy, detenida y que hasta hoy figura como desaparecida.
Por su parte el escritor santafesino y militante Montonero, terminó muerto de "un culatazo", versión confirmada por un profesional del Cuerpo Médico Forense, descartando otro tipo de lesiones, como por ejemplo la de disparos efectuados a lo largo de ocho cuadras.
Lo más emotivo
La sala permaneció en un respetuoso silencio en casi todo el desarrollo de la audiencia. Sin embargo esa situación se alteró con un murmullo cuando se hizo referencia a un operativo que terminó cuando los militares no sólo se llevaron "detenido a un empleado sino que, además, hicieron desaparecer una heladera, alhajas y dinero".
Pero el momento más emotivo transcurrió cuando se leyó la requisitoria de Lidia Beatriz De Marinis, porque sentada entre el público estaba su madre que pasó más de 30 de sus 92 años esperando este momento.
Amigos y familiares la tomaron de la mano y así escucharon el relato, que la tuvo como protagonista aquella madrugada del 3 de junio del '76, cuando un grupo armado ingresó a su departamento de calle Catamarca al 400 y, después de golpearla junto a su esposo y otro hijo, los ataron y tiraron al piso. Después alcanzó a ver desde la ventana (la puerta había sido trabada desde afuera) cómo se llevaban a la joven de 27 años y de la que nunca más se supo nada.
Finalmente se declaró abierto el debate y así terminó la primera audiencia. La actividad continuará hoy, desde las 9 y hasta las 18, oportunidad en que se irán ventilando cada una de las causas.
Después de 34 años de espera, las casi dos horas de demora en el inicio del debate fueron sólo gotas de agua en el mar. Y a sala llena, con mucha gente en la explanada y otros tantos en el Concejo Deliberante capitalino, el juicio más esperado comenzó a transitar el camino en busca de una respuesta a tantos interrogantes.

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