El operativo ‘despegue’ está, todavía, en ciernes. Casi a mitad de camino entre las necesidades obvias de gestión –traducido: quién maneja la billetera-, y la presión de algún sector del entorno del intendente Pablo Bruera que considera que “el kirchnerismo está muerto” y lo empuja a abrirse.
Mientras, rearma el sello del Frente Renovador Platense, la sigla que le permitió plasmar la vieja consigna popular, “Bruera es agosto”, inaugurando nuevas sedes partidarias en la ciudad, casi en simultáneo con la puja electoral –que devino en un trámite- que lo entronó en la conducción del PJ de la Capital bonaerense. Rebautizado, ahora, como el “Movimiento Nuevo del Frente Renovador Platense”, con cuyos colores ‘vistió’ la ciudad el día de su aniversario.
Quienes le sugieren que llegó el momento de dar el salto le murmuran al oído su convicción: “que el kircherismo está en caída, más cerca del ocaso que de su resurrección”. Le soplan. Y se jactan de haber surtido efecto.
¿Casual?: la foto de la prensa amiga con las imágenes del flamante titular del PJ platense ‘pegado’ a representantes del kircherismo, no ilustró, llamativo, la ‘columnita’ que dio cuenta de su desembarco en la presidencia del Partido en la Capital Provincial junto al Jefe de Gabinete y representante del híperalineamiento con la Rosada, Alberto Pérez y el viceministro de Desarrollo Social, y flamante aliado, Carlos Castagneto.
En épocas de ‘despegue’ todavía encubierto, los gestos hablan. Y las imágenes más. No?.



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