Gimnasia cerró el año no como quería e imaginaba, e incluso con algunas situaciones criticables, aunque la paridad del torneo lo sigue poniendo en una ubicación que ilusiona.
Desde lo estrictamente numérico, el semestre para el Lobo termina siendo positivo. El equipo de Pedro Troglio alcanzó la línea de los 30 puntos y igualó, por ejemplo, la misma marca que sumó Quilmes la temporada pasada, que a la larga fue uno de los que logró el ascenso de manera directa, detrás de River, que fue el campeón de aquella temporada.
Claro que si uno repasa lo que fueron estas 18 fechas y el andar que tuvo Gimnasia en el campeonato, llegar a los 30 puntos y cerrar el año fuera de la zona de ascenso, lugar que ocupó prácticamente a lo largo de toda la primera rueda, no deja conforme a casi nadie.
Luego de haber tenido un arranque arrollador, ganando los tres primeros encuentros, empatando los siguientes tres y manteniendo el invicto hasta la fecha 9, momento en el que el equipo comenzó a transitar por una camino descendente, más allá de que luego pudo hilvanar otras tres victorias encadenadas, los resultados dejaron de acompañar al Lobo y, casi de manera sorprendente, la dudas comenzaron a copar la escena y a generar preocupación en todo el búnker tripero.
A partir de entonces, desde el choque ante Defensa y Justicia (1-3) empezó a evidenciarse un retroceso en el andar individual y colectivo del equipo que llevó a que Gimnasia cierre el año pidiendo a gritos por una victoria luego de seis fechas sin poder sumar de a tres y a su vez fuera de la zona de ascenso, lugar que mantuvo hasta la fecha 16, con Instituto (0-0).
Aún sin poder despedir el 2012 como hasta hace sólo poco más de un mes atrás se pensaba, en zona de ascenso, quizá como líder y con una ventaja considerada sobre el cuarto, durante todo el semestre se registraron algunas cuestiones positivas, que hoy seguramente se toman como elemento de motivación para encarar la segunda ronda del campeonato, y otras negativas, que servirán de antecedente para no volverlas a cometer.
Desde el punto de vista colectivo, se resalta que, aun teniendo rachas de sequía importante, el equipo cerró el semestre como el más goleador del torneo, con 24 goles, y que en cinco de los ocho encuentros que ganó lo hizo por una diferencia superior a los dos goles, dato no menor que refleja la superioridad que mostró sobre los rivales en estos partidos disputados.
En cuanto al plano individual, aquí los resultados terminan siendo más dispares. Por un lado, el dato más contundente es que de los diez refuerzos que llegaron en el mercado de pases, sólo cuatro terminaron estando dentro del equipo: Barsottini, Blengio, Licht y Oreja. El resto, Basualdo, Cuevas y Quiroga, no terminaron jugando y el rendimiento no fue el esperado, mientras que Russo y Bochi ni siquiera tuvieron minutos en cancha.
Así todo, dentro de este grupo de futbolistas, hubo varios que le dieron resultados al equipo. Los casos más emblemáticos, sin dudas, son los de Barsottini y Pereyra. Pucho, además de ser un referente en la defensa tuvo la dicha de transformarse en un goleador con 6 tantos; mientras que el delantero, que llegó en silencio, fue el que más marcó: siete goles.
A todo esto, en el arco Fernando Monetti agigantó el magnífico presente que está teniendo. El Mono otra vez, como en el primer semestre, volvió a ser determinante y por eso Troglio lo reconoció con la cinta de capitán en varios partidos, cuando no estaban Licht o Cabrera.
Hablando de Cabrera, sin dudas que es una de las manchas que tuvo el semestre del Lobo. De referente, capitán y figura en la primera parte del año, el volante terminó dentro de una lista de jugadores prescindibles y en cortocircuito con el cuerpo técnico. Aunque sólo las partes involucradas saben en verdad lo que pasó, no deja de ser cierto que el ex Racing e Independiente era una pieza clave para pelear el ascenso y para el entrenador ya no lo es.
Por último, es para resaltar la participación y el protagonismo que fueron tomando durante todo el torneo varios jugadores del semillero. Los casos más resonantes está claro que son Ignacio Fernández y Franco Mussis. El primero, de entrenar en el Selectivo, se convirtió en un jugador casi indispensable en el mediocampo, especialmente por su claridad para jugar. El Gordo, por su parte, fue un comodín para el DT y terminó siendo el motor de Gimnasia.
Pensando en el arranque del 2013, generan mucha expectativa lo que puede pasar con Joaquín Romea, Maximiliano Meza, Federico Rasic y Luis Peralta, que si bien tuvo participación en el equipo en esta primera parte del torneo al colombiano aún le queda mucho por explotar y puede convertirse en una arma más que importante para el equipo.
Con este panorama Gimnasia le puso punto final al 2012 y a la primera parte del torneo. No terminó como quería, pero tampoco quedó en una posición crítica. Quedó a cinco puntos de Olimpo, el puntero, y a uno de la zona de ascenso. El Lobo sigue dependiendo de sí mismo en esta asfixiante lucha del ascenso. Y lo más positivo de todo esto, es que tiene material para pelear y lograr el cometido final.

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