En marzo, aumentó el 100% el monto que reciben por niño de entre 2 y 6 años para dar el almuerzo de lunes a viernes. Sin embargo, asisten muchas personas que por su edad no pueden figurar en los padrones y así los recursos escasean.
Las encargadas de los comedores recibían hasta febrero de este año $2,40 por niño por día. Pero a partir de mayo se les concedió un aumento del 100%, lo que llevó el importe a $4,80.
Este incremento se pagó retroactivo por marzo y abril, debido a que la suba se aprobó en aquel mes, cuando también se firmó un convenio con el primer nivel de atención para hacer controles de peso y talla que permitan detectar a niños con riesgo nutricional, déficit nutricional o desnutrición. Sin embargo, en Amor y Fe y el Centro Comunitario Infantil, ambos de Villa Floresta, comedores a los que consultó El Tribuno, expresaron que recién cobraron el 15 de este mes y que en muchas ocasiones estos retrasos los llevan a suspender días -y hasta una semana- sus tareas. Ya en Divino Niño Jesús, de 17 de Octubre, también visitado por este medio, esto no ocurre porque ellos además cuentan con fondos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), una ayuda que otorga el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
En diálogo con El Tribuno, el coordinador de Programas Sociales de la Cooperadora Asistencial, Alvaro Anaquín, expresó que los comedores subsidiados ya deberían haber adaptado sus circuitos de pago a los vencimientos del 15 al 20, porque “ese es el calendario de cobro que se estableció hace cuatro años y que está supeditado a transferencias bancarias de la Provincia a la Municipalidad”. Además subrayó que al duplicar sus ingresos y recibir retroactivos “se van a estabilizar de nuevo” y advirtió que habría que engrosar el $4,80 diario por chico con otras prestaciones asistenciales como la tarjeta del programa Nutrivida (de $70 mensuales), que reciben niños desde los 6 meses hasta los 5 años, 11 meses y 29 días. Aunque para ingresar a este programa, debe mediar un diagnóstico de algún nutricionista perteneciente al Ministerio de Salud Pública de la Provincia.
Julián Matorras es jefe territorial del Programa Abordaje Comunitario, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, y explicó a El
Tribuno que “desde 2003, cuando se llamó a concurso de asociaciones con personería jurídica, tenemos convenio con 34 comedores, aunque fueron 50”. El Programa Abordaje Comunitario está pensado para chicos desde los 6 meses y hasta los 18 años, madres embarazadas, discapacitados y ancianos. Por almuerzo se otorga $6 y por merienda $2,80. En particular las encargadas de los comedores deben presentar una vez al mes y con carácter de declaración jurada, la rendición de cuentas respaldada por facturas y bimestralmente esta documentación es auditada por personal de Buenos Aires. Resulta llamativo que la Cooperadora y Abordaje no realicen nuevas convocatorias, aunque son varias las instituciones que fueron dadas de baja. En todos los comedores consultados, a pesar de las subvenciones concedidas, continúan siendo de suma importancia las donaciones que particulares les acercan y muchas veces hacen la diferencia entre poder ofrecer sopa, plato principal y postre; sopa y plato principal; sopa sola o nada.
Vienen tiempos mejores para Amor y Fe
El comedor ubicado en Juana Gorriti 1830, del barrio 17 de Octubre, encierra en su denominación dos sentimientos de afecto, inclinación y entrega a alguien: amor y fe.
En esta entrega creen 170 niños empadronados y otras personas que concurren a buscar su alimento diario. Allí los recibe Ema Silva, la encargada de esta institución que abrió sus puertas en 1991.
Al comedor, ahora en remodelación, lo circunda un barrio de calles de tierra y en pendiente, tan cuesta arriba como el visitante se perfila que debe de ser el día a día de sus habitantes. “Este es un barrio olvidado. No tenemos gas, cloacas ni instalaciones formales de agua. Está terrible por la droga y el alcohol”, lamenta Ema. Por el momento, los almuerzos en el salón se encuentran suspendidos porque la Municipalidad está remodelando y ampliando las instalaciones, obra que se inició en diciembre del año pasado y concluirá en las próximas semanas.
La primera construcción en Amor y Fe fue muy mediática, seguida por los fanáticos de la edición 2009 de Talento Argentino, emitido por Telefe. Marco Martínez, participante salteño, fue uno de los semifinalistas de este certamen y en aquel momento obtuvo 10 mil pesos para ampliar la sede de Amor y Fe. También reunió cientos de donaciones. Este bailarín folclórico dijo oportunamente ante las cámaras que “desde hace algún tiempo intento rescatar a chicos de la calle en mi barrio, Floresta, por medio de la danza folclórica”.
Una vez que los reflectores televisivos se redireccionaron, quedó la cotidianidad sin brillo.
Otra época que Ema recuerda con nostalgia la remonta a 2010, antes de que la Provincia traspasara la administración de los fondos para los comedores a la Cooperadora Asistencial. “Era mejor antes porque todos los decomisos -como ropa y zapatillas- iban a parar en los comedores. Además mandaban maestras y profesoras para brindar apoyo escolar a los niños”, ejemplifica.
También apunta que muchos de los que vienen a pedir alimento no se enmarcan precisamente en la franja entre 2 y 6 años; pero el dicho es categórico: “Un plato de comida no se le niega a nadie”. Y así, los fondos, de por sí escasos, no alcanzan para cumplir el mes.
“A mí me gustaría que el subsidio llegue hasta los 14 años porque chicos de esa edad pasan el día acá y uno no sabe, si están en la calle, cuándo pueden caer en la droga. De última, que vengan de la Cooperadora y los saquen a los chicos del comedor”, expresa con tranquilidad.
Hasta que el funcionamiento pueda normalizarse, dan la copa de leche y viandas nocturnas. Milanesa de molida, albóndigas y tartas de verdura suelen ser el menú. Este comedor sigue distinguiéndose por dos proyectos particulares: la huerta comunitaria y el albergue para estudiantes universitarios provenientes del interior. Hoy viven allí trece alumnos que cursan en la Universidad Nacional de Salta.
Las cuentas claras, en el Centro Infantil La Floresta
Los comedores son representados por tres personas, una encargada y dos ayudantes, nombradas en asamblea por comisiones que para tal fin se constituyen cada año en los barrios, mientras que la Cooperadora actúa como un tercero para verificar que las rendiciones de cuentas se efectúen con normalidad. La mayoría tiene convenio con los centros de salud cuyo personal realiza controles de peso y talla en los niños. Los comedores casi siempre surgen de la nada, por la voluntad de señoras que confían en que los panes y los peces se multiplican desafiando la aritmética.
Noemí cocinaba, además de la sopa, carbonada con queso e iba a servir de postre naranja. Tampoco en el Centro Infantil La Floresta estaba habilitado el salón comedor. Hace unos días se perdió el juego de llaves y resulta oneroso para sus magros ingresos destrancar cinco puertas. En las listas los nombres oscilan entre 180 y 200.
“Acá se supone que solo deberían comer los chicos, pero vienen familias y todo se aumenta”, define, mostrando en un cuaderno escolar los gastos discriminados menú tras menú. De esta manera pudimos saber que el viernes pasado hubo milanesa con ensalada de papa y chaucha; el jueves, fideos con salsa y de postre mandarina; el miércoles, guiso con molida de chorizo y de postre naranja; el martes, albóndigas con arroz. “En febrero no se cocinó una semana porque no llegamos a fin de mes”, cuenta. ¿Qué comieron los habitués del Centro esos cinco días?, le preguntamos. “Mate, ellos dicen que pasaron a mate”, responde.
El equilibrado Divino Niño
Veintiséis años ininterrumpidos lleva abierto el comedor Divino Niño Jesús, situado en la manzana 388 A lote 24, de 17 de Octubre.
Varios perros callejeros pujan el portón de chapa. Una cartulina se balancea en su precario equilibrio. Burro, personaje de la tetralogía “Shrek” advierte: “¿Usted se parece a mí? Entonces salude”. Es visible que tanto Ilda Maidana, la encargada de la institución, como las cocineras, inculcan a los niños buenos modales.
Ellos aguardan que les sirvan la sopa, tranquilos se sientan a la mesa, educadamente forman fila para recibir una manzana de postre.
El menú de cinco días al que acompaña siempre la sopa: pan de carne con papas perejiladas, hamburguesa con arroz, pollo con arroz primavera, guiso de arroz, estofado de fideos.
El postre generalmente es una fruta, pero cuando el presupuesto alcanza sorprenden con algo más elaborado, como leche planchada.
Ellos también esperan sucesos extraordinarios como aquel día de junio de 2012 cuando se presentaron con donaciones los jugadores de River Plate Rogelio y Ramiro Funes Mori. Les entregaron mercadería por el valor de la recaudación que habían obtenido de un entrenamiento que el plantel realizó a puertas abiertas en el estadio de Gimnasia y Tiro. Ese gesto siempre les vuelve a la memoria, sobre todo cuando deben afrontar tiempos de carestía.
A principios de mes, y también porque las provisiones se habían agotado, las cocineras cerraron dos días para producir bollos caseros.
Aquí en vez de la copa de leche se les da la cena, porque los fondos lo permiten. Sin embargo, en febrero debieron suspender estas viandas un par de semanas, a raíz de problemas con el pago del Penud, “según dijeron porque la Nación había hecho cambio de autoridades”, explica Ilda.
“Todos los días la gente venía a preguntarme por la comida”, cuenta.
“¿Qué comieron los habitués del Centro esos cinco días?”, le preguntamos. “Ellos dicen que pasan con mate, pero...”. La frase queda incompleta, como flotando; “pero”, en este caso, no tiene objeción.
El alcance
Los comedores comunitarios subsidiados por la Cooperadora Asistencial de la Municipalidad suman un total de 28. Los comedores que tienen con el PNUD desde 2003 son 34.
Números reales
En los padrones de la Cooperadora Asistencial están anotados 2.939 chicos de entre 2 y 6 años. Los comedores reciben $4,80 por cada niño de entre 2 y 6 años, destinado solo para el almuerzo de lunes a viernes.
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