Por primera vez en su historia, la Fiesta del Curanto tendrá rango nacional. A pesar de los contratiempos institucionales de Bariloche, se aguarda que todo funcione correctamente. Ya se advierten los preparativos.
Si bien la temporada turística en curso también es un éxito para Colonia Suiza, los vecinos del barrio-paraje esperan con ansiedad el fin de semana que viene, momento en que llevará a cabo la Fiesta Nacional de Curanto. Por primera vez, con ese rango... En efecto, si bien la festividad se concreta hace años, la edición que se viene será inédita en cuanto a su jerarquía, gracias a las gestiones de la diputada nacional Silvina García Larraburu y al intendente hoy suspendido. Pero más allá de la política y los vaivenes institucionales, las jornadas que se avecinan pasarán a la historia, no sólo para los residentes en Colonia Suiza sino para todos los barilochenses.
El fin de semana que pasó ya se notaban la efervescencia y los preparativos. Para evitar mayores complicaciones en el tránsito, se instaló nueva señalización en las calles más transitadas del lugar, con el ánimo de ordenar el desplazamiento de la concurrencia masiva que se espera. Los pequeños empresarios de Colonia Suiza aguardan alrededor de mil cubiertos entre los cuatro o cinco recintos que ofrecerán el tesoro gastronómico pero se estima que la concurrencia general multiplicará en varias oportunidades esa cantidad de comensales. Precisamente, las vicisitudes institucionales de la Municipalidad de Bariloche no ayudaron del todo, pero felizmente los cambios se produjeron con la suficiente antelación como para relanzar el trabajo, según confió el propietario de un tradicional reducto a “El Cordillerano”. En diciembre “se había parado todo, pero hace unas semanas que Fabián (Szewczuk), Silvina (García Larraburu) y (María Eugenia) Martini retomaron las gestiones”. Las menciones se referían al secretario de Turismo, de nuevo en sus funciones; a la legisladora nacional y a la intendenta interina.
A favor
En cierto sentido, los contratiempos pueden considerarse un elemento a favor. Es que al trabarse la relación con el Ministerio de Turismo de la Nación, se frustró la posibilidad de contar sobre el escenario con una o varias figuras de relieve nacional, carencia que no viene del todo mal “porque no queríamos que colapsara Colonia Suiza”, comentó el mismo empresario. Al momento de redactar estas líneas, se barajaba una nómina de artistas barilochenses para aportarle color musical a la fiesta gastronómica.
Es que el atractivo principal de la Fiesta Nacional del Curanto tiene que ver con la particular modalidad de cocción. Se repetirá una vez más la ceremonia: las piedras en los pozos, la leña que arde hasta reducirse en brasas, la disposición de las hojas de nalca o maqui, la distribución sobre el colchón vegetal de papas, batatas, chorizos, morcillas, vacío, pollo, cordero, zapallo con queso y arvejas, manzanas y demás exquisiteces, su cobertura con más hojas, las bolsas de arpillera, la tierra para tapar el curanto y a esperar. Una hora y 20 o una hora y media más tarde, según al maestro, se dispararán las cámaras de los turistas y se llenarán los ojos del espectáculo varias veces centenario. Después, a sentarse en la mesa y administrar sabiamente la ingesta para probar de todo y llegar al final, porque claro, puede suceder que el manjar más sabroso se haga rogar. Una fiesta para todos los sentidos, que es digna de disfrutarse.
Tradición varias veces centenaria
La historia se recuerda cada miércoles y domingo a través de los descendientes de los Goye: sus mayores arribaron primero a Chile, cuando respondieron los incentivos que el gobierno trasandino ponía a disposición de los inmigrantes europeos después de la Pacificación de la Araucanía. Gente inquieta, en sus periplos del otro lado de la cordillera observaron los suizos la manera de cocción que luego adoptaron como propia y enriquecieron con ingredientes más característicos de Europa, como el zapallo con queso y arvejas. A comienzos del siglo XX los campos que hoy conforman Colonia Suiza eran el vergel agrícola y ganadero de San Carlos de Bariloche. Allí se molía el trigo que abasteció de pan a todo el pueblo hasta que gracias a la llegada del ferrocarril, los productos de la Pampa Húmeda hicieron trizas la competitividad local. Se fabricaban carros allí y se sembraba de todo, mucho antes que el perfil turístico que adoptara la ciudad pusiera en segundo plano la producción de alimentos. Parte de esa impronta todavía puede advertirse en el barrio-paraje que bendice el lago Moreno. Quedan varios potreros donde todavía pastan ovejas pero además, proliferan las plantaciones de fruta fina o aromáticas, que precisamente en estos meses perfuman el ambiente. Algunos de esos productos se ofrecen en los pequeños comercios y en la Feria Artesanal. Que sea una fiesta en todo sentido.

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