La Municipalidad ya instaló una veintena en distintos puntos de Paraná, sobre todo donde funcionan escuelas. En calle Larramendi se pondrán 10 más. Destacan su impacto en el tránsito.
La implementación de este tipo de recursos prolifera en las grandes urbanizaciones, debido a que tiene diversas ventajas, sobre en cuanto a costos y funcionalidad, ya que disponer de un semáforo muchas veces no es viable en determinadas vías de acceso.
Los reductores se utilizan para controlar la velocidad de los automóviles y motocicletas y mantener un flujo de tráfico constante en la vía pública, minimizando los peligros en la vía pública y protegiendo a los peatones. Iván Pereyra, técnico superior en Obras Viales e integrante del equipo de la comuna que trabaja en su colocación de los reductores, explicó que “tiene la misma función que los lomos de burro, que es la de disminuir la velocidad. La diferencia es que no son tan pronunciados como lo que se hacen con cemento, y al no tener una vinculación directa con el asfalto no producen la trasmisión de carga que por ahí provoca la vibración de los camiones o de los automóviles, que hace que se partan las casas y se dañen las paredes, como ya ha pasado en otros lados”. Asimismo, comentó que “no son tan peligrosos como los lomos de burro; si bien se hacen sentir si no se respeta, no tienen el mismo impacto. No obstante los vehículos se ven obligados a cruzarlos despacio. Nosotros los señalizamos adecuadamente y están pintados de amarillo y negro, con material refractario para que se puedan visualizar a larga distancia”.
La reacción de los conductores
Pereyra admitió que hay conductores se quejan por esta disposición “pero son los menos, ya que había una necesidad concreta de que en cierta arterias se reduzca la velocidad, habida cuenta del peligro que significaba circular con rapidez en espacios donde funcionan escuelas cerca, con chicos cruzando la calle”.
Uno de las primeras calles donde se implementó este recurso fue en Laprida, en las inmediaciones del hipermercado. Fue tras la muerte de Felicitas Sosa, la nena de 9 años que en el mes de mayo fue embestida por un motociclista que circulaba a alta velocidad por el puente.
Trabajos ya concretados
Además de los de calle Laprida, ya se dispusieron reductores de velocidad en calle Miguel David, frente a la escuela Maestro Entrerriano; también dos en Sarobe, frente a la escuela Santa Lucía; otros tres fueron colocados en calle Jozami, frente a la escuela Máximo Victoria; y en cercanías de la escuela Casiano Calderón, en la calle homónima. Asimismo, Iván Pereyra confirmó que “se realizaron los mismos trabajos en calles Montevideo y Concordia; en calle Torrealday, entre Salvador Caputto y Gonzalo de Berceo; en Leopoldo Herrera, en vecinal Parque del Lago; y en calle Pietranera, en la zona de toma Vieja.
Ahora estamos trabajando sobre Larramendi, en inmediaciones de la aceitera”.
Comunidades educativas conformes con la medida
Los especialistas recomiendan colocar los reductores de velocidad en cuadras donde hay escuelas, zonas de plazas y parques, hospitales y estacionamientos públicos o privados. En este sentido, Guillermo Federik sostuvo que “se da prioridad a las solicitudes que vienen haciendo distintos establecimientos educativos de Paraná”.
Jackeline Giles, vicedirectora de la escuela Santa Lucía, ubicada en calle Sarobe, entre las avenidas De las Américas y Ramírez, señaló a UNO: “Hace tiempo que estábamos pidiendo que se tome alguna medida, como la presencia de un inspector o la disposición de reductores de velocidad, ya que es una calle muy transitada”.
“Los autos y sobre todo las motos pasan a gran velocidad y afortunadamente nunca hubo un accidente con los chicos, porque los maestros estamos muy atentos; con esta medida estamos conformes y ya notamos que hay un cambio de conducta”, agregó.
Por su parte, Roxana Gutiérrez, docente de la escuela Casiano Calderón, comentó que “la institución está en calle Casiano Calderón, casi Florencio Sánchez, y es una arteria muy rápida. Hay muchas motos sobre todo, que no solo pasan rápido, sino que también ingresan a contramano. Con los alumnos no hubo accidentes, pero sí con particulares, por eso es adecuado que se hayan colocado los reductores”.
También opinó María de los Ángeles Gomez de la escuela Maestro Entrerriano, quien afirmó que “fue un recurso acertado, si bien no se colocaron frente a la escuela, en calle Victorio Camerano, sino sobre Miguel David. Los chicos deben pasar la avenida y era un peligro, aunque las motos siguen circulando con caños de escape libres y provocan una contaminación sonora importante. Falta mucha concientización y vemos a los mismos papás cometiendo infracciones ”, concluyó.
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