Colón igualó frente a San Martín de San Juan 2-2 con dos tantos de Braian Romero en la primera etapa, luego el volante fue reemplazado en el complemento. De esta manera, el conjunto sabalero acumula cuatro partidos sin perder.
El empate frente a San Martín de San Juan dejó un sabor amargo, teniendo en cuenta que Colón estuvo dos veces arriba en el marcador y que el segundo tanto del elenco sanjuanino llegó cuando faltaban 10 minutos para finalizar el juego.
Más allá de las circunstancias mencionadas, si el plantel y el cuerpo técnico analizan lo que fueron los 90 minutos podrán darse por satisfechos con el punto obtenido que les permite seguir sumando y acumulando cuatro partidos sin derrotas.
A lo largo del campeonato se hizo hincapié en la anemia ofensiva que mostraba el conjunto rojinegro, ya que sus delanteros no convertían y el equipo generaba muy poco en ataque. Pero ese déficit se fue revirtiendo en los últimos compromisos, ya que ante Defensa y Justicia marcó tres goles, ante Atlético de Rafaela hizo dos y ayer también anotó por duplicado.
Pero en esta ocasión no le sirvió para sumar tres puntos, por obra y gracia de lo mal que defendió el elenco rojinegro, ofreciendo todo tipo de ventajas. Tanto Pablo Cuevas como Mariano Bíttolo fueron desbordados de manera permanente y Franco Lazzaroni junto al debutante Emiliano García perdieron los duelos con Marcos Figueroa y Pablo Vitti que los anticiparon demasiadas veces.
Es cierto que en un equipo deben defender todos, desde el primer delantero presionando arriba, como así también los mediocampistas para achicar los espacios. Y Colón, priorizando un mediocampo más ofensivo con Braian Romero y Cristian Llama por las bandas, más David Ramírez como enlace, no tuvo contención en la mitad de la cancha, dado que Mauro Bogado y Sebastián Navarro manejaron el balón a su antojo.
El Sabalero dependía de sus individualidades, porque en los distintos aspectos del juego era ampliamente superado. En lo táctico, físico y futbolístico el equipo conducido por Carlos Mayor acentuaba las diferencias. Sin embargo, Colón tiene en Romero a un jugador distinto, que cuando encara siempre tiene un recurso de más para desnivelar.
El ex-Acassuso arrancó por derecha, descargó en Ramírez y el Mago con taco majestuoso lo dejó cara a cara con Ardente para definir sin titubeos y establecer el 1-0 que a esa altura era absolutamente inmerecido. Pese a la ventaja inicial, el equipo local nunca pudo imponer las reglas y por eso el Santo sanjuanino siguió machacando de cara al arco custodiado por Jorge Broun.
Apenas iniciado el juego, Figueroa estrelló un remate en el travesaño que indicaba de manera muy clara que el conjunto cuyano no venía a defenderse y que mostraba una actitud ambiciosa. Y así sucedió a lo largo de los primeros 45 minutos más allá del resultado parcial.
Colón miraba el partido y San Martín era el protagonista, pero como se dice habitualmente, los goles no se merecen, se hacen. Y en esa primera etapa, el conjunto dirigido por Javier López tuvo en Romero a la figura del encuentro, esta vez bien acompañado por Ramírez y Llama.
En el primer gol hubo asistencia del Mago, en el segundo el que estuvo lúcido en el pase final fue el ex-Arsenal que en vez de rematar al arco eligió tocar hacia la derecha para el ingreso del carrilero que definió ante la salida de Ardente. A la pelota la terminó metiendo en el arco José Luis Gómez, pero el autor de la conquista no caben dudas de que fue Romero.
El 2-1 con el que se fue Colón al vestuario era un premio demasiado grande, pero poco importaba en ese momento. Los estados anímicos en el fútbol son determinantes y ese gol en los minutos finales actuaba como una inyección anímica para el local y un golpe anímico importante para la visita.
En la etapa complementaria, Colón no sufrió tantos sobresaltos, porque ya los volantes de San Martín no eran tan claros en la distribución del juego. El partido no era tan de ida y vuelta, más allá de que el Sabalero disponía de mayores espacios para contragolpear. La salida de Romero (jugó infiltrado) fue decisiva para que Colón no tuviera esa marcha de más para lastimar al rival.
En su lugar ingresó Sebastián Eguren, con la clara intención de reforzar la marca en la zona media para aguantar la embestida del elenco verdinegro. Colón lo tenía controlado, pero las desatenciones defensivas pronosticaban que hasta el pitazo final no se podía festejar. En el complemento San Martín no había llegado de manera clara y era más lo que insinuaba, que lo que terminaba concretando.
Pero una nueva distracción le permitió al Santo arribar al empate tras un centro frontal, en el que Lazzaroni perdió con Gustavo Pinedo Zabala y el balón derivó en el recién ingresado Leandro Martínez, quien se encontró con un regalo producto de un fallido despeje de Bíttolo. El delantero no dudó y con una furiosa media vuelta le rompió el arco a Fatura Broun.
Los 10 minutos finales fueron de ida y vuelta y lo pudieron ganar los dos equipos. Cuando el partido se moría Bíttolo asistió a Cristian García, pero el punta de manera inexplicable decidió eludir al arquero en vez de rematar y el balón se fue por el fondo de la cancha.
Fue la última acción de peligro de un partido que tuvo todos los matices y en el que Colón no supo defender el resultado. De cara al futuro se podrá rescatar que el equipo mejoró ostensiblemente de mitad de cancha hacia adelante y los números así lo indican. Pero defendiendo como lo hizo ayer, estará mucho más cerca de perder que de ganar. Como nunca, Colón mostró las dos caras de la moneda, cuando tuvo la pelota y atacó, generó esperanza e ilusión, cuando retrocedió fue una obra maestra del terror. Eso explica el resultado final.
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