Una nena de 12 años que regresaba a su casa desde el colegio murió al intentar trepar a la unidad. Investigan si la puerta estaba abierta.
Entre ellos estaba Priscila Mamani, quien quizá soñó con comprarse algo. A sus 12 años, seguramente la coquetería le provocaba ese cosquilleo propio de las nenas de esa edad. Pero las chicas no tenían plata. Se prometieron comprar algo la próxima vez. Eso recuerda la vendedora del puesto ubicado en la vereda de la placita, a cinco metros de donde segundos después pasaría la tragedia.
Desde la zona de los puestos, en la placita, el grupo de compañeritos del colegio vio venir el ómnibus de la línea 72 de Ciudad de Córdoba. Y corrió hacia la parada, ubicada sobre San Jerónimo 2800, a unos 60 metros. Priscila fue la última. Cola de perro.
Quienes vieron la dramática escena recuerdan que el chofer detuvo la marcha después de la parada, más cerca de la esquina de esa calle con Ambrosio Funes, quizá al ver a los chicos –vestidos con el clásico guardapolvo blanco y cargando con las pesadas mochilas en sus espaldas– que corrían hacia el ómnibus, desesperados por regresar a sus casas.
Caída y desesperación. Los tres primeros subieron y se acomodaron a lo largo de la escalerita de acceso al ómnibus. El chofer reanudó la marcha lentamente. Las pericias y los testimonios de los pasajeros determinarán si lo hizo con la puerta abierta.
Cuentan quienes vieron cómo murió la nena que en ese instante fatal, con el ómnibus moviendo apenas sus 15.500 kilos, Priscila intentó treparse: puso los pies en el filo del primer escalón y se sujetó con sus manitos de las manijas laterales de la puerta.
Unos segundos después, resbaló en la esquina de San Jerónimo y Ambrosio Funes, a un metro de la vereda.
Tres o cuatro puesteras de la placita gritaron tan fuerte como el horror de ese momento se los permitió. Corrieron moviendo los brazos y con el corazón en la boca, hasta que el colectivo frenó unos pocos metros después, ya sobre Ambrosio Funes.
“No la vi, juro que no la vi”, dicen que gritaba el chofer al descender del ómnibus y ver el cuerpito sin vida de Priscila tendido sobre el asfalto. La mochila gris de la nena estaba intacta y repleta de carpetas y útiles.
Anoche, el conductor permanecía demorado en la Unidad Judicial de Accidentología Vial, a la espera de ser imputado por el delito de homicidio culposo, es decir sin intención. Los testimonios de los pasajeros y las pericias determinarán la clave: si la puerta iba abierta.
Constanza, otra muerte. Constanza Montenegro murió el 26 de octubre de 2011 cuando regresaba de la escuela: la unidad 510 de la línea R11 de Tamse la atropelló con el eje trasero. La adolescente cayó al pavimento en Belgrano 50.
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