Cloacas saturadas y olor fétido, una pesadilla para México DF

Cloacas saturadas y olor fétido, una pesadilla para México DF
El hedor sale de las alcantarillas y del mayor basural de América, cerca del aeropuerto.
Ni siquiera las incesantes lluvias de los últimos días, que anegaron la ciudad, han conseguido llevarse el olor. Todo lo contrario, han hecho florecer un fétido aroma que recibe a los viajeros desde que aterrizan en el aeropuerto del Distrito Federal, ubicado en el centro de la ciudad y a pocos kilómetros del basurero más grande de América Latina.

Con 70 millones de toneladas de basura que permanecen enterradas, el Bordo Poniente es el relleno sanitario más grande del continente y el mayor pasivo ambiental de México. En sus entrañas hay 1.5 millones de toneladas de gas metano que buscan salir a la superficie y lagunas de lixiviados (jugos tóxicos) estancadas sobre el acuífero profundo del Lago de Texcoco.

A punto de cumplirse 15 meses de su cierre definitivo, nada se sabe de los ambiciosos planes que anunciaban que el inmenso basurero produciría gas suficiente para mover media ciudad. Todo lo contrario, el mal manejo de los residuos satura la atmósfera del oriente de la Ciudad de México y provoca náuseas a los turistas que aterrizan en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

También en la Línea B del Metro es común observar, sobre todo por las mañanas, a los usuarios taparse la nariz y la boca al salir de las estaciones, debido al hedor que se percibe en el ambiente.

Pero no es el único lugar. A lo largo y ancho de la ciudad se han instalado bombas para el alcantarillado que trabajan constantemente para desalojar las aguas residuales de la ciudad, fundada hace más de 600 años por los ‘Mexicas’ sobre la isla de un lago. Las bombas tienen ventilas que expulsan un hediondo gas a cielo abierto. Una de esas ventilas está instalada en la escultura de “El Caballito”, que se asienta en el elegante Paseo de la Reforma.

Los expertos concuerdan con que la principal fuente de la fetidez que inunda intermitentemente algunas zonas de la Ciudad de México es el saturado sistema de drenaje.

El sistema de alcantarillado y un túnel de drenaje subterráneo, que recibe aguas negras y agua de lluvia, fueron construidos hace más de 50 años, y la población de la zona metropolitana, que hoy supera los 10 millones de habitantes, ha crecido a más del doble desde entonces.

Este mes, Miguel Angel Mancera, el alcalde, anunció planes para controlar los olores provenientes de la única planta de composta (abono) de la ciudad y acelerar el proceso de reciclaje en la urbe.

El ambicioso plan de 135 millones de dólares contempla la construcción de tres plantas de biogas para producir electricidad y composta. También incluirá más programas de reciclado para que, cuando esté completado en 2018, las 12.500 toneladas de basura que se producen diariamente se reciclen, dijo Mancera.

El sistema de drenaje de la zona metropolitana recibe actualmente más de 50.000 litros de aguas residuales por segundo, suficientes para llenar una piscina olímpica cada minuto.

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