Ciudadanos de 30 años, 100% democráticos

Ciudadanos de 30 años, 100% democráticos
"Los hijos de la democracia" nacieron cuando moría la última dictadura. Son jóvenes en la antesala de la adultez o adultos con un pie en la juventud. Provienen de diferentes ámbitos, cultivan intereses diversos, y gustosamente accedieron a suspender sus rutinas para discutir sobre las virtudes y defectos del sistema restaurado en 1983

Si la democracia recuperada en 1983 pudiese ser comparada con este grupo de nacidos durante ese año habría que decir que: 1) gozó de una infancia feliz y despolitizada (Gonzalo Maza, rugbier de Los Tarcos y empleado de Tribunales); 2) desairó sin pesar la tradición profesional de sus padres (Bianca Budeguer, licenciada en Historia y diseñadora de indumentaria); 3) se independizó cuando la convivencia familiar se puso cuesta arriba (Agustín Indri, fotógrafo y docente universitario); 4) se especializó en el extranjero y regresó al país (Matías Mirande, abogado experto en Derecho Tributario); 5) no olvida el desastre social derivado del cierre de fábricas durante los años 80 y 90 (Natacha Recofsky, ex empleada de un "call center" y estudiante de la Licenciatura en Economía); 6) también recuerda la debacle de 2001 (Tomás Margaría, programador y estudiante de la Licenciatura en Informática); 7) trabaja en proyectos con impacto social (Emilia Ayup, licenciada en Ciencias Políticas); 8) se alegra de que la política haya ganado espacio entre los jóvenes (Benjamín Guardia, arquitecto y músico), y 9) está lejos de la calvicie, pero ya peina algunas canas (Emmanuel Parrado, licenciado en Historia y comerciante).

Sus padres les decían que trajeron la democracia, pero ellos, los nacidos cuando desaparecía la última dictadura cívico-militar, confiesan que recién de grandes comprendieron el significado de esa frase oída hasta en la sopa. "No creo que a mí me hayan concebido porque entonces hubiese un clima especial de esperanza", medita Recofsky. "En 1983 tampoco había garantías de una democracia duradera: el país venía de golpe de Estado en golpe de Estado desde 1930", reflexiona Budeguer. "No quiero ser injusto con quienes nos dieron la vida, pero me parece que, en el presente, hay en general mayor conciencia política", añade Parrado. "O quizá estamos todos más pendientes de la economía", matiza Mirande. "No sé si mis viejos tuvieron la expectativa de la prosperidad, pero sí creyeron a (Raúl) Alfonsín y pensaron que venía algo mejor", explica Indri. "Mi hermana melliza y yo nacimos el 28 de octubre, pero mi madre se levantó de la cama para ir votar porque había vivido las restricciones de la dictadura y sentía que empezaba una etapa distinta", relata Ayup.

"Los hijos de la democracia" convocados por LA GACETA (procurando reunir perfiles diversos no necesariamente representativos del tucumano promedio de 30 años) parecen más preocupados por la realización personal que por formar la familia propia. Sólo dos de los nueve dieron el "sí, quiero" en el Registro Civil (Parrado y Mirande) e hicieron "abuela" a la democracia (Indri y Mirande). Tal vez tienen otros planes. O tal vez son más libres que lo que, a esa misma edad, lo fueron sus padres.

Adiós a la delegación

Al cabo de tres décadas les queda la sensación de que la ciudadanía se involucra cada vez más en las cuestiones colectivas. O de que el desinterés generalizado de antaño comienza a retroceder. El tema "participación" aparece por primera vez tras media hora de conversación en la Redacción de este diario. "Soy optimista. Se está abriendo el campo de juego: veo que cada vez más gente valiosa se involucra en política. Es importante que esto ocurra: quizá estemos frente a una posibilidad de renovación y cambio", postula Guardia. Maza acota que en su casa nunca se tocó demasiado la antítesis dictadura-democracia. "No recuerdo que habláramos de política en la mesa familiar", confiesa.

Este puñado de treintañeros dice que no siente temor de participar en el debate público ni de exteriorizar lo que piensa. "No tengo miedo. Milito en el Partido Obrero, voy a manifestaciones y no me importa que me saquen fotos en esas situaciones. Sé que a mí no me va a pasar nada... quizá porque nací en democracia", manifiesta Recofsky. Enseguida se despiertan los recuerdos de la desnutrición infantil y el clamor popular porque "se vayan todos": Margaría y Budeguer consideran que ese fue el momento más débil de la democracia restaurada en 1983. Ayup acota: "de esa derrota aprendimos que necesitábamos otras reglas y lentamente empezamos a dejar atrás la democracia delegada para adoptar un sistema más participativo".

Bienvenido el disenso

La participación que tanto complace a "los hijos de la democracia" no está desprovista de polémica. Indri mete el dedo en el ventilador: "nuestras impresiones son válidas, pero remiten siempre a una construcción de día a día. Las cosas son muy complejas: la última dictadura fue sangrienta y sus secuelas son jodidas, pero antes de 1976 había violencia. Vivimos en una provincia que fue cuna del Operativo Independencia (1975) y que después votó a (Antonio Domingo) Bussi".

La sala bulle. Budeguer agrega: "no sólo eso, el bussismo sigue siendo la tercera fuerza política de la provincia". Parrado replica: "esto no es un retroceso sino que significa que si ese sector quiere llegar al poder debe formar un partido político y competir en elecciones". Budeguer duplica: "no encuentro positivo que Fuerza Republicana tenga el apoyo de casi el 10% de la ciudadanía, pero estas son las pautas del juego. También es democrático que cada cual elabore una opinión sobre las cosas que pasan". Indri arremete: "Bussi fue un genocida. No imagino a Alemania permitiendo a un alto mando del nazismo presentarse a elecciones". Guardia interroga: "¿el camino democrático sería prohibir la participación?". Mirande aporta: "no sólo no hay que prohibir, sino que me parece importante que tengamos un partido de derecha. Debemos superar los prejuicios".

El debate se detiene en la caracterización de los bandos que chocaron durante la dictadura. No hay acuerdo entre "los hijos de la democracia": unos consideran que corresponde cargar las tintas -y toda la responsabilidad- sobre el terrorismo de Estado, otros entienden que los grupos armados que lucharon contra los golpistas también cometieron delitos. "Podemos decir muchas cosas, pero debemos hacernos responsables de nuestras palabras. Ese es un buen ejercicio democrático", propone Indri.

En cuestión de instantes, el diálogo se estira hasta la hora y media. Hay que cerrar. ¿Y cómo no terminar el encuentro con sugerencias para perfeccionar el sistema reconquistado en 1983? Esta es la agenda de "los hijos de la democracia": 1) tomar más en serio la república, por ejemplo, respecto de la división de poderes (Parrado); 2) buscar estabilidad mediante el fortalecimiento de las instituciones (Budeguer); 3) forjar políticas de Estado duraderas para curar, educar y dar de comer (Ayup); 4) promover una alternancia en el poder que no destruya las ideas válidas de los representantes anteriores (Guardia); 5) saldar las deudas sociales en el lugar que cada ciudadano ocupa (Indri); 6) potenciar el derecho a pelear por los derechos (Recofsky); 7) exigir representantes impregnados de sentido ético (Mirande); 8) hacer planes a mediano y largo plazo (Maza), y 9) aumentar la calidad de los servicios de salud y educación para romper la desigualdad (Margaría).

"Los hijos de la democracia" se preguntan si sus ideas e intercambios harán pensar a los lectores. Ojalá los foristas continúen la discusión en LAGACETA.com y ojalá los representantes tomen nota de ella. La democracia recobrada en 1983 los convoca. El pueblo, como siempre, elige dónde quiere estar.

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