En horas de la tarde de ayer, con un nutrido público de alumnos de diferentes instituciones educativas de la ciudad, la Asociación Sanmartiniana de San Nicolás y el Municipio celebraron un acto con motivo de cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento del Gral. Don José de San Martín.
Participaron en representación del intendente Marcelo Carignani, el Secretario de Coordinación de Gabinete Daniel Castaño; el Obispo Diocesano de San Nicolás Monseñor Héctor Cardelli; el presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana Aníbal Espinosa Viale; veteranos de la guerra de Malvinas; las inspectoras jefe de Educación Diana Lita y María García; docentes y alumnos de escuelas; entre otros.
Luego de entonar las estrofas del Himno Nacional, en recordación del momento en el que el Gral. Don José de San Martín ingresara a la inmortalidad, instituciones de la ciudad brindaron ofrendas florales al pie del monumento que recuerda al gran Libertador. Ellas fueron la Municipalidad de San Nicolás y la Asociación Cultural Sanmartiniana. Asimismo, el Instituto Modelo Gral. San Martín realizó la plantación de ejemplares de pinos, réplicas de los que se encuentran en el histórico Convento de San Lorenzo. En otro orden, luego de los discursos, los alumnos de dicho instituto protagonizaron una representación artística en conmemoración del Gran General.
Historia
Haciendo uso de la palabra, el Dr. Espinosa Viale recordó: “Desde su exilio voluntario un día como hoy, el 17 de agosto de 1850, hace 161 años a la edad de 72 años, fallecía el gran General en Francia en la localidad de Boulogne Sur Mer, en la casa que habitaba de la calle la Gran Rue número 105.
La escena se desarrolló de la siguiente manera. Le dijo a su yerno Balcarce: "Mariano... a mi habitación” y le comentó a su hija Merceditas, previo retiro de sus queridas nietitas: "Siento la fatiga de la muerte". Exactamente a las quince horas, cerró sus ojos el "viejo guerrero de los Andes” y entraba en la inmortalidad de los grandes.
Veintisiete años pasaron para que sus nobles restos fueran traídos a su patria para que se cumpliera su deseo: "Quiero que mi corazón sea depositado en Buenos Aires".
Cuántas amarguras pasó en su ostracismo por la falta de reconocimiento a su persona acompañada con la ingratitud y la envidia de algunos de sus contemporáneos.
En la mañana del 20 de agosto, los restos del Libertador, fueron colocados en un féretro y acompañados por una reducida compañía de familiares y amigos, tal como él quería. Fue conducido hasta la iglesia "Saint Nicolás", donde se rezó un responso religioso en su memoria”.
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