Los crímenes fueron cometidos a una distancia no superior a diez cuadras. Con el crimen de Roberto Hamud, el perímetro de jurisdicción de la Comisaría Cuarta sumó otra muerte motivada por venganza
El viernes 26 de abril a la noche, en Quintana y Primero de Mayo, a Gastón Edroso (26) lo bajaron de un auto negro y luego lo acribillaron de 8 balazos. Los ocupantes del vehículo dejaron el cuerpo tirado en la cinta asfáltica y huyeron. La víctima era del Gran Buenos Aires, se encontraba en libertad asistida por una condena por “robo agravado por el uso de arma de fuego apta para el disparo” y también estaba imputado por otro robo cometido en Mar del Plata y en una causa por estupefacientes. Esta causa también recayó en la fiscal Sánchez.
El 12 de agosto, el vigilador Jorge Campos (66) fue hallado muerto por su ex esposa en su casa ubicada en Saavedra al 5300. La víctima había recibido un disparo en el pecho y otro le había rozado el rostro. En el lugar no se registró ningún faltante, por lo que la principal hipótesis es que Campos fue asesinado por alguna pelea a raíz de su trabajo como vigilador en la esquina de Saavedra y Jara. El crimen lo investiga el fiscal Paulo Cubas.
El lunes 19 de agosto a la madrugada, Carlos Peralta (33) fue asesinado a quemarropa de cinco disparos en el pecho en la puerta de su departamento de San Lorenzo al 5300. En esta oportunidad tampoco se registró ningún robo. El jueves 15, Peralta y su mujer habían sido baleados en las piernas mientras paseaban a su perro por Primera Junta y Primero de Mayo.
El último de los asesinatos de la zona relacionados con problemas de vieja data ocurrió el lunes 19 a la noche. Roberto Hamud (48) fue asesinado de dos disparos a muy corta distancia, uno en la frente y otro en la cara, mientras se encontraba tomando mate en su kiosco ubicado en Roca al 4900. La víctima tenía numerosos antecedentes penales, era sospechado de vender droga en la zona y en su poder la policía encontró dinero en efectivo y 2 gramos de cocaína. Investiga el hecho el fiscal Juan Pablo Lódola.
Comentá la nota