El cierre definitivo de la planta de dióxido de uranio Dioxitek en Córdoba abre la posibilidad de que se aceleren los tiempos de construcción y radicación de la polémica empresa en la capital formoseña, ya que según advierten desde los organismos oficiales la capacidad de generación de energía nucleoeléctrica corre serios riesgos y podría dejar, en un plazo de entre seis y nueve meses, sin servicio a casi 10% de la población argentina, lo que afectaría a alrededor de un millón de hogares, según refleja en su edición online el diario Perfil.
Si los plazos de stock que se manejan desde los organismos nacionales se van cumpliendo, todo indicaría que la nueva planta de producción de uranio que será emplazada a 17 kilómetros del centro de la ciudad de Formosa podría verse acelerada en los tiempos pese a que aún faltan culminar algunos procesos para su instalación, aunque máquinas y obreros ya preparan el terreno de lo que será el edificio dentro del predio del Polo Científico y Técnico.
Pese a las dudas que genera el emplazamiento del emprendimiento en la provincia, el gobierno de Insfrán no detuvo su decisión de instalarla en estas tierras incluso después del rechazo de varios municipios del país que fueron tentados con llevar la fábrica que se fue de Córdoba por las consecuencias ambientales que produjo en el barrio Alta Córdoba, según denuncias de vecinos y ambientalistas.
La clausura se realizó a partir de una serie de denuncias que señalaban que la planta violaba “normas que regulan la generación y el tratamiento de residuos peligrosos”.
Sin proveedores
Dioxitek es una sociedad anónima estatal cuyas acciones pertenecen en 99% a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el 1% restante, a la provincia de Mendoza. Allí se producen unas 120 toneladas de dióxido de uranio en base a la purificación del diuranato de amonio. El producto final de la planta cordobesa se envaina y sirve de combustible para las principales centrales nucleares del país, como Atucha I y II, y la propia central de Embalse, en Córdoba. El material producido en “la atómica”, como llaman a la planta los vecinos de Alta Córdoba, es muy difícil de importar debido a que el producto generado allí tiene particularidades muy específicas y demandaría erogaciones millonarias para nuestro país.
Fuentes consultadas por el medio nacional estimaron que el stock de dióxido de uranio alcanzará por unos nueve meses; sin embargo, no todos los expertos son tan optimistas y consideran que, de acuerdo a los requerimientos actuales, el combustible nuclear podría acabarse en seis meses. “Sin dióxido de uranio, las plantas no pueden funcionar, y el que se genera en estas plantas es de altísima calidad. El polvo de uranio de Dioxitek está hecho de una manera distinta al de otras plantas, por lo que será difícil encontrar un proveedor que pueda alcanzar estos estándares de calidad. La planta de Dioxitek en Córdoba es prácticamente irreemplazable”, aseguran los expertos.
--Pese a que los directivos de Dioxitek se negaron a hablar con este medio, los empleados de la firma en Córdoba y los propios dirigentes reconocen que va a haber “un bache difícil de sortear en la producción de dióxido de uranio”.
Desde el Observatorio de la Energía, la Tecnología y la Infraestructura para el Desarrollo (Oetec) repudiaron enérgicamente la clausura de la planta cordobesa por parte de funcionarios municipales de esa ciudad argumentando que podría poner en jaque todo el plan nuclear argentino. “El cierre de Dioxitek atenta contra el desarrollo autónomo y soberano de nuestras capacidades científicas y tecnológicas en el campo nuclear. Esta desafortunada e irresponsable decisión de funcionarios públicos cordobeses les producirá un grave daño económico a todos los argentinos” enfatiza el comunicado del organismo.
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